La socialdemocracia avanza en el cumplimiento de sus tareas en favor del capital

Laura Quintero

El gobierno de Morena no es mejor ni peor que los que le antecedieron- PRI y PAN- pero a diferencia de ellos, cuenta con una gran aprobación popular y el consenso de los grupos empresariales para cumplir con las órdenes de sus amos, siempre en detrimento de los trabajadores.



El gobierno socialdemócrata de Andrés Manuel López Obrador avanza con un paso firme en el cumplimiento de sus tareas como presidente, es decir, como el máximo representante y ejecutor de los deseos y necesidades de la burguesía. Muestra de ello son todas las acciones que ha realizado en favor de los empresarios, desde regalarles la oportunidad de explotar a millones de jóvenes a través de miserables becas (subsidiadas por el Estado) hasta conformar un Consejo de empresarios que decidirán la política económica del país.

Obrador no pierde la oportunidad para repetir que su gobierno es “el gobierno del pueblo”, pero si el pueblo es “el que decide” ¿para qué necesita el presidente un Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico?

La decisión de conformar un Consejo Empresarial que incida directamente en la política económica del gobierno socialdemócrata, representado por Morena, responde a las necesidades de los capitalistas. Dicho consejo fue presentado con bombo y platillo ante un abarrotado auditorio de empresarios, a los que Alfonso Romo, coordinador del gabinete de AMLO y uno de los hombres más ricos de México, aseguró que el gobierno de AMLO “no ve la propiedad privada como una concesión benévola del Estado, sino como un derecho inherente a cada hombre y a cada mujer”.

Este mensaje evidencia, una vez más, que el discurso demagógico y maniqueo del gobierno lopezobradorista nada tiene que ver con las acciones que ha implementado en los pocos meses que lleva su gobierno, que la frase “el pueblo manda y el pueblo decide” sólo es retórica vacía, pues todas las decisiones de la nueva administración no difieren de las pasadas y están encaminadas a velar y resguardar los intereses empresariales.

Uno de los caballos de batalla de AMLO es “el crecimiento económico”, es necesario crecer más, dice el presidente. Pero ¿a quién beneficia el crecimiento económico? ¿quién o quienes ganan si México crece más? El crecimiento económico se mide con el indicador del Producto Interno Bruto (PIB), el cual es el resultado del valor de todos los bienes y servicios producidos en el país.

En este sentido, si tomamos en cuenta que hay dos clases sociales: la burguesía y el proletariado / explotadores y explotados / lo que tienen los medios de producción y los que venden su fuerza de trabajo. Entonces, podemos concluir que la inmensa mayoría de los trabajadores que producimos las fortunas de los empresarios no seremos los beneficiarios de dicho crecimiento.

Alfonso Romo, quien también es la mano derecha de AMLO, ha exigido revertir el crecimiento “mediocre” que ha tenido el país en, por lo menos, los últimos 20 años. Por su parte, López Obrador ha hecho un llamado a todos los mexicanos para que contribuyan con el crecimiento a no ser “conformistas” y a trabajar para conseguirlo. Lo que en realidad, está diciendo el presidente, es que el Estado ejecutará reformas y programas que beneficien a los empresarios y que implementará los mecanismos jurídicos y legales para que alcancen sus “metas de crecimiento”.

No es inocente que sean los capitalistas los más preocupados en que el país crezca. Los intereses de los empresarios y de los trabajadores son antagónicos, es decir, lo que beneficia a unos perjudica a los otros y viceversa, detrás del discurso conciliador que apela a la unidad de todos los mexicanos está oculta la necesidad de los monopolios de gestionar, a través del gobierno socialdemócrata de AMLO, la creciente inconformidad de millones de trabajadores que se traduce en huelgas, paros y movilizaciones.

El gobierno de Morena no es mejor ni peor que los que le antecedieron- PRI y PAN- pero, a diferencia de ellos, está mejor posicionado y cuenta con una gran aprobación popular y el consenso de los grupos empresariales para cumplir con las órdenes de sus amos, siempre en detrimento de los trabajadores.