A toro pasado… Desprestigio ganado en campaña

Marco Vinicio Dávila

La Sedena sigue negándose a hacer pública las cifras de civiles muertos, heridos y detenidos en “enfrentamientos” con el ejército



En días pasados la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) acusó que a través de las redes sociales se ha implementado una campaña de desprestigio para denostar las acciones que sus elementos realizan contra el crimen organizado, ya que dichas redes sociales se dedicaron a compartir y comentar algunas noticias que dan cuenta de actividades delictivas o violaciones a los derechos humanos en contra de la población civil que cometen los miembros de las FFAA.

El propio secretario de seguridad ciudadana, Alfonso Durazo, se sumó a la denuncia de la campaña de desprestigio contra una “institución noble”, como llamó a la Sedena.

Con relación a la denuncia, la institución castrense en un caso niega que sea cierta la información difundida, mientras que en otro acepta que sí están dentro de sus filas, en activo, los elementos capturados en flagrancia, pero aclara que no pertenecen a la Guardia Nacional sino a la Policía Militar.

La militarización de la recién creada Guardia Nacional, o mejor la creación de la Guardia Nacional como una extensión de las fuerzas armadas, es motivo para que la Sedena deba asumir como propios los excesos y desmanes que cometan sus elementos pertenezcan o no a la Guardia Nacional, sean policías militares, soldados o miembros de la Guardia Nacional.

Con más de once mil denuncias ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, durante los últimos doce años, el desprestigio ganado en campaña lo tienen bien merecido.

Todavía en marzo pasado, ya en la nueva era, la del régimen de la Cuarta Transformación, la Sedena sigue negándose a hacer pública las cifras de civiles muertos, heridos y detenidos en “enfrentamientos” con el ejército, información solicitada por periodistas, académicos y organizaciones de derechos humanos, bajo argumentos poco serios y además violatorios de las propias leyes federales y los ordenamientos internos de la Sedena.

¿Por qué es que la Sedena acepta que sí fueron soldados, en el caso que da pie a la denuncia de una supuesta campaña de desprestigio, pero asignados a la Policía Militar y no a la Guardia Nacional? Porque el discurso oficial, el de López Obrador en las “mañaneras”, afirma que con el cambio de gobierno hubo un cambio de régimen, y con éste hubo también un cambio de mentalidad tanto en las instituciones como en todos los mexicanos; que ya se acabaron las prácticas del pasado, que todo en adelante es nuevo y diferente. Por lo tanto sería contradecir dicho discurso presidencial si se acepta que nada ha cambiado en la esencia de las instituciones, que el Estado mexicano sigue siendo el mismo de antes. Pero más que eso, sería aceptar que la corrupción y la acción represora de las FFAA sigue siendo consustancial a su papel de garante de la seguridad de la propiedad privada de los monopolios y quedaría evidenciada la falacia del papel asignado a la Guardia Nacional en su creación.

Condonación y evasión fiscal, dos caras de una misma moneda

En sus mañaneras el presidente López Obrador machaca permanentemente que toda la corrupción la han cometido los políticos de antes, los de la mafia del poder cuyo capo de tutti capi es Carlos Salinas de Gortari, este discurso refuerza ante su base social el mesianismo con el que gobierna. En ese tenor, administra la crisis negando ferozmente los datos que todos los días revelan la realidad que él trata de negar.

Pero lo hace de manera tan congruente con su discurso de combate a la corrupción que efectivamente pareciera que la corrupción es una característica exclusiva de los políticos del pasado, aunque muchos de esos políticos tienen más vigencia, y poder, hoy que ayer.

Así, López Obrador desnuda a ciertos políticos de tal forma que los presenta a su feligresía sin ningún ropaje clasista, despojándolos de su identidad de clase. De esta forma avienta al azar la denuncia contra cierto ex presidente, que resultó ser Vicente Fox, al que acusa de no pagar impuestos; sólo poniendo atención a los detalles es posible detectar que la tal evasión fiscal que práctica Vicente Fox y que denuncia el presidente no es por las prestaciones derivadas de su ejercicio como presidente de México que fue, sino por sus actividades empresariales que continua realizando. De manera que la denuncia por evasión de impuestos debió ser contra Vicente Fox el empresario, el burgués, el representante de los monopolios, ayer de la Coca Cola, hoy de la mariguana, porque esa es la realidad tangible.

¿Por qué no nos dice el presidente López Obrador que es el empresario Vicente Fox quien evade impuestos? Porque asignarle un lugar dentro de la clase social que continua detentando el poder contradice su discurso de lucha contra la corrupción y con el cual niega la lucha de clases y quedaría en evidencia que la corrupción trasciende al gobierno, que la clase en el poder, la dueña de los medios de producción, es corrupta y que su decadencia corruptora traspasa todas las esferas del gobierno; eso pondría bajo la lupa, para empezar, a su gabinete, a su coordinador de asesores, a sus operadores políticos en el Congreso de la Unión, a los súper delegados en los estados y de allí para abajo a toda la estructura del Estado que representa.

Pero también quedaría evidenciado que la evasión fiscal, sea a través de alguna fundación altruista o incluso de una condonación de impuestos presidencial, es una práctica común del empresariado, de la burguesía, de los monopolios; es decir del capitalismo.