El Comunista

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Salvador Allende y la experiencia política en Chile

Oskar Ofir Rodríguez Brito :: 19.09.20

Las enseñanzas que la experiencia del gobierno de Salvador Allende deja para la nueva generación de revolucionarios son, entre otras, confirmar la imposibilidad de generar un cambio profundo, radical y democrático mediante la vía legal y pacífica, y más usando al propio Estado burgués

Con motivo del nefasto aniversario del golpe militar en Chile de Augusto Pinochet respaldado por la burguesía chilena y facciones golpistas dentro de la milicia, es preciso que los camaradas no dejemos en el olvido lo que significó el intento de construir el comunismo por la vía pacífica.

Hablar de Salvador Allende en la época tan convulsa en la que vivimos actualmente, en un entorno de pandemia, con crisis económicas que son más frecuentes y cada vez más agudas, con una gran precariedad laboral cada día más evidente y con conflictos sociales en todo el mundo, es muy útil y provechoso, además de interesante, puesto que si contrastamos las condiciones que llevaron al primer presidente Marxista al puesto de jefe de Estado nos podemos dar cuenta de que son muy similares con las del presente, así como las exigencias de aquellas masas obrera y populares, que así como en nuestros días, se encontraban en la más cruda explotación laboral e incertidumbre social.

Analizar la gestión de Allende durante sus años de gobierno exigen a quienes dan una mirada a su proyecto entender la teoría marxista-leninista. El presidente Allende era un socialista de corazón, sin embargo su concepción política tenía limitaciones basadas en la falta de claridad teórica, por ejemplo en concebir la esencia clasista del Estado, lo que le llevó a postular la vía pacífica al socialismo. Generar un cambio económico mediante el uso del mismo aparato estatal le costó, a cambio de intentar un movimiento democrático y pacífico, el bien más preciado que posee cualquier ser, la vida.

Las enseñanzas que la experiencia del gobierno de Salvador Allende deja para la nueva generación de revolucionarios son, entre otras, confirman la imposibilidad de generar un cambio profundo, radical y democrático mediante la vía legal y pacífica, y más usando al propio Estado burgués para generar ese cambio. Allende nos demostró no solamente la validez de que el Estado hará lo que sea para proteger los intereses de la clase burguesa, sino que de igual forma valida la teoría y práctica de Lenin (el primer dirigente de la URSS), el cual afirmaba que el Estado no puede ser cambiado gradualmente, mediante reformas ni con el uso de los instrumentos legales, sino que ese Estado debe ser destruido desde sus cimientos, puesto que las fuerzas reaccionarias que se benefician día con día de la explotación de la fuerza de trabajo ajena siempre estarán listas para combatir a la revolución.

Una revolución socialista que plantee el cambio de sistema económico como lo fue la revolución francesa, demanda que quienes la ejecuten sean las clases trabajadoras y sean ellas, como sujetos de la revolución, las que protejan el legado que se transmitirá a una sociedad libre de los vicios del capitalismo.

El aprendizaje más importante que nos deja Allende a los que planteamos dejar un legado social, un cambio que gire en dirección al comunismo, es tener vigente en nuestra labor la máxima de Lenin, “la única garantía posible para que exista democracia es un fúsil en el hombro de cada trabajador”.

 


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