La dictadura de la burguesía se afianza a cien días del gobierno de AMLO

Miguel Uribe
31.Mar.19 :: Noticias nacionales

Los monopolios por medio del nuevo gobierno de AMLO han afianzado su dictadura, mientras tanto el camino a seguir de la clase trabajadora es confrontar a la dictadura de la burguesía enmascarada de socialdemocracia.



En estos cien días del gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, los monopolios han afianzado su dictadura con la implementación de la llamada austeridad republicana y la aprobación de la Guardia Nacional.

No ha habido ninguna transformación de fondo en el sistema capitalista de explotación. De ahí que los principales empresarios del país participaran en la celebración del los cien días de gobierno de AMLO.

El fortalecimiento de la dictadura burguesa en estos últimos meses contrastó con el discurso demagógico del gobierno socialdemócrata de acabar con la miseria de la clase trabajadora y los sectores populares a través de la supuesta cuarta transformación. Esto se demostró con la aplicación de las políticas de austeridad republicana que tuvieron como consecuencia el despido de miles de trabajadores en el sector público de diferentes dependencias del estado, los cuales no contaban con un contrato estable.

Y así se pueden mencionar una serie de acontecimientos que ejemplifican la consolidación de la dictadura burguesa en estos primero días de gobierno morenista, como es el caso del asesinato de Samir Flores, líder opositor de la Termoeléctrica en Huexca; crimen que da muestra de cómo actuaran los monopolios a través de la represión y la simulación democrática con las consultas ciudadanas para desarrollar los megaproyectos del Tren Maya y el Corredor Transísmico.

Otros hechos que se consideraron como grades cambios para acabar con la corrupción, pero que en el fondo solo apuntalaba la dictadura burguesa fueron la supuesta guerra contra el huachicol en Pemex y la ratificación del Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo por parte del Senado.

En el caso de la guerra contra el huachicol, ésta no se realizó, principalmente, en contra de los que en realidad han saqueado Pemex: los monopolios. Al final esta medida termina beneficiando al capital, el cual tendrá totalmente en sus manos la explotación y distribución del petróleo y la gasolina, además de que precarizará el contrato laboral de los trabajadores de Pemex y fomentará el subempleo. Aparte, no hay que olvidar, que esta supuesta guerra tuvo como consecuencia la muerte de más de cien pobladores por la explosión de un gasoducto en el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo.

El otro hecho, la ratificación del Convenio 98 que trata de la libre sindicalización y la democracia sindical, más que una realidad significó ser una simulación, ya que en los hechos contrastó con el pacto entre el nuevo gobierno y los sindicatos colaboracionistas de trabajadores de la salud y petroleros (SNTSS y STPRM), los cuales seguirán manteniendo el control de los trabajadores a través del terrorismo sindical y, con ello, favorecer el avance de los monopolios con la privatización de empresas y servicios públicos y la precarización laboral.

También en estos cien días, el discurso demagógico del nuevo gobierno de “primero los pobres” chocó de frente con el aumento de huelgas y paros laborales de miles de trabajadores del sector púbico y privado, los cuales fueron perjudicados por la llamada austeridad republicana y por la insatisfactoria alza del salario mínimo, como son el caso de las huelgas de trabajadores en las maquilas de Matamoros, Tamaulipas, y las huelgas de los trabajadores sindicalizados de las universidades públicas.

Frente a estas movilizaciones de la clase trabajadora, el nuevo gobierno de AMLO demostró estar en pro de los monopolios, al pedir la conciliación de intereses entre clases y no perjudicar al capital. Su posición de supuesta neutralidad ha dado pie a la represión sistemática del gobierno panista hacia los huelguistas de matamoros.

Los monopolios por medio del nuevo gobierno de AMLO han afianzado su dictadura. Los supuestos cambios significativos del nuevo gobierno en estos cien días con respecto a los gobiernos anteriores que tanto cacarean los intelectuales de la socialdemocracia —el que hoy en día se tiene un presidente trabajador que da conferencias todas las mañanas, el cambio de sede presidencial de los pinos a Palacio Nacional, la subasta de transportes aéreos y autos oficiales, la guerra contra el huachicol y la ratificación del Convenio 98— han intentado ocultar el fortalecimiento de la dictadura burguesa, el avance en su agenda y, por consiguiente, el aumento de huelgas y paros de la clase trabajadora; sin embargo, al mismo tiempo, la agudización de lucha de clases comienza a remover el velo socialdemócrata y muestra el verdadero rostro de la dictadura de los monopolios.

Asimismo, al igual que en el caso de los gobiernos llamados progresista, se esperaba que este nuevo gobierno desde en un principio de su mandato aplicara medidas socialdemócratas en pro del la clase obrera y los sectores populares, sin embargo, la realidad de estos cien días demuestra que por ahora seguirá con las políticas neoliberales de los gobiernos anteriores. Por lo tanto, el camino a seguir de la clase trabajadora es confrontar a la dictadura de la burguesía enmascarada de socialdemocracia.