Algunas notas sobre la celebración de la victoria

Alfredo Valles
26.Jul.19 :: Columnas

Más democracia, más presidencialismo, igual a más dictadura de los monopolios.



Andrés Manuel López Obrador no pierde oportunidad para un gran acto de propaganda, ahora en un ritual que maquilla su propia vejez y sustituye el cadáver del viejo acto del informe presidencial. Una oportunidad para en cadena nacional, ahora transformada en un redoble de televisión e internet, adoctrinar con las frases más selectas del interés de la burguesía. Con todo y acto militarista incluido horas antes, encarnado en la presentación de la Guardia Nacional como guiño fascista del capital.

El 1 de julio los monopolios celebraron la victoria electoral y para ello reunieron a sus espectadores: directores de orquesta, comparsas y tropa de a pie al mejor estilo de las grandes diferencias de clase que existen en el país. Una zona de confort con cómodos asientos y vallas silenciosas, otra inmensa zona de duro y seco concreto para melodiosas frases embusteras. Una metáfora del devenir capitalista: el lujo y la exclusividad para los jefes burgueses, las migajas para el sector del pueblo que aplaude su guía.

La cantaleta sigue. AMLO afirma: “el gobierno no es para hacerse ricos, sino para servir al pueblo”. Lección uno. El maestro de las apariencias instruye en que antes de su periodo bonapartista el gran problema no eran los tiburones empresariales que, como hoy, sacrifican a los trabajadores y sectores populares para sus componendas imperialistas. De la escena del crimen los descarta. Y presenta como los responsables del ultraje apenas a los viejos instrumentos políticos del lucro privado.

Idealiza en su bello discurso a los trabajadores migrantes de origen mexicano al llamarlos “héroes”, ocultando de lo visible que éstos son aplastados por su socio imperialista mediante reforzadas redadas en EU, con toda la complicidad de su parte. Delante de los pares de dichos migrantes, y frente a los grandes representantes monopolistas, señala lo importante en la ecuación: 3,203 millones de dólares en remesas. Un botín en la mira, el cual será motivo de futuras medidas, reformas y emprendimientos para su abultada apropiación por los grandes empresarios en ofensiva continua.

Entre la audiencia a unos se les ofrece un austero frutsi, mientras otros aguardan la celebración privada con vino y alta cocina. A los primeros, reserva el encantamiento. A los segundos, la auto apología y las zonas de oportunidades. Insiste, con su prestigio creado a modo por los publirrelacionistas de los explotadores, en emular a Plutarco Elías Calles y José López Portillo, renovando el encadenamiento forzado, con engaños y auto-engaños, a las aventuras capitalistas: “agradezco a los empresarios que estén presentes en este acto en el Zócalo. Todos tenemos que unirnos para lograr el progreso con justicia en nuestro país”.

Y la frase bien organizada no quiere decir otra cosa que “no hay más ruta que la nuestra: capitalismo y más capitalismo”. El déspota presidencialista es buen heredero de Juárez, Madero y Cárdenas: expropiación y despojo a las naciones indígenas, militarización del territorio rebelde zapatista, asesinatos mediante matarifes a sueldo, construcción de una democracia como sinónimo de una dictadura aceitada contra los trabajadores y fortalecimiento de la nación burguesa.

Y sin embargo, el caudillo laico-evangelista-reaccionario de los monopolios también encuentra un espejo a su altura en modernos representantes de los monopolios, por las acciones emprendidas a punta de demagogia y fuerza. El gobierno obradorista honra e iguala de cuerpo entero a su jefe en las grandes hazañas de personajes como Jesse Helms, Donald Trump, Jair Bolsonaro y, sin duda, Carlos Salinas de Gortari. La avanzada de su política social, migratoria, cultural e imperialista así lo indica.

AMLO presume: “nada de que soy de la organización independiente, como se llame, y dame a mí el dinero y yo lo voy a entregar a la gente. No, primo hermano, eso ya se acabó”. Ahora el primo-hermano es el siempre predilecto oligarca financiero de los bancos. Ahora a todos aquellos trabajadores activos o semi-activos que requieren ser subsidiados en su pobreza “republicana” no les queda otra que una dictadura más directa y brutal, aún más poderosa frente a cada uno de ellos en lo individual. Festeja la burguesía. Lección 2. La única organización legítima y legal es la del Poder burgués omnipotente.

