El Istmo ¿progreso o despojo?

Julio Arellano

Los megaproyectos tienen un fin de desarrollo económico estratégico, pero no es un progreso para los trabajadores y sus familias, mucho menos para los pueblos indígenas de la región, sino todo lo contrario.



“Es tiempo de Oaxaca”, “es tiempo de progreso”… Son frases que hemos oído declarar al gobernador Alejandro Murat, cuando acompaña a Lopez Obrador en sus giras por Oaxaca. Toda esta propaganda centrada principalmente en los megaproyectos que se tienen pensado en la región del Istmo, entre ellos un canal seco para transporte de mercancías, con fines de desarrollo económico estratégicos. Mucho se dice que será una zona industrial y con fuentes de empleo para la gente del sureste del país. Incluso se revive la imagen de Porfirio Díaz, buscando hacer una analogía de “progreso”. Pero ¿es en realidad progreso? ¿Representa un beneficio para los “más necesitados” (hablando de los pueblos indígenas de la región) cómo lo ha dicho AMLO?

En contraste organizaciones sociales en la región muestran resistencia y llevaron a cabo el foro de información y organización “El Istmo es Nuestro”, el cual tuvo una amplia participación y se realizaron ponencias acerca de lo que significa este corredor transístmico y sus megaproyectos (tren, eólicas, minería, etc.) que se tienen planeados para la región, por ejemplo el tren, será un tren bala con 80 km/h (por lo tanto será de carga) que constará de cuatro carriles con una amplitud de 40 km a la redonda. Y los principales apostadores de este corredor son los monopolios de Estados Unidos, Europa y Asia.

Cómo hemos mencionado, estos megaproyectos tienen un fin de desarrollo económico estratégico, pero al igual que en la época de Porfirio Díaz, no es un progreso para los trabajadores y sus familias, mucho menos para los pueblos indígenas de la región, sino todo lo contrario. Para los pueblos indígenas estos proyectos significan despojo de territorios, recursos naturales y en consecuencia perder su principal actividad económica que son la agricultura, la pesca y la ganadería.

En otras partes del mundo y del país, hemos atestiguado casos de contaminación de ríos y tierras (en proyectos de minerías y parques eólicos); casos de asesinatos y desapariciones de activistas y luchadores sociales (por oponerse a las pseudoconsultas). Los pueblos de Oaxaca, Chiapas y Veracruz no son la excepción, pues son víctimas de las consultas amañadas de la Cuarta Transformación, en las que utiliza las mismas prácticas de los viejos partidos de la burguesía con el clientelismo y acarreo.

Lo que no dice López Obrador es que no se está consultando a los pueblos que van a ser afectados directamente, y peor aun cuando esto sucede y sabe que hay una negativa ante tales megaproyectos, el Estado recurre al hostigamiento, a la persecución, a la desaparición o el asesinato cómo ocurrió con Samir Flores en el caso de la termoeléctrica Huexca.

¿Y por qué oponerse a los megaproyectos? Además de lo que ya hemos mencionado sobre el despojo y derramamiento de sangre de los pueblos, también la experiencia afirma que cuando los monopolios logran su objetivo de instalarse en esos megaproyectos, esa fachada de “progresos y desarrollo” significa para los trabajadores, sueldos míseros, largas jornadas, malas condiciones laborales y nulos derechos, es decir, más de lo mismo (Matamoros es un claro ejemplo), mientras que los monopolios aumentan de manera voraz sus riquezas.

Otra de las razones es que este corredor transístmico se pretende como una frontera para los migrantes centroamericanos, que quienes debido a las condiciones precarias que han desarrollado los monopolios (de EEUU, Europeos y Chinos) en su país se ven obligados a emigrar. Pues el corredor transístmico será altamente custodiado tanto por la Guardia Nacional, como por policías privadas.

AMLO, con el fin de complacer a los monopolios, buscará ofrecer a las organizaciones de lucha social de la oposición a los megaproyectos resolver algunas demandas (díganse techos financieros, concesiones, proyectos agrícolas entre otros), sin embargo estas soluciones son pasajeras, pues no revertirán el daño que causarán estos megaproyectos. Tarde o temprano los trabajadores y pobladores de la región se enfrentarán a situaciones de pauperización, que es lo único que puede ofrecer el capitalismo.

El Partido Comunista de México plantea que existe una necesidad imperante de la lucha unificada como clase, por lo tanto, los elementos explotados de los pueblos indígenas, se enfrentan a la siguiente disyuntiva: “o Revolución socialista o la desaparición. O la lucha de la clase Obrera por el socialismo o la táctica de la resistencia eterna”. Solo en el socialismo se logrará la elevación condiciones económicas, sociales y culturales de vida de las masas trabajadoras y los sectores populares, tanto indígenas como no indígenas.