Discurso del Secretario General del CC Dimitris Koutsoumpas en el acto por el centenario del KKE

El Comunista

Primera parte

Ya caminamos en el siglo que fluye, en la época del paso necesario del capitalismo al socialismo.



Camaradas:

Ya caminamos en el nuevo siglo con nuestros símbolos ya conocidos, la hoz y martillo, nuestros principios, la ideología marxista-leninista, comunista, nuestro programa moderno y la bandera roja en lo alto: “Proletarios de todos los países uníos”.

Ya caminamos en el siglo que fluye, en la época del paso necesario del capitalismo al socialismo.

En una época en la que muchos nos decían y nos dicen que “el mundo en putrefacción se revitalizó y nuestros levantamientos están fuera del clima»…

Pero la historia misma de la lucha de clases irreconciliable les desmiente. Los claveles rojos, las consignas, las banderas, los puños en alto la canción moderna de los niños pequeños “que no toleran la injusticia”, les desmienten.

Los 100 años de historia del Partido Comunista de Grecia les desmiente. Los miles de personas anónimas y conocidas que, con su lucha y su sacrificio, escribieron página por página esta historia impresionante.

Honramos a todos aquellos que con humildad escribieron “no hicimos nada grandioso”.

Expresamos nuestra gratitud a todos y a todas que se quedaron firmes estos 100 años.
A todos aquellos que, como Dimitris Hatzis escribió en Mourghana:

Ellos creen en su propia justicia y por eso que están combatiendo bien.
Son conscientes de su tarea, por lo que están disciplinados a su grupo y mueren cuando es necesario.
En la convivencia armoniosa del grupo disciplinado, el corazón se calma y el espíritu se equilibra.
Aman a sus camaradas y a su país, anhelan la victoria.
Son simples y felices.
Por eso cantan tanto.
Aman la vida, sus bienes, la paz.
Son tranquilos y emocionales.
Es por eso que se conmueven tan fácilmente y lloran por lo más simple.
Así son todos ellos.
Luchan bien, cantan mucho y se lloran por lo más simple.

En los tiempos difíciles en los que vivimos, el KKE asumió la tarea de levantar al sol de nuevo, a elevar la altura de los obreros.

Y entonces descubrimos que no basta solo con cantar “ayúdennos a levantar el sol un poco más”, tuvimos que llevarlo en nuestros hombros.

Tuvimos que escribir nuevas canciones. Y eso es lo que hicieron miles de jóvenes comunistas, porque tomaron y mantuvieron la batuta de los camaradas más antiguos de los primeros núcleos comunistas, los combatientes de EAM (Frente de Liberación Nacional), de ELAS (Ejército Nacional de Liberación Popular), de los combatientes del Ejército Democrático de Grecia (DSE), todos los que aguantaron durante los años de piedra, en la dictadura, en todas las curvas de la lucha de clases.

Mantuvimos esta batuta firmemente, no se nos cayó de las manos.

Por eso, cuando bajaba la bandera roja del Kremlin, nosotros gritábamos: ” Mantengan la bandera en alto, camaradas, la esperanza está ahora en la lucha de los pueblos”.

Hemos caminado a contracorriente, nos hemos tapado los oídos ante las sirenas, no les hemos hecho el favor a algunos amigos y camaradas que querían esperar, ir poco a poco que nos pedían hacer compromisos.

No lo hicimos, y resultó que hemos hecho lo correcto, porque sabíamos que el resultado sería vacío, peligroso.

Y no lo hicimos porque nuestro Partido, con sus 100 años de experiencia, no puede darse el lujo de cometer algún error que haría al movimiento retroceder, le restaría la posibilidad de reagruparse, pasar a la ofensiva, seguir adelante y marcar al poder bárbaro de los explotadores.

Yendo a contracorriente, ganamos la conciencia de nuevos luchadores con la consigna más simple y al mismo tiempo más significativa que nació en los caminos de la lucha:

SIN TI LOS ENGRANAGES NO GIRAN. OBRERO, SÍ PUEDES SIN PATRONES

Con este lema hablamos diariamente al corazón y a la mente de los obreros, de los desempleados actuales, a los hombres del trabajo.

Ahora que cada palabra del KKE está confirmada por la vida misma, estamos orgullosos porque no retrocedimos ante situaciones difíciles.

