La tumba de Marx y el anticomunismo

Julio Cota

El odio hacia el comunismo se debe al miedo de la burguesía, se debe al temor que impone la clase obrera en las calles, en huelga, organizando sus sindicatos para luchar por mejoras laborales.



Si las ideas de Karl Marx estuvieran muertas, simple y sencillamente quedarían en el olvido. Sin embargo, los recientes ataques a la tumba de Marx en el cementerio de Highgate, en Londres, demuestran una clara preocupación de los sectores más reaccionarios y fascistas ante la influencia del comunismo en el movimiento obrero mundial contemporáneo.

Es claro que estas acciones pueden parecer simple y llanamente como “hechos vandálicos”, sin embargo detrás de los ataques existe una acción de anticomunismo. El anticomunismo es un conjunto de prejuicios ideológicos, pensamientos, calumnias y tergiversaciones de la doctrina de K. Marx y F. Engels, la economía socialista, el movimiento obrero organizado, pero sobre todo de su vanguardia política, los partidos comunistas.

La reacción imperialista tiene como arma político ideológica principal el anticomunismo, en el que invierten millones de dólares y euros para mantener campañas permanentes contra del comunismo en medios de comunicación, internet, revistas, literatura, cine, documentales, etc. El anticomunismo es el fascismo encubierto que se difunde de manera rápida porque no requiere de una reflexión y apela a las emociones cuando hace afirmaciones sin sustento como: “Asesino en masa”, “Ideología de la hambruna” o “Doctrina de odio”.

Pero el anticomunismo no es sólo una simple denostación de ideas o “actos vandálicos”, su verdadero objetivo es prohibir la participación política de los comunistas, sus símbolos y banderas, pero sobre todo su programa político. La intención de cada acto anticomunista es aislar a la clase obrera, la fuerza de la revolución, de su vanguardia política revolucionaria, es decir, separarlos de la influencia comunista.

El anticomunismo se puede identificar cuando escuchamos decir que el comunismo es igual que el fascismo, el totalitarismo, el stalinismo; conceptos que han sido producidos en los centros imperialistas, promovidos y difundidos en universidades, institutos y centros de investigación que se autodenominan “críticos”.

Pero aún y a pesar de las campañas anticomunistas, la teoría revolucionaria se sigue consumiendo en universidades, sindicatos y organizaciones indígenas y populares. Los explotados siguen armándose de la teoría y la práctica revolucionaria, legado de Marx, Engels y Lenin. Mientras el imperialismo continúe produciendo hambre, miseria y represión en cada uno de nuestros países, el interés de los explotados por conocer los postulados marxistas seguirá vigentes.

El odio hacia el comunismo se debe al miedo de la burguesía ante él, se debe al temor que imponen las masivas movilizaciones de la clase obrera en las calles, en huelga, organizando sus sindicatos para luchar por mejoras laborales. Así lo demostró la clase obrera en Grecia, Francia, India y poco a poco en el norte de México como lo demuestran los obreros del movimiento 20-32.

Por ahora las tumbas podrán ser profanadas en un ridículo intento de matar a quien se supone yace bajo tierra. Marx está vivo en cada uno de los partidos comunistas y sus programas políticos por el derrocamiento del capitalismo, en sus militantes, en cada obrero del mundo que trata de comprender el comunismo, en cada mujer trabajadora que se organiza junto a sus compañeros hombres, en cada explotado decidido a militar y organizarse para acabar con la esclavitud asalariada.

Mientras la calumnia, el prejuicio y el pensamiento comodino se expresa en contra del comunismo en los medios masivos de comunicación, incluidas la redes sociales; los comunistas en la vida real, trabajamos de manera metódica, sistemática y con paciencia para organizar la Revolución Socialista y el poder obrero. Algo imposible para aquellos no quieren ver otra opción más que la reforma, una nueva gestión de capitalismo, la socialdemocracia que representa Andrés Manuel Lopez Obrador. Mientras los fascistas intentan destruir la superficie de una tumba, el viejo topo de Tréveris vive y transita en los subterráneos de la libertad para salir a flote junto a millones de explotados de todos los confines de la tierra para luchar por lo que les pertenece.