La huelga en la UAEM y la crisis que viven las universidades

Lourdes Perales

Pese a que se levantó la huelga los recursos seguirán siendo insuficiente y el 2019 iniciará con conflictos por recortes a las prestaciones y derechos conquistados.



A principios de 2018 cuando Gustavo Urquiza Beltrán, rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) inició su gestión, declaró que solo tenía recurso para pago de salarios hasta el mes de septiembre, y así fue. La UAEM es una de las 10 universidades públicas estatales en crisis, y pese a la negociación con todas las autoridades estatales y federales correspondientes, el 14 de octubre el SITAUAEM (Sindicato Independiente de Trabajadores Académicos de la UAEM) estalló en huelga por falta de pago y en demanda de que se garantizara los recursos necesarios para pagar las catorcenas hasta el término del año, la huelga se levantó cinco semanas después pero los problemas permanecen.

En un inicio el sindicato exigía 640 millones de pesos, monto necesario para pagar las catorcenas de adeudo y las prestaciones de cuatro meses, sin embargo, cinco semanas después de haber iniciado la huelga se levantó con el depósito de 60 millones de pesos, lo que correspondía a solo las dos catorcenas transcurridas y un acuerdo firmado por el comité, la rectoría y el gobierno, en el cual el gobernador se comprometió a interceder, junto con autoridades universitarias, ante el gobierno federal.

A pesar del acuerdo, la segunda catorcena de noviembre y la primera de diciembre no fueron depositadas en el tiempo acordado y la responsabilidad siguió siendo evadida entre el gobierno federal, estatal y la rectoría, lo que generó nuevas rispideces en lo que fue la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador, con lo que se esperaba la pronta resolución del problema, pero se obtuvo la declaración de auditoría y “reingienería” de la universidad como requisito inmediato para la entrega de cualquier recurso. Además, a esto hay que sumar la aprobación del presupuesto para educación del 2019 con recorte.

Actualmente existe una fuerte pugna entre dos grupos de poder al interior de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) que restringe las acciones conjuntas y limita también la lucha de los gremios. Pese a que se levantó la huelga los recursos seguirán siendo insuficiente y el 2019 iniciará con conflictos por recortes a las prestaciones y derechos conquistados.

En este contexto, surgieron nuevas protestas durante la última semana de clases, está vez encabezadas por el STAUAEM (Sindicato de Trabajadores Administrativos de la UAEM), en una jornada de tres días: el 17 de diciembre realizaron paro de brazos caídos, el 18 bloqueo de los accesos de carreteras y autopista a la capital del estado durante 14 horas y el 18 la liberación simultánea de las casetas de Tlalpan, Alpuyeca y Oacalco durante 5 horas. Mientras que en otras universidades públicas, también en crisis por falta de pago y en desacuerdo con el presupuesto aprobado por el gobierno federal para educación, realizaron protestas similares.

Con la “rectificación” de AMLO al presupuesto se ha otorgado recurso extraordinario para el pago de dos de las tres catorcenas pendientes este año, el aguinaldo y vales de despensa, pero aún está pendiente una catorcena, diversas prestaciones para los sindicalizados, estímulos de profesores investigadores, cotizaciones al IMSS y al INFONAVIT, así como pago de servicios entre los que se encuentran los trabajadores de seguridad privada que también perciben salario de manera irregular.

El problema no está resuelto, ni cerca de estarlo. Se tiene el emplazamiento para el 1 de febrero de 2019 de la revisión salarial del STAUAEM y la revisión contractual del SITAUAEM. La SEP aún no ha reconocido el aumento de matrícula y de plantilla laboral acaecida durante la anterior rectoría, se han aprobado un nuevo reglamento de estímulos donde se duplica la cantidad de trabajo que debe realizarse para obtenerlos y un nuevo esquema de tarifas de cobros para estudiantes.

Cinco semanas de lucha y solidaridad

La huelga duró cinco semanas y se desarrolló en medio del cambio de gestión de gobernador y el periodo de transición del presidente, durante el cual las autoridades no dieron ninguna solución, mientras tanto el SITAUAEM amenazaba con radicalizar acciones y la Rectoría llamaba a tener paciencia, al tiempo que aseguraba que la negociación avanzaba.

Cabe destacar que durante el tiempo que duró la huelga hubo gran solidaridad y apoyo de parte de la sociedad, especialmente de los estudiantes, quienes constantemente visitaban las guardias, llevaban alimentos, sin embargo la solidaridad está ahora mermada por los actos de corporativismo al interior del sindicato, que anteponen intereses particulares a los del conjunto de trabajadores y estudiantes.

En medio de la huelga se llevaron a cabo elecciones de comité directivo del sindicato resultando la reelección del comité como planilla única, iniciando así su 5to periodo el secretario Mario Cortez. Al mismo tiempo surgió una convocatoria estudiantil independiente a la FEUM (Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos) – estructura corporativista controlada por el SITAUAEM- que realizó diversas acciones de apoyo y protesta para exigir no solo el pago a los docentes sino un presupuesto digno.

Dicha organización también expresó su descontento por el fin de la huelga sin una solución definitiva, rechazando la consigna de que era “por el bien de los estudiantes” y por el buen término de su semestre, una falacia, ya que no habrá condiciones para un adecuado estudio con los recortes a las universidades.

Las condiciones de las universidades públicas estatales no mejorará con la nueva gestión, sino al contrario, incluso fuimos testigo de cómo ahora fueron golpeadas las públicas federales con un recorte del 6% que rápidamente convocó a la comunidad UNAM a manifestarse, ante lo cual la “rectificación” de AMLO paró toda movilización y hasta quedó bien, pero incluso la nueva cifra está por debajo del recurso necesario.

Queda claro que todas las universidades públicas serán afectadas por las medidas de recorte y obligadas a la “reingeniería” que implica si, recortar salarios de altos funcionarios, pero ante todo el recorte a las pensiones y otras prestaciones de los sindicatos, el fomento a los recursos “autogenerados” y una mayor restricción a la educación para la juventud trabajadora.