La cruel peste de la precarización capitalista, hija del neoliberalismo y de la socialdemocracia del bienestar, se extiende más y más. Aquí el informe da paso a la apoteosis para el burgués plácidamente ubicado en primera fila del espectáculo. En la mente del burgués al micrófono, y de su par fuera del estrado, aparece una calculadora digital gigante que hace regocijar a uno y a otros: 500 mil jornaleros exprimidos por un salario al mes de 5 mil pesos y con sus tierras ejidales o comunales más que comprometidas a la vuelta de la esquina; cerca de 100 mil migrantes centroamericanos “bendecidos” por la oportunidad de la esclavitud asalariada en el Programa de Desarrollo Integral del Istmo de Tehuantepec, el Tren Maya, Refinería de 2 Bocas, la reconstrucción post Sismo del 19 de septiembre o la industria maquiladora, apaleados y aprisionados en una feroz cárcel capitalista de nacionalidades; y no podrían faltar el millón de jóvenes ofertados mediante el programa Jóvenes Construyendo Futuro.

Las protestas a posteriori del gorila Felipe Calderón, y su nuevo partido, no se oponen a AMLO más que en nimios detalles; no son contra el salario de hambre que el Jefe de Estado reservó en iguales proporciones para los y las obreras de los proyectos modernizadores en el sur-sureste, sino porque el agrio pastel de la precarización no se repartió exclusivamente entre los bien capacitados esclavos de origen nacional respecto al capital. Divergencias en el salón de maniobras del Poder burgués. ¿Y para los migrantes? lo mismo de ahora, pero con el dulce toque de las matanzas colectivas, la intervención paramilitar a sus anchas y las fosas clandestinas. A un reaccionario, un opositor reaccionario y medio.

López Obrador no sólo lleva el timón de la gran empresa burguesa, sino de los viejos sueños del maoísmo: la vieja máxima de que una sociedad superior al capitalismo no podía existir sin el requisito ineludible de diez, cien o mil años de edificante capitalismo previo, en el mejor y popular tono filosófico, equivale en teoría amlista o amliana a “no puede haber justicia y bienestar sin desarrollo y crecimiento económico (capitalista)”. Y junto al PT, y a maoístas ml o agazapados en turno, reviven el Programa salinista de Solidaridad bajo el fresco nombre de “la construcción de caminos de concreto en Oaxaca”, en el cual se lleva a cabo un postneoliberal Poder Popular: “entregamos los recursos a las autoridades de usos y costumbres, de manera directa. ELLOS MANEJAN CON HONESTIDAD EL PRESUPUESTO. Y se da empleo a la gente de los mismos pueblos. No se usa maquinaria sofisticada, sino picos, palas, revolvedoras, uso intensivo de mano de obra” (AMLO, discurso del 1 de julio). El caudillo AMLO emula a su manera el engaño del caudillo Mao para el empoderamiento de México como país imperialista. Así, quiere embotar a sectores populares y de trabajadores en que esto es lo único posible y razonable.

Antes de utilizar las viejas glorias imperiales mexicas para convocar a más sacrificios en la construcción de una gran potencia imperialista contemporánea, AMLO pontifica: el Estado mexicano ha dejado de ser el gran violador de derechos humanos. Y para confirmarlo, la proeza del discurso enajenante, estupidizante, mixtificador y propagador de “virtudes”. Las palabras pretenden ocultar cacerías de migrantes, miles de deportaciones, aplicación de la política de separación de familias, la criminalización moral y exterminio físico de los opositores obreros y populares a los planes capitalistas.

Mientras más conferencias matutinas y rituales como este existen, menos derecho a la información fidedigna y cierta tienen la clase obrera y los sectores populares. Y en medio de ello, un Presidencialismo feroz, a la altura de las necesidades de los monopolios y la burguesía, como sustituto de las viejas y fiables credenciales de las antiguas estructuras partidarias al servicio del poder burgués. Y en medio de ello, un abanico de colaboración con este curso de los acontecimientos de todos los partidos de la burguesía: para aprobar la guardia nacional, para maquillar la reforma educativa peña nietista, para ampliar el período gubernamental en algún estado en beneficio del Delegado presidencial en turno, etc., etc. Más democracia, más presidencialismo, igual a más dictadura de los monopolios. El único cambio verdadero es el Poder Obrero, aunque el coro reaccionario del 1 de julio se esfuerce en negar la lucha, organización e insumisión clasista, obrera y popular.