Rodrigo Moya: la mirada social de un hombre de izquierda

Ángel Chávez Mancilla
08.Sep.19 :: Cultura

Todo el que tenga la mirada puesta en la situación social del presente y decida actuar responsablemente no puede sino girar al comunismo.



Rumbo al centenario del Partido Comunista de México (PCM) se vuelve imprescindible la reflexión de la importancia de los comunistas en la vida política del país y ésta no está exenta de la cultura, en donde han sido muchos los aportes de los comunistas. Los más conocidos son los muralistas como Frida Kahlo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Orozco, Mario Orozco Rivera, entre otros; luego destacan algunos de los escritores como José Revueltas, Efraín Huerta o Juan de la Cabada.

Sin embargo, en esta ocasión hablaremos del fotógrafo Rodrigo Moya, quien que ha hecho una gran aportación a la fotografía documental. Una muestra de su producción se encuentra exhibida en el Centro de la Imagen ubicado en la Plaza Ciudadela del Centro histórico (a un costado del metro Balderas) en la exposición “Rodrigo Moya MÉXICO / Periferias”; que alberga tres conjuntos de fotografías agrupados por los siguientes encabezados “Ciudad/periferia”, “Campo” y “Conmoción social”. En esta exposición se captura de forma clara la calidad humana de Rodrigo Moya, se han seleccionado fotografías que delatan su posición política, pero sobre todo aquella que dejan testimonio de la situación de desigualdad social que vivía el México de la década de 1950.

En “Ciudad/periferia” se agrupan fotografías que demuestran que el crecimiento económico de una nación nunca beneficia por igual a la población, pues mientras la minoría de empresarios se enriquece, la mayor parte de los trabajadores siguen sometidos condiciones de miseria, y pauperismo. De esta forma, la imagen inicial de la exposición, una fotografía de los edificios de la zona habitacional de Tlatelolco, ejemplo del avance económico durante el llamado “milagro mexicano”, contrasta con las fotografías de la periferia de la ciudad, donde el paisaje con las viviendas proletarias donde viven familias hacinadas, donde la pobreza es el pincel que traza todas las siluetas humanas (niños jugando entre basura, vendedores ambulantes, obreros rumbo al trabajo, mujeres con múltiples hijos, etcétera).

Las fotografías de Moya son documentos del pasado pero también elementos de continuidad, pues al contrastarlas con las imágenes en las periferias actuales, se hace evidente que la situación para millones de trabajadores no ha cambiado. Cuanta falta hace un Rodrigo Moya que con la sensibilidad humana y comprometida con el presente retrate aquello que le conmueve pero que no se quede en el sentimentalismo del pequeño burgués, sino que hace de las fotos una denuncia, un llamado a trasformar la realidad e impedir que pasen otros 50 años de periferias de miseria y pauperismo. Cuanta falta hace que se denuncie el hacinamiento, la marginalidad, la violencia contra las mujeres y demás males derivados de la situación de miseria en las zonas de Ecatepec, Nezahualcóyotl, Naucalpan, Atizapán, etcétera. Poco han cambiado los barrios de la clase obrera, pues aunque mucho se habla de que en México existen más de 55 millones de pobres, poco se retrata y denuncia las condiciones en que viven.

Rodrigo Moya capturó la realidad social inmersa en las contradicciones propias del capitalismo. Su obra tiene la gran habilidad de conmover y denunciar en cada foto, es digna de acompañar un estudio que, siguiendo a Engels, trate la situación de la clase obrera en México.

En “Campo” se recuperan fotografías que aparecieron en revistas como parte de lo que Moya denomina “ensayos fotográficos” en que una serie de fotografías dedicadas a una zona y a un actor colectivo (campesinos). En estas imágenes también se delata la crítica social que ejerce con agudeza, en donde tal vez la fotografía que mejor retrata esta situación sea aquella en que muestra las manos de un campesino, que por sí misma muestra la otra cara de la producción: a los trabajadores con manos atrofiadas y deformadas por el excesivo trabajo diario al que los someten los grandes terratenientes, las grandes empresas agrícolas.

