“¡Vámonos!” Yuri Gagarin, Leninista del universo

Daniel Orizaga
12.Abr.19 :: Cultura

Aunque sólo había una persona a bordo de la nave espacial, se necesitaron decenas de miles de personas para que fuera un éxito. Más de siete mil científicos, trabajadores e ingenieros.



Un comunista: el primer ser humano en el espacio exterior, obrero metalúrgico e hijo de campesinos. Fue un ciudadano de la URSS, viajero del cielo, cuya sonrisa representaba el rostro de millones de trabajadores en la patria del socialismo. Nació el 9 de marzo de 1934 en la región de Smolensk, en la villa de Klúshino. La casa familiar fue ocupada por los Nazis durante la Gran Guerra Patria. Pero los horrores de la batalla, que se instalaron a sólo seis kilómetros de su tierra natal, le permitieron ver de cerca a los aviones de combate. Pasó del miedo a las máquinas de la muerte fascista al entusiasmo por las maravillas de la tecnología al servicio de la causa de Lenin.

La Unión Soviética aventajaba a los capitalistas, durante la década de los cincuenta. Los estadounidenses no daban crédito a las hazañas. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, al Sputnik, primer satélite artificial puesto en órbita? La cumbre de la ciencia espacial, sostenida por el esfuerzo de miles y desarrollada por la disciplina de un puñado de científicos, lograba superar una a una todas las pruebas imaginables. Tal era el ánimo de la nueva humanidad. Pero la pieza clave era Sérguei Koroliov (ya escribiremos sobre él en otra ocasión).

Mientras tanto, Gagarin entraba, en 1954, a la asociación del aire de Sarátov. Yuri, joven sano, atlético, honesto y dedicado, gozaba por sus virtudes, de la simpatía de quienes lo rodeaban. Pero nadie ganó su corazón como Valentina Goriácheva, con quien se casaría en 1957. Apenas tres años después comenzó la selección de los mejores pilotos para una misión sobre la que se difundieron entonces pocos detalles: de 3,500 hombres, tras duras pruebas físicas y psicológicas, las opciones se redujeron a 400, a 40, a ocho, a tres… a dos. La elección final estaba entre German Titov y el esposo de Valentina, el que entró finalmente a la cabina.

La propia madre de Gagarin se enteró de la hazaña gracias a una vecina que lo había escuchado por la radio. No lo podía creer. Ese 12 de abril de 1961, el Vostok 1 despegó con los mejores augurios del impresionante cosmódromo de Baikonur. Durante poco más de hora y media, el primer cosmonauta pudo contemplar el planeta azul en toda su belleza, del océano Atlántico a los desiertos del Sahara, de la cara luminosa a la oscura. Incluso comió con tranquilidad. Pero lo difícil no era tanto salir como volver, y a pesar de los imprevistos, Gagarin saltó en paracaídas para caer, curiosamente, en la misma región donde se inició como piloto. Todo eso lo sabrían dentro de poco las personas más cercanas a Gagarin y también el mundo entero.

A partir del regreso, sano y salvo, las miles de instantáneas se suceden: Gagarin con los cordones desatados sobre la alfombra roja que lo recibía al descender de la aeronave que lo llevó a Moscú la fecha del desfile que hizo salir a toda la población de la capital. Y también: Gagarin frente a las pirámides de Egipto; Gagarin recorriendo Teotihuacan; Gagarin intentando tomar un trozo de sushi en Japón, sin éxito. Gagarin junto al Che, junto a Fidel en Cuba, en el abrazo tropical de la liberada nación caribeña.

No perdió oportunidad de enfatizar su pertenencia al Partido Comunista, y sabía que el logro era colectivo. Dijo en alguna declaración:
Aunque sólo había una persona a bordo de la nave espacial, se necesitaron decenas de miles de personas para que fuera un éxito. Más de siete mil científicos, trabajadores e ingenieros fueron condecorados por contribuir al éxito del vuelo.

Gagarin falleció en un accidente el 27 de marzo de 1968. Sigue siendo recordado por compañeros, amigos y familiares. En su honor se nombraron lugares, cráteres lunares e incluso un asteroide.

A pesar de los reconocimientos nunca olvidó su origen. En su libro de memorias, Veo la Tierra, hace un recordatorio que lo pinta de cuerpo entero:

Aquí en la Unión Soviética todos trabajan, y las personas célebres, Héroes de la Unión Soviética, lo hacen con tanta o mayor dedicación. Son miles en el país, y procuran trabajar lo mejor posible, sirviendo de ejemplo a imitar por los demás.

Esas palabras de esperanza y aliento han quedado como legado para toda la clase trabajadora, de la que fue parte.