Importancia de la Internacional Comunista, a 100 años de su creación

Juan Alfredo Valles

Hoy, como en 1929, en 1959, 1979 o 2019, el mundo todo está a las puertas del socialismo comunismo.



La Internacional Comunista, fundada en 1919, cobra en la actualidad una importancia singular para la lucha revolucionaria de la clase obrera y de los partidos comunistas u obreros del mundo. A instancias del Partido Comunista de Rusia (bolchevique), diversos grupos y tendencias que en la campaña contra la guerra imperialista se habían desmarcado de los partidos reformistas y colaboradores de sus propios capitalistas nacionales, agrupados en la denominada II Internacional. En ello, la conducción de Vladimir Ilich Lenin ha sido fundamental.

Resultado de la joven Internacional Comunista, que en vida de Lenin celebró Cuatro Congresos mundiales, se formaron decenas de secciones nacionales de lo que llegaría a denominarse como el partido mundial del proletariado marxista. Esto en América del Norte, Centroamérica y Sudamérica; en toda Europa; en la inmensidad colonial de Asia y en los países imperialistas de este continente; y en los puntos más lejanos y expoliados del globo. Militantes comunistas laboraban subrepticiamente por multiplicar el número de Partidos Comunistas.

La Komintern propicio el espacio de debate en torno a la socialdemocracia. En medio de amplias discusiones y de una viva manifestación de la lucha de clases al interior del movimiento obrero se llegó a tesis que hoy son magníficas para apuntalar la vigencia indeclinable de la independencia política de los partidos comunistas, la caracterización de la socialdemocracia como tercer partido de la burguesía; representante de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía en los marcos de un gobierno burgués nacional; o agente contrarrevolucionario.

Algunas tesis históricas de la IC arrojadas por cauces colectivos, franqueza comunista y de notoria libertad deliberativa en torno a la socialdemocracia hoy pueden parecer a algunos descendientes y paladines de la Internacional Socialista como curiosas expresiones de memoria y de museo, pero son veneno puro para la socialdemocracia y la burguesía. Hoy como ayer la socialdemocracia representa a los monopolios, a la guerra imperialista y es promotor de la más resuelta violencia, agresión y reacción contra la clase obrera y los sectores populares. Hoy, como durante la Komintern, la Socialdemocracia es Socialfascismo. Hoy, como durante la Komintern, la Socialdemocracia es menchevismo y estafa.

La historia de la Internacional Comunista reserva importantes episodios y conclusiones cuya temporalidad coincide con su trascendencia más allá de períodos acotados, ámbitos o especificidades nacionales, mayor o menor penetración de la influencia liberal del siglo XIX o ilusiones varias sobre supuestas benevolencias derivadas de interpretaciones al modo burgués de distintos períodos del capitalismo imperialista. Uno de ellos, la formación y preparación concienzuda en el uso de todas las formas de lucha. El caso de las Brigadas Internacionales.

En 1929 la Komintern concluyó un período deliberativo de varios años con la definición del primer y único Programa de la Internacional Comunista. El cual arroja incontables elementos de aprendizaje que requieren de su conocimiento y asimilación en desarrollo. A propósito de lo anterior son las definiciones de que la envoltura capitalista de la sociedad se ha convertido en un obstáculo intolerable para el desarrollo de la humanidad o que el imperialismo establece una división entre la masa fundamental de la clase obrera y la parte más privilegiada de esta última.

Hoy, como en 1929, en 1959, 1979 o 2019, el mundo todo está a las puertas del socialismo comunismo. Así lo definía la Internacional Comunista en su Programa:

“El imperialismo, al agarrotar al mundo entero con las cadenas del capital financiero, al obligar por el hierro, por el fuego y por el hambre a los proletarios de todos los países y de todas las razas a someterse a su yugo, al intensificar en proporciones gigantescas la explotación, la opresión y la esclavitud del proletariado y al colocarlo ante el problema inmediato de la conquista del poder, crea al mismo tiempo la necesidad de la más estrecha cohesión de los trabajadores en un ejército único de los proletarios de todos los países, sin distinción de estado, raza, nación, cultura, sexo o profesión. (…) el imperialismo, al mismo tiempo que desarrolla y corona el proceso de creación de las condiciones materiales para el socialismo, determina la cohesión del ejército de sus propios sepultureros y coloca al proletariado ante la necesidad de organizarse en una asociación internacional obrera de combate.”

Como en todo proceso, la Internacional Comunista no sólo refleja el ascenso y plenitud del movimiento obrero revolucionario en la época del predominio de los monopolios, sino también el reflejo de la influencia de los monopolios y sus columnas políticas en su propio movimiento organizado, lo cual se manifiesta en un período final de reblandecimiento en torno a nociones fundamentales. El carácter doctrinal que han adquirido consideraciones tácticas como la flexibilidad en las alianzas políticas, la posibilidad de unidad con sectores de la burguesía, la propuesta del Frente Popular, las etapas intermedias, el supuesto carácter “izquierdista” de un sector de la socialdemocracia son elementos históricos y actuales de la crisis de los Partidos Comunistas en cuanto a su papel de partido de la ruptura revolucionaria. Hay mucho que estudiar y divulgar en torno los aciertos y las dificultades de la gloriosa Internacional Comunista.