Por una ciencia de paz y creación

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En el país soviético cada muchacho, cada muchacha de la fábrica o del campo, si tiene capacidad, si es tenaz y ama los conocimientos, puede llegar a ser científico.


En nuestro tiempo la ciencia ha adquirido excepcional importancia, para toda la humanidad. Penetra en todas las esferas de la vida y de la actividad de los hombres. Su potencia ha crecido en proporciones nunca vistas. Los éxitos alcanzados en nuestros días por las ciencias naturales, son exponente de las ilimitadas posibilidades del cerebro humano, su capacidad para resolver cualquier tarea que afronte.

Pero la ciencia es un arma de dos filos y, si está al servicio de un puñado de gentes egoístas, poseídas del afán de lucro y de poder, esto conduce a resultados espantosos, funestos. Solamente en el caso de que la ciencia pertenezca a todo el pueblo, puede lograr felizmente su objetivo fundamental: servir a la felicidad y al bien de los seres humanos. Por eso el carácter democrático de la ciencia, es la única garantía contra su empleo con fines destructivos, ya que millones de hombres sencillos de todos los países, no quieren la guerra.

Una peculiaridad distintiva de la ciencia de la Unión Soviética, es precisamente su excepcional carácter democrático. La ciencia soviética, según palabras de J.V. Stalin, no se aísla del pueblo, no se mantiene alejada de él, sino que está dispuesta a servirlo.

La polifacética labor del propio Stalin, corifeo de la ciencia de vanguardia, es un brillante ejemplo de servicio al pueblo, a la causa del comunismo. Stalin fue un genio de la ciencia del desarrollo de la sociedad humana: el marxismo-leninismo. Sus trabajos clásicos han ejercido una inmensa influencia, sobre el pensamiento científico y contemporáneo, son y serán siempre modelo de creación científica para los hombres de ciencia soviéticos y de todos los países.

Bajo su dirección se desarrolló y fortaleció toda la ciencia de la URSS: la biología, la fisiología, la física, la lingüística y otras ramas de la ciencia, se desarrollaron.

El trabajo de J.V. Stalin Problemas Económicos del Socialismo en la URSS, tiene extraordinaria importancia teórica y práctica. Ahí se investigan a fondo y en sus diversos aspectos, las leyes económicas del socialismo, se trazan las vías concretas para la transición del socialismo al comunismo.

El estado soviético encabezado por Vladimir I. Lenin y Stalin, desde los primeros días de su existencia, planteó a la ciencia la tarea de servir los intereses del pueblo y emprendió la democratización de la ciencia, la incorporación consciente y planificada, de las más vastas masas trabajadoras a la creación científica.

La mayoría de nuestros hombres de ciencia jóvenes, proceden del pueblo. En el país soviético cada muchacho, cada muchacha de la fábrica o del campo, si tiene capacidad, si es tenaz y ama los conocimientos, puede llegar a ser científico. Para ello han sido creadas todas las condiciones. A esto se debe precisamente que en la URSS se aumente con rapidez los cuadros de trabajadores de la ciencia, y aumente sin cesar el número de Institutos de investigación, de centros de enseñanza superior, de laboratorios especiales y de estaciones y campos experimentales. He aquí algunas cifras: el número de institutos, de laboratorios y de otros centros de investigación, ha pasado en la URSS de 1,560 en 1939 a 2,900 a comienzos de 1952. En ese periodo el número de trabajadores científicos casi se duplicó. Tan sólo en 1952, más de 27 mil personas hacían estudios de postgraduado, en los centros de enseñanza superior y en las instituciones científicas.
En 1952, en los centros de enseñanza superior (incluidos los estudios libres), cursaban 1 millón 442 mil estudiantes, o sea 85 mil más que en 1951.

Pero lo más importante y característico de la ciencia soviética, es que en la creación científica no solo participan directamente los que se han consagrado por entero a una labor de esta naturaleza. La ciencia soviética ha salido de las academias y universidades para adentrarse en las fábricas y los campos koljosianos; ha dejado de ser privilegio de unos cuantos elegidos y se ha convertido en patrimonio de los prácticos de la producción. Millares y millares de trabajadores socialistas de la industria y de la agricultura, en colaboración con los científicos, resuelven complejas tareas prácticas y teóricas.

