Creando riqueza y bienestar

Ricardo Mendoza

Crear riqueza respetando libertades suena muy bien, salvo cuando nos remitimos a las bases ideológicas del capitalismo.



La pobreza siempre ha existido. Es un estado “natural” en el que nacen los hombres.” Así empieza la defensa que el presidente del Tecnológico de Monterrey, Salvador Alva, hace del sistema de explotación en que viven millones de seres humanos.

Prácticamente no hay línea que no sea rebatible. Para empezar ese “estado natural de pobreza” en el que los seres humanos nacían antes que las primeras formas de gobierno los sometieran, no es sino una vida sencilla sin explotación en la que el hombre aún ejerce con libertad el trabajo y el ocio como lo expone Paul Lafargue en El Derecho a la Pereza: “Trabajad, trabajad, proletarios, para aumentar la riqueza social y vuestras miserias individuales, trabajad, trabajad, para que volviéndoos más pobres más pobres tengáis más razones para trabajar y ser miserables. Tal es la ley inexorable de la producción capitalista”.

Una vida rural, sencilla en la que se produce lo justo para la alimentación básica sin sobreproducción no necesariamente es sinónimo de pobreza. Sin necesidad de remitirse a ejemplos anteriores al año 1500 de nuestra era podemos ilustrar casos recientes de como esa supuesta “pobreza” es reducida a miseria por el progreso capitalista.

Los mal llamados países del tercer mundo calificados como pobres al tener una economía basada en la autoalimentación siguieron la receta del Fondo Monetario Internacional dejando de lado las cosechas de alimentos tradicionales en pos del monocultivo, produciendo por una parte la concentración de riqueza en manos de monopolios locales e internacionales y por el otro el agotamiento de los suelos de cultivo, la deforestación en pos de nuevos terrenos cultivables, y finalmente el hambre ante la imposibilidad de proveerse de la importación de alimentos.

En los países que formaron parte del bloque socialista la regresión hacia el capitalismo acabo con la seguridad laboral de millones de trabajadores acompañados de otros tantos millones de agricultores empobrecidos. Los nuevos Estados se vieron obligados a retirarse del manejo de áreas fundamentales inmediatamente privatizadas.

Al considerar que el gran avance en la producción de riqueza se ha dado en los últimos 300 años se omite -por supuesto- que este se dio gracias al saqueo de los recursos naturales de África, América, Asia y Oceanía. Esa “libertad” basada en “el esfuerzo individual, la competitividad, la meritocracia, el emprendimiento”, en realidad se basó en el despojo, los bosques fueron cercados y los aldeanos obligados a vender su fuerza de trabajo si es que querían comer.

El oro y la plata saqueados de América durante 300 años no se quedaron en territorio español sino que por cuestiones comerciales llego, primero a Países Bajos e inmediatamente a Inglaterra, la acumulación originaria no habría sido tan fuerte sin las riquezas del nuevo continente.

Crear riqueza respetando libertades suena muy bien, salvo cuando nos remitimos a las bases ideológicas del capitalismo. La moral protestante que glorifica el trabajo como la principal forma de agradar a Dios en realidad no reconoce igualdad alguna, en primer lugar con los católicos en cuya concepción del mundo el trabajo es un castigo resultante del pecado original. Menos todavía se reconocería igualdad con aquellos habitantes de las nuevas tierras colonizadas y saqueadas. El resumen actual se encuentra contenido en la frase “es pobre porque quiere”, una burla hacia los miles de millones que con su trabajo diario producen la riqueza de la no obtienen sino migajas.

Cuando se afirma que “la única igualdad deseable y posible es la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades”, ¿se dice desde la ignorancia de quien no ha tenido que vivir las penurias de nacer por debajo de la linea de pobreza o desde la desfachatez de quien sabe que esas leyes protegen su estatus mientras mantienen la ilusión de ascenso social basado en el esfuerzo individual?

Con seguridad se escriben consejos para paliar la pobreza desde el descaro, cuando se afirma que esta no tiene causas y que existe riqueza generada de manera legitima. Si entendemos que riqueza no es tener automóvil, casa y una pantalla 4k, que riqueza no es simplemente ganar un sueldo mayor que el de las mayorías, entonces podremos comprender que el hecho de que poco más del 80% de la riqueza generada en el planeta vaya a parar a las manos de un 1% de la población no solo no es legitimo e inmoral, sino que es un robo que debe revertirse.

No es casual que el presidente de la máxima institución de educación universitaria privada repita en un artículo los principios morales de la ética protestante a modo de consejos para el gobierno de la 4T. Pero la única realidad es que para los millones de seres humanos condenados a la explotación la libertad capitalista es esclavitud.

Por otra parte la realidad de los primeros meses del gobierno de la Cuarta Transformación nos ha enseñado que tampoco necesitan de consejeros para llevar a cabo políticas y prácticas nocivas para la clase trabajadora. En nombre de una supuesta austeridad republicana el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha desatado una serie de ataques contra los más básicos derechos laborales de miles de trabajadores del Estado.

De paso ha trasladado la responsabilidad de la corrupción en instituciones de gobierno a los trabajadores salvaguardando la integridad de mandos altos y medios de pasadas administraciones. ¿Qué pueden esperar los trabajadores cuando ni siquiera se respetan los derechos laborales de los integrantes de las fuerzas represivas del Estado? ¿O cuando con toda impunidad la policial estatal de Tamaulipas reprime a los trabajadores de Matamoros?
La pobreza no se resuelve con militarización, becas, menos todavía con repetir la receta que el capital viene dando durante más de 300 años.