¿Por qué el feminismo no resuelve los problemas de la mujer trabajadora?

Lizeth Flores

Las propuestas del feminismo para enfrentar la violencia que sufrimos las mujeres ocultan su carácter de clase, pensar que estos problemas son de “género” niega el verdadero problema: la lucha de clases.



Ante la situación de violencia y explotación que actualmente vivimos las mujeres en México han surgido varias alternativas que aseguran combatirlas. Una de ellas es el feminismo, el cual tiene su sustento en la ideología burguesa y pequeñoburguesa, el cual asegura ser la “solución” y camino para nuestra emancipación y seguridad. Pero, ¿de verdad es la solución que necesitamos?

La violencia de género es parte de los problemas que enfrentamos las mujeres de la clase trabajadora y sectores populares, como parte de esta violencia somos víctimas del asesinato -al que el derecho burgués ha tipificado como feminicidio-. En México todos los días son asesinadas 6.2 mujeres y la mayoría de los asesinatos ocurren en los barrios y colonias populares y en las principales rutas de trabajo que nos vemos obligadas a atravesar, sin una seguridad que abarque nuestra ruta diaria laboral.

Frente a la violencia desbordada que enfrenta la mujer trabajadora, el feminismo burgués señala al hombre como el responsable y pone en el centro de la discusión el antagonismo de género, esto es; mujer vs hombre. Las mujeres obreras vivimos en una sociedad descompuesta y barbarizada por la explotación que los monopolios ejercen sobre hombres y mujeres, es decir, el capitalismo. En este sentido, las propuestas del feminismo para enfrentar la violencia que sufrimos las mujeres ocultan su carácter de clase, pensar que estos problemas son de “género” oculta el verdadero problema: la lucha de clases.

Los lugares con las estadísticas más altas de feminicidio son los barrios obreros, esta es la realidad que oculta el feminismo: ¿por qué una mujer se encontraría caminando a las a las 5:00 am o a las 11:00 pm en calles de una zona fabril? ¿Por qué pese a la inseguridad las mujeres siguen repitiendo la rutina diaria? Estas son preguntas que las mujeres burguesas o pequeñoburguesas no se hacen, para ellas el problema no es de clase, sino de género.

Los intereses de las mujeres burguesas y las proletarias son antagónicos, mientras que las primeras se ven beneficiadas con el sistema de explotación nos someten a las segundas y nos vemos obligadas a viajar grandes distancias, a exponernos y trabajar, muchas de las veces, en condiciones miserables.

Es por estas razones que las mujeres trabajadoras debemos enarbolar las consignas y demandas de nuestra propia clase. Debemos reclamar condiciones y derechos laborales dignos. Las mujeres trabajadoras no necesitamos de la igualdad de género que promueve el feminismo, no necesitamos a una mujer empresaria que nos brinde precarización laboral, tampoco basta un protocolo para defendernos de un agresor ni la “sororidad”. Lo que requerimos es la fraternidad entre nuestra misma clase y conciencia de ésta para organizarnos y atender las problemáticas que la mayoría de las trabajadoras y trabajadores enfrentamos todos los días.

Las comunistas tenemos claro que la organización y la lucha de las mujeres por nuestros derechos debe ser de la mano de nuestros hermanos de clase y que la violencia de género y las demás problemáticas que aquejan a nuestra clase sólo se resolverán de fondo cuando se golpee con firmeza y en conjunto, hombres y mujeres, al capitalismo que somete a hombres y mujeres al pauperismo, solo un cambio de sistema económico puede hacer posible la emancipación de la mujer trabajadora.