Esto puede ilustrarse con infinidad de ejemplos, pero me detendré en uno. La sequía era el enemigo secular de varias regiones de Rusia, especialmente del sudeste de su parte europea. Había años en que agotaba los sembrados, y las malas cosechas descargaban como una terrible calamidad sobre grandes territorios, causando incalculables penalidades a la población. Los sabios rusos: Dokucháiev, Kóstichev y Williams, insignes agrólogos y agrónomos, sentaron en sus obras los fundamentos de la lucha racional contra este azote. Más únicamente bajo el régimen soviético el trabajo largo, perseverante y concorde de varios centros científicos, halló plasmación real, en proporciones nunca vistas. Por iniciativa de Stalin, el gobierno soviético presentó un plan concreto de grandiosas medidas, para liquidar radicalmente la sequía.

Este plan stalinista de transformación de la naturaleza, a la par con la construcción de diques, centrales hidroeléctricas y los canales para la pradización y riego del Volga, del Dniéper, del Don y del Amú-Daria, prevé la plantación de franjas forestales protectoras con una superficie equivalente a la de Francia, Gran Bretaña, Italia, Bélgica y Holanda juntas. Estas franjas cerraran el paso a los vientos secos procedentes del continente asiático, harán más benigno y húmedo el clima del territorio mencionado, y la vida del hombre incomparablemente más cómoda, fácil, bella y rica. Unas cifras permitirán hacerse a la idea de la magnitud de esta empresa.

Si alineásemos las franjas forestales que se plantan en la URSS, de manera que formasen una cinta continua de 30 metros de ancho, daría la vuelta al mundo por el ecuador más de 50 veces.

Los biólogos soviéticos acometieron con entusiasmo, la realización del plan stalinista de plantaciones forestales protectoras. La academia de Ciencias de la URSS, la Universidad de Moscú y numerosas instituciones forestales y agronómicas, organizaron una expedición mixta en la que figuraban nutridos destacamentos de los agrólogos, bonificadores, botánicos, silvicultores, zoólogos y agrónomos. Pero los científicos y especialistas no podían solucionar ellos solos, en el plazo necesario, las grandiosas tareas planteadas. Téngase en cuenta que el territorio donde se efectúan las plantaciones forestales es de lo más variado por sus características del terreno y las climáticas. Allá hay zonas estepario-forestales, estepas, tierras salitrosas, semidesérticas y desérticas, en las que no crecía ni un arbolillo.

La plantación o la siembra de los árboles, tenía que hacerse con métodos adaptados a las condiciones de la región dada. Tan solo la investigación de esas condiciones, hubiera exigido de los científicos muchísimos años.

No obstante, el plan está ya en vías de realización. En las inabarcables extensiones del país soviético, verdean ya las jóvenes franjas forestales protectoras. Esto ha sido posible, por que en ayuda de los científicos acudieron decenas y centenas de millares de pobladores, quienes conocían bien su comarca y aportaban con acierto sus experiencias a la obra común. Gracias a su labor, a su trabajo de investigación, han sido creados métodos que permiten cultivar árboles, en lugares donde a veces el clima es muy duro y desfavorable. Además, el trabajo de los silvicultores prácticos, ha enriquecido la ciencia con datos teóricos de mucha consideración; ha obligado a revisar de nuevo muchas tesis biológicas fundamentales, como por ejemplo la de las asociaciones vegetales, el problema llamado de la lucha intraespecífica, etc.

El carácter ampliamente democrático de la ciencia soviética, excluye por sí mismo toda posibilidad de emplearla con fines destructivos, agresivos. Abona esto otra peculiaridad de nuestra ciencia: su absoluta claridad desde el punto de vista de la concepción filosófica, cimiento indispensable de toda investigación.