Porque hemos mantenido la misma postura de vida con miles de luchadores.

Estamos orgullosos porque no firmamos declaración de sometimiento al sistema de la explotación.

Estamos orgullosos de haber sido coherentes con la citación de Lenin: “Digamos la verdad, y la verdad otra vez, incluso si es desagradable”.

Hemos dicho la verdad, que para muchos fue desagradable…

Amigos y amigas, camaradas:

Hemos dicho y seguimos diciendo la verdad.
Revelamos que la democracia parlamentaria burguesa es una forma de ejercicio del poder capitalista. No puede ocultar su carácter y su contenido, que de hecho es una dictadura del capital, una dictadura de los monopolios.

Porque, independientemente de la forma del sistema político, el estado sigue siendo de clase, antipopular, orientado a la intensificación de la explotación de la clase obrera y la opresión de las capas populares no solo en la fase de la crisis económica capitalista, sino también en la fase de crecimiento capitalista. Esto, por supuesto, no ha cambiado en los años del gobierno supuestamente de izquierda. Todo lo contrario.

La experiencia de 100 años de nuestra historia ahora nos da la oportunidad de tener un frente ideológico-político estable en contra de cualquier forma de dictadura del capital, y la ideología nazi-fascista. Revelas que la burguesía y sus partidos no se comprometen ni con la democracia burguesa que ellos mismos han establecido con una legitimidad burguesa limitada.

Cuando lo consideran necesario, proceden a golpes militares y políticos, a la suspensión de sus propias leyes, para intensificar la violencia del estado y de cualquier otra forma, la represión, la suspensión cualquier libertad política, sindical u otra.
Hemos dicho la verdad sobre SYRIZA antes de que él tomara su lugar al lado de los partidos burgueses para continuar en el mismo camino antipopular.

Hemos advertido que cada gobierno burgués, independientemente de sus consignas, las intenciones, su nombre, será antipopular desde luego, igual e incluso peor que el anterior, porque el poder de los monopolios y, por lo tanto, de sus órganos y sus gobiernos será igual y peor para el pueblo. Lo comprueba la vida misma, los derechos de la clase obrera.

La báscula que mide las pérdidas de la clase obrera y del pueblo está hundida en el nivel más bajo, porque los salarios y las pensiones se han hundido también, y lo mismo pasa con los derechos sociales y laborales. Y cuanto más peso se carga al pueblo, más ganancias se prevén por el capital.

SYRIZA, en los cuatro años de su gobierno, se le cargó al pueblo un memorándum más, el tercero, cientos de leyes antipopulares, superávits sangrientos y una deuda que correrá a cargo las generaciones que aún no han nacido.

Y todo esto para que la clase obrera pague la crisis económica y los antagonismos del capital en los Balcanes, en Europa, en todo el mundo. Así funciona la báscula del capitalismo: cuando la clase trabajadora pierde, el capital gana.

SYRIZA ha tenido suficiente tiempo para materializar los requisitos del capital uno tras otro, para enorgullecerse hoy de que su gobierno ha tenido éxito ahí donde otros fracasaron. Ha tenido suficiente tiempo para reducir aún más las exigencias de un pueblo que, para sobrevivir en la crisis, debía aceptar las migajas y reconciliarse con lo mínimo.

De hecho, la reciente, según ha dicho Tsipras, absolución de los memorandums, la aún mayor ofensa contra todos aquellos que en los últimos años lucharon, se opusieron a las medidas antiobreras, defendieron sus derechos y conquistas, es un parte de su contribución al sistema.
Invierte en la frustración, el fatalismo y compromiso porque quiere hacer estancar, aplastar al movimiento obrero y popular. Lo quiere en los límites del sistema, con objetivos dentro de los límites de la factibilidad, es decir, al umbral de la pobreza, y remite cualquier lucha por cambios radicales igual de lejos como la Segunda Venida.

SYRIZA, que tomó la posición de la socialdemocracia en el sistema político burgués, conservando su núcleo oportunista, aventurista, demostró que fue capaz de cumplir esta misión más fácilmente que ND y también PASOK, que está en bancarrota.

Sus gobiernos han comprobado que son más eficaces para el capital, para la burguesía, la UE y los EE.UU. Principalmente debido