Ser joven en el campo de batalla del narcotráfico

29.Sep.19    Noticias nacionales
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La juventud en tierra de nadie sigue siendo azolada por la violencia desmesurada del conflicto que ya cumple 13 años.


Durante los últimos 13 años en México la violencia generada por la llamada “guerra contra el narco” iniciada por el gobierno panista de Felipe Calderón, ha dejado un saldo similar al número de víctimas por conflicto que azota a Siria desde el 2011.

En México no es sorpresa despertar con noticias de brutales asesinatos y masacres en cada lugar y rincón del país, los medios de comunicación y el Estado se remiten a hablar de las víctimas como meros números, que forman parte de las estadísticas de las víctimas de dicho conflicto, sin embargo, poco se habla de quienes son las víctimas del conflicto más sanguinario en la historia de nuestro país, para esto es necesario derrumbar falsas suposiciones, comenzando que en dicho conflicto no son víctimas en abstracto “los mexicanos”, los hijos de la clase obrera y de las demás capas proletarias son los que mueren día a día en los distintos bandos, sea el del Estado (fuerzas armadas) o de las distintas facciones del crimen organizado.

Otra suposición más por derrumbar son las posibles causas que empujan a miles de jóvenes a sumarse a las filas de los ejércitos del narcotráfico, ya que es una constante que los medios de comunicación y el propio Estado, aseguren que fue una elección de dichos jóvenes, como si la pobreza extrema, la precarización, el abandono a la juventud, la drogadicción y la violencia, fuesen una elección de las millones de familias azoladas por dichas condiciones originadas por el capitalismo.

La vida de un joven en los territorios azolados por la guerra entre los carteles de la droga y el Estado está sumamente alejada del supuesto bienestar que tanto pregonan los políticos e instituciones burguesas, según propias estadísticas de la SEP en los estados de Tamaulipas, Nuevo León, Sinaloa, Jalisco, Michoacán y Guerrero la deserción escolar de jóvenes de entre 15 y 17 años ha aumentado considerablemente desde el inicio del conflicto, esto a su vez coincide con los datos sobre la edad promedio de jóvenes que nutren las filas de los ejércitos del narcotráfico, que coinciden que la edad promedio de un “sicario” en México es de 17-19 años, a su vez, el 55% de los desaparecidos en México desde el 2009 son jóvenes entre 15 y 29 años.

Mientras tanto las estadísticas más recientes sobre el consumo de drogas y mayores casos de drogadicción igualmente prevalecen en las entidades mencionadas. Igualmente se ha retrocedido fatalmente en la edad inicial de consumo y acceso a las drogas, siendo la marihuana, inhalantes y cocaína las drogas que encabezan las listas del consumo temprano desde los 12-14 años de edad.

Ante esto distintas organizaciones sociales y juveniles se han movilizado a lo largo de estos 13 años de “guerra contra el narco” en busca de soluciones que protejan a los jóvenes de dicho conflicto, mientras que el Estado y lo monopolios mexicanos han planteado como solución el crear nuevos empleos, sin embargo, cabe analizar el caso específico de Sinaloa que desde el año 2016 se ha mantenido último en la lista de los Estados con mejores salarios, es decir; a la juventud vulnerable se le ofrece a cambio de la guerra y miseria, “paz” y más miseria.

Mucho se habló de una supuesta transformación desde las bases del sistema sociopolítico mexicano con la llegada de Morena al poder, puesto que el ahora presidente, Andrés Manuel López Obrador, durante sus años de campaña y agitación hablaba que en caso de ganar las elecciones presidenciales iba a “terminar” con el conflicto de manera inmediata, pero una vez en el poder la retórica de Morena y del presidente cambiaron radicalmente.

Ahora ya no hablan de paz y conciliación. Desde inicios de año, AMLO hizo un llamado a los jóvenes, con la invitación de integrarse a la Guardia Nacional para pacificar (guerrear) los territorios controlados por el narcotráfico, sin embargo, el enemigo común cambio de la noche a la mañana, pues ya no se trata de combatir a las facciones del crimen organizado, se ha tratado de una campaña anti inmigrante y contra los pueblos organizados.

Mientras tanto la juventud en tierra de nadie sigue siendo azolada por la violencia desmesurada del conflicto que ya cumple 13 años, del que no se ve su final, pues los gobiernos federales y locales siguen gestionando para uno u otro cártel.