Por si fuera poco, la curadora de la exposición sumó la frase, entendemos que dicha por el mismo Rodrigo Moya, en la que se menciona que para ese campesino y otros como él la vida no tiene nada de bella.

Pensemos en la situación retratada en el conjunto “Campo” de la exposición, y luego miremos al presente. Seguro concluiremos que no es distinta la actual realidad en el Valle de San quintín, la de los cañeros y los coqueros en otras zonas del país. La miseria sigue existiendo, la explotación no ha desparecido. Nuevamente podemos afirmar ¡cuánta falta hace la mirada humana y política de Rodrigo Moya! Un ensayo fotográfico de la realidad de San Quintín, de los obreros agrícolas que viven en condiciones de miseria, cuya vida es trabajar, descansar, y volver a trabajar.

Pero la denuncia social, a pesar de ser una acción de protesta, no es suficiente cuando las expectativas son transformar la realidad de raíz y no sólo reformarla, por esto se agradece a la curadora que junto a la situación de los obreros y los campesinos se situé la “Conmoción social”. La historia avanza por medio de contradicciones, y la lucha de clases donde normalmente la violencia es contra los desposeídos (los miles que mueren de hambre, de enfermedades curables, por la violencia y descomposición social) también muestra su otra cara, la de la violencia proletaria, el intento de cambiar el viejo orden social por uno nuevo.

La insumisión de los trabajadores a finales de la década de 1950 es otro de los fenómenos sociales retratados por Rodrigo Moya. La lucha de los ferrocarrileros, de los maestros con Otón Salazar al frente, de los estudiantes, de las marchas de apoyo a la revolución cubana, las marchas de apoyo a los comunistas en Vietnam, entre otras. Estas imágenes más que despertar nostalgia nos recuerdan que la lucha, cuando es por un cambio verdadero, siempre enfrentará la violencia del Estado, pero este recordatorio no debe inhibir sino estimular la preparación para las luchas venideras. Ante la conmoción social, la cámara de Rodrigo Moya no toma la posición neutral o timorata del pequeño burgués, menos la mirada sentenciadora del Estado y del enemigo de clase que condena a la violencia en general.

Las fotografías recuperadas en esta exposición muestran una parte de lo que retrató Moya, anunciando que el archivo de Rodrigo es una mina de oro de gran utilidad para el estudio de la insumisión obrera de los años 50’s.

Rodrigo Moya también tiene otras fotografías, no de denuncia social sino en las que retrata a los forjadores del mañana justo, fotografías de aquellos que decidieran asaltar el cielo para intentar bajarlo a latiera instaurando el socialismo. A Moya el debemos fotografías de Ernesto Guevara “El Che”, de la lucha armada en Coahuila, de la guerrilla centroamericana y de personajes comunistas del México de los años 50’s y 60’s.

Que Rodrigo Moya es comunista, no es un invento, es la declaración del fotógrafo mismo. Es verdad que la mirada de Rodrigo en los 50’s no era aún la de un militante del PCM, pero la sensibilidad con que captaba imágenes conmovedoras está impregnada del instinto de clase que le llevó a ingresar al PCM en 1961. No podía ser de otra manera, todo aquel que tenga la mirada puesta en la situación social del presente y decida actuar responsablemente y tomar partido antes que encerrarse en el hedonismo, no puede sino girar al comunismo.

Les reiteramos la invitación para para que visiten la exposición “Rodrigo Moya MÉXICO / Periferias”, disponible hasta el 15 de septiembre.

Las fotos fueron tomadas de la página del Centro de la Imagen

https://centrodelaimagen.cultura.gob.mx/exposiciones/2019/rodrigo-moya.html
https://issuu.com/c_imagen/docs/ci_003_cuadernilllos_rodrigomoya_we