Sostenemos entre nosotros las más variadas y a veces agudas discusiones, sobre distintos problemas de las ciencias naturales. Pero en los problemas de la concepción del mundo, estamos plenamente de acuerdo y firmemente convencidos, de que solo las concepciones materialistas pueden llevar la ciencia por el camino justo. La concepción del mundo de los científicos soviéticos, es el materialismo dialéctico. Estamos persuadidos de la realidad objetiva del mundo y de su desarrollo incesante y progresivo. Por eso rechazamos con toda decisión, con toda la pasión que nos es propia, la concepción de los mendelianos y morganistas, que presentan la vida como algo estancado inmóvil.

Rechazamos enérgicamente el maltusianismo y el neomaltusianismo, la teoría de la fertilidad decreciente y demás fábulas semejantes, cuyo objetivo es demostrar al hombre sencillo, que no debe confiar en un mejoramiento de su situación material: que su salvación está en la limitación de la natalidad y otras sombrías necedades por el estilo: que en la tierra hay demasiadas bocas hambrientas y que, para que uno viva bien, es indispensable cerrar para siempre estas bocas mediante el exterminio en masa de seres humanos.

Nosotros, por el contrario estamos firmemente convencidos de que para cada persona no solo se encontrará sitio bajo el sol; que con una acertada organización de la vida, se pueden muy bien crear las condiciones materiales necesarias para que se disfrute de la existencia, desarrollándose en forma plena tanto física como espiritualmente.

No vemos límites a las posibilidades de que disponen la ciencia y el trabajo, para crear una abundancia cada vez mayor. La naturaleza viva encierra tales posibilidades que, si se utilizan con acierto, podrían satisfacer las necesidades de toda la población de la tierra, incluso en el caso de que su número creciese inconmensurablemente. El genio humano está descubriendo y creando fuentes de nuevos y nuevos recursos inagotables, de sustancias y de energía. No está lejano el momento en que el mismo proceso de la fotosíntesis, de la síntesis de almidón, del azúcar y de la albúmina, dejará de ser monopolio de las plantas verdes y será realizado directamente por el hombre en la escala que necesite. Nosotros negamos categóricamente que se puedan trasladar de modo mecánico, las leyes biológicas de lucha por la existencia a las relaciones humanas sociales. Para nosotros la fórmula el hombre es el lobo del hombre, es inaceptable por principio, por que creemos en la amistad y fraternidad de todos los seres humanos. Por eso, el monstruoso y anticientífico racismo, que pugna por demostrar el diferente valor de los distintos pueblos, la división de la humanidad en: la raza de los señores y la raza de los esclavos, siempre ha encontrado y sigue encontrando enemigos irreductibles en los científicos soviéticos.

Puede estarse o no de acuerdo con nosotros: puede discutirse con nosotros, y lo aceptamos de buena gana, porque de la discusión sale la luz. Pero ni una sola persona honesta podrá encontrar en los principios proclamados por nosotros, ni rastro de nada que pueda servir de base teórica para el odio al género humano o para la expansión guerrera. Nosotros amamos apasionadamente a nuestra patria y estamos dispuestos a defenderla de cualquier ataque; pero al mismo tiempo profesamos una honda estimación a todos los demás pueblos del mundo. La ausencia de limitación nacional, de estrecho nacionalismo, siempre ha sido un rasgo distintivo de la ciencia soviética.

Nuestro país marcha en las primeras filas de los luchadores de la paz. La Unión Soviética es el bastión de la paz, la democracia y el socialismo. Esto emana de la naturaleza misma de nuestro Estado y lo confirma toda su historia.
Los científicos soviéticos estamos unidos en el afán de luchar por la causa de la paz, contra los incendiarios de la guerra. Sabemos que la guerra no es inevitable y llamamos a los científicos de vanguardia de todos los países, a hacer todos los esfuerzos para crear una plena comprensión y colaboración entre los pueblos. Los pueblos del mundo ansían la paz. Unamos nuestras capacidades, utilicemos toda la potencia de la ciencia, para levantar un valladar infranqueable en el camino de los incendiarios de una nueva guerra mundial.

Texto recuperado de: Revista Cultura Soviética, no. 118 octubre- noviembre 1954. pp. 10-13