La infame celebración del 3 de septiembre

Alfredo Valles
06.Sep.19 :: Opinión

La 4T, una orgia de adoctrinamiento, falsificación y transformación de la historia del primer PCM



Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y
personajes de la historia universal aparecen, como si
dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez
como tragedia y la otra como farsa.

Carlos Marx, El Dieciocho brumario de Luis Bonaparte.

Esta sentencia histórica sobre el moderno mundo burgués está tallada sobre el austero grafito mortuorio de la 4ta Transformación y su Bonaparte, Andrés Manuel López Obrador. Le definen en lo general, y con exactitud deslumbrante dibuja por igual sus episodios más vivos, como lo sucedido este martes 3 de septiembre de 2019: Centenario de la fundación del Partido Comunista Mexicano, Mesa Redonda celebrada en El Colegio Nacional (Colnal) ubicado en la calle de la memoria, Donceles.

A las 8 de la mañana del martes 3, Enrique Semo ya era Tendencia en Twitter, lo cual anunciaba que estábamos ante un acontecimiento del entretenimiento y la educación del mainstream. Al pacífico festín fueron convocados Diego Valadés, Luciano Concheiro, María Marván, Anna Ribera Carbó, Enrique Semo, Daniela Spenser y Paco Ignacio Taibo II, más las sutilezas liberales de sus condecoraciones académicas de guerra, el demogorgón del eurocomunismo y el desollamentes del anticomunismo.

Para moderar, Diego Valadés. Doctor en Derecho, ajeno a su padre más allá del parentesco: el comunista José C. Valadés, pues su identidad es la de un soldado pleno de los monopolios. Como en marzo de 1994, fue convocado en su papel de celoso y taimado policía salinista para resguardar la Mesa Redonda, imponer el orden a la audiencia de ser necesario y hacer cumplir la ley de la asamblea obradorista a modo, en su versión virtual: “preguntas escritas, se contestan por correo”… y nada más.

Luciano Concheiro, ese Subsecretario de Educación actual y de quien no se dijo al público tal carácter oficial y oficioso de este empleado de la 4ta. Transformación e impositor de la nueva reforma educativa, inició la obra de rematar al Partido Comunista Mexicano que ayudó a liquidar en su XX Congreso de 1981. Para él la conmemoración es en el marco de la 4ta. Transformación (¡Y gracias a ella, faltaba más, faltaba menos!), la lucha contra el neoliberalismo y su idea del Pensamiento Único.

Para Concheiro, el comunismo es lo que dicte la demagogia de la 4ta. T, el gobierno de los monopolios: ir más allá de la lucha contra el neoliberalismo, contra el capitalismo patriarcal y ecocida. ¿En qué se distingue esto del capitalismo democrático progresista de Denise Dresser? En las palabras. Afirmó que los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos, integrantes de la FECSM, contribuyeron a la “gran transformación del 1 de julio”.

Empieza a enumerar los logros culturales del PCM: la reforma agraria. Y concluye, para reactualizar la versión oficial del Partido Comunista: fue de origen mexicano, gracias a la revolución mexicana. En medio de mofas a la Internacional Comunista, dio su primera sentencia, asumía las tradiciones de su país; dio la segunda sentencia, sus fuentes son el anticolonialismo, el pacificismo de los Slackers norteamericanos y el anarquismo; dicta la tercera, “se tiene que ser comunista si se quiere transformar a México”; para inmediatamente gritar la cuarta, sin hacerlo: ser comunista, pero únicamente como la 4ta. T ordena serlo. Al modo de Juárez, al modo de Cárdenas.

Siguió en la matutina alternativa el Dr. Enrique Semo, también viejo liquidador. Para ejercer su papel de canalla primero se regodeó en la pulcritud de la historiografía. Embelesado con su relato, disparo su primer dardo. A su decir, el PCM no siguió porque desapareció al transformarse (SIC), mostrando su manejo de Einstein. No comentó que en tal transformación eurocomunista para concluir la obra reaccionaria de postrarlo por completo ante el Estado y a la burguesía nacional, él y otros tuvieron destacada participación. Luego, confirmó que para él y sus colegas el viejo PCM era una epopeya cultural, la revolución socialista un episodio del liberalismo burgués, continuidad de la revolución francesa al pugnar por la igualdad y la fraternidad mundial. Y aportó sus propias sentencias: a) el socialismo en la URSS no llegó a construir el socialismo, sino apenas el modo de producción soviético (SIC); b) aunque no existió socialismo, al menos sí definió un imaginario de la esperanza; c) el socialismo vivo y creador, que no era socialismo, sólo fue tal en su versión de creación y obra de las propias masas, nunca esa otra versión de decretos bolcheviques y automatismo burocrático. Este comunismo liberal y legal-policiaco de Enrique Semo, que celebra la destrucción del comunismo, se enseña para desvirtuar y educar, para obstruir el descubrimiento de que hoy en día existe un verdadero Partido Comunista de México, cuya misión cultural está muy por encima de la de estos despojos azuzados por AMLO y su partido de unidad nacional burguesa, pues reivindica con rigor y franqueza las experiencias concretas del socialismo en el mundo. Prueba de ello, su actual Programa.

Anna Ribera Carbó, joven académica entre los muertos honorables, citó a su conveniencia las cartas de Sen Katayama a la Internacional Comunista. Omitió, como era de esperarse, aquellas que desmantelan su versión liberal acerca de la fundación del PCM y reivindican el rol de la Internacional Comunista en la paciente y verdadera construcción del Partido en 1921. Para ella, el socialismo sólo puede ser su socialismo a la mexicana, el socialismo vulgar de los constituyentes de izquierda de 1917 o la misma democracia burguesa como un casi socialismo (nuevo producto capitalista de la academia). ¿Los logros del socialismo en México? Ni siquiera son de los comunistas para ella, sino de los comunistas de la historia escrita por Ribera Carbó: los liberales de 1917-1940. ¿Cuáles logros? Expropiación por utilidad pública, límites legales a la propiedad, nacionalización de la tierra y el reconocimiento de papel de los derechos proletarios. Los socialistas de Carbó son los del viejo PRI del desarrollo estabilizador, los del dicho de todo en el marco de la Constitución de 1917, nada fuera de ella. Y con esto, uno de tantos guiños coquetos al Bonaparte Obrador. Su calumnia se ufana de documentación: en México el más exitoso de los Partidos Socialistas fue el Partido Socialista del Sureste, de Felipe Carrillo Puerto. Concluye su parte del sermón maratónico: un socialista auténtico es el que busca las bases nacionales para lograr la emancipación del proletariado y el anarquismo, mayor influencia que el comunismo en México.

Daniela Spencer pareció celebrar con pudor que el eurocomunismo, según sus palabras, convirtiera al Partido Comunista Mexicano en un socio aceptable para el Estado. Repitió una y otra vez que diversas posiciones del PCM y de la IC eran ajenas a la realidad nacional. Omitió, para justificar su tesis oportunista, los grandes periodos de represión y violencia contra el Partido Comunista, como entre 1929-1934 y la década de 1950, etc. Y ratificó: los comunistas mexicanos, más nacionalistas que revolucionarios bolcheviques. Su mérito, ser aliados en la construcción del Estado en México. A sus dichos, sólo cuando se apartaron de este camino fueron combatidos por tal Estado.

Esta orgia de adoctrinamiento, falsificación y transformación de la historia del primer PCM en una mascota completamente adiestrada para los fines actuales de los monopolios, su nuevo partido único y su nuevo gran legislador, tuvo su corolario con María Marván. Eufórica en la fiesta privada que, como la mañanera, no admite réplica, Marván escupió: la transición de un régimen autoritario a un régimen democrático ocurrió en el sexenio de José López Portillo, el 6 de diciembre de 1977 –fecha de la reforma electoral–, la cual debería ser fecha de celebración y asueto.

Continuó. El Gobierno de López Portillo –y con esto estos intelectuales redondean la necesidad de poner al pasado a tono con las necesidades del presente de dominación de la burguesía– adaptó el sistema político mexicano. Renunció, como planteó otro tótem de AMLO, Jesús Reyes Heroles, a los medios violentos, trastocadores del derecho, para garantizar en su lugar la presencia de las minorías electorales y abrió, no lo dijo pero así se dio a entender, un único (y nuevo) periodo en la historia nacional, el que va de 1979 a 2019, ¡el periodo de 40 años de un México Plural, Incluyente y Democrático! (¡La solución somos todos!, ¡Viva JOLOPO!). Concluyó, igual de excitada que como inició: debería establecerse a propósito una celebración de Estado. Y lo fue esta Mesa Redonda, patrocinada por la 4TA. Transformación. La celebración de 40 años de Democracia Burguesa.

Es posible reconocer en estos cantares de serpientes, los mitos más apreciados de la 4ta, el obradorismo y el actual Poder de los Monopolios. Los escribanos del régimen arriba mencionados fueron pródigos en este propósito: adoctrinar con amenidad, y con glotonería. Los ejemplos van y vienen: el comunalismo en México, sembrado a Flores Magón, para reivindicar los elogios de AMLO a las ventajas burguesas de los gobiernos de usos y costumbres y la tradiciones maoístas inoculadas en los sectores populares; las masas que crean es sinónimo de socialismo, traducción académica de la engañifa del lema obradorista del pueblo sabio; los socialistas liberales de Carbó, precursores de la gesta de AMLO: el apostolado liberal de respetar la miseria de los demás y poner coto al enriquecimiento del capital; Socialismo igual a conciliar las diferencias entre clases o, como escribiera Francisco J. Múgica, para sustituir la dirección capitalista se requiere gradualidad, y asegurar el control del Estado sobre las principales ramas de la producción, combinadas con sectores de la IP.

Así concluyó el primer episodio de esta celebración infame, servil e ignominiosa. Eco al tono del servilismo del obradorismo y los monopolios que representa al gobierno norteamericano y sus amos de la industria y las finanzas. Edulcorada continuidad de los cuestionamientos del embajador norteamericano a Frida Kahlo. En fin, una celebración de Estado para beneficio exclusivo de los explotadores. Una celebración del lujo y el ultraje burgués, con la autoridad de sí misma a través de sus instituciones decadentes: la UNAM, el Colegio Nacional, etc. Una celebración infame para enaltecer la traición y la dominación, para atrancar con miedo y apuro la puerta del porvenir a la insumisión, a la verdadera transformación y al socialismo-comunismo, militante colectivo marxista-leninista. Harto y satisfecho por su nueva obra de Estado, Diego Valadés exclamó: “fue una noche memorable”.