A toro pasado…

Marco Vinicio Dávila Juárez

Desenmascarar la demagogia de este gobierno se convierte en una tarea necesaria.



El gobierno de López Obrador, no pasa un solo día sin que desnude su carácter de clase, de que evidencie los intereses a los que sirve como parte integrante de un Estado de los monopolios, eso sí, siempre cubierto por un discurso entre locuaz y mesiánico pero profundamente demagógico, que todavía mantiene a una buena parte de la población trabajadora con grandes esperanzas en que mejore su situación.

Desenmascarar la demagogia de este gobierno se convierte en una tarea necesaria.

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El lunes 18 de febrero López Obrador presentó en sociedad al Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico, ante las cabezas visibles de los principales monopolios nacionales y extranjeros ofertó el país a los empresarios: el tren maya, el corredor transístmico, las Zonas Económicas Especiales, el petróleo, la electricidad, y un largo etcétera. El viejo y desgastado discurso de la unidad de todos los sectores como condición para el desarrollo del país. Muchos peligros se pudieron advertir ese día en el discurso presidencial, no sólo porque se pone a remate el país entero, sino porque se expresaron acciones de gobierno tales como los acuerdos con Trump en el tema migratorio, respecto al compromiso del gobierno norteamericano de intervenir activamente, a pesar de su discurso nacionalista de que sólo empresas mexicanas van a invertir, en proyectos en el sureste mexicano que sirvan como “cortinas” para evitar que los migrantes centroamericanos puedan llegar a la frontera norte del país, entre otros muchas acciones de igual naturaleza que abarcan la totalidad del país.

El alter ego del presidente, Alfonso Romo, Poncho, lo llama Amlo, su ex enlace empresarial y jefe de la oficina de la presidencia será el coordinador y promotor de la inversión privada para intentar convertir al país en lo que es su aspiración, una gran zona económica especial, “un paraíso para la inversión privada”.

En el acto estuvieron presentes las principales cámaras empresariales, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) e integrantes del Grupo de los Diez de Monterrey y del Consejo Mexicano de Negocios (CMN). Es decir la plana mayor de la antigua “mafia del poder”, encabezados por el capo di tutti capi, Carlos Slim, que aplaudió al presidente en turno como cuando festejaba las decisiones de gobierno de Peña Nieto, Calderón o Vicente Fox; También aparecieron prominentes miembros de lo que está llamada a ser la nueva mafia del poder como Ricardo Salinas Pliego, Olegario Vázquez Aldir; y. desde luego, mención especial tuvieron en el discurso presidencial, y un lugar destacado entre los invitados, los corruptos dirigentes de la CTM.

Nada bueno augura a los trabajadores de este país lo que supure de este Consejo.

Ese mismo día por la tarde se reunió con los líderes de los 60 monopolios más importantes del país. ¿De qué habló la antigua “mafia del poder” con López Obrador en el club de empresarios, durante el cambio de mando en el Consejo Mexicano de Negocios?
Le piden, le suplican, le exigen que aplique todo el peso de la ley a aquellos dirigentes sindicales que han instigado las protestas de los trabajadores en Matamoros y que amenazan con extenderse en el resto del país.
AMLO sólo les pide que paguen sus impuestos.

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Continúa el asesinato de opositores a proyectos monopólicos. ¿Qué ha cambiado en el país?
Con el asesinato de Samir Flores, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua y uno de los principales opositores a la termoeléctrica de Huexca, proyecto que encabeza el monopolio Iberdrola, y que se suma a los asesinatos de otros luchadores sociales como Jiménez Pablo, de la CNPA-MN en Chiapas; así como el asesinato de periodistas, se muestra una vez más que el paramilitarismo está tan vigente como en los tiempos de EPN. Con el gobierno de la nueva socialdemocracia el “régimen” no cambió ni de forma ni de fondo y el Estado sigue siendo un Estado de los monopolios.

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Era una falacia la discusión en la cámara de senadores que planteaba la disyuntiva de un mando civil como alternativa mejor a un mando militar para la Guardia Nacional, en ambos casos se trata de la militarización del país.
Por eso en el senado, los partidos de la burguesía cerraron filas y votaron en bloque a favor de la militarización del país. El Estado de los monopolios se compacta frente a la lucha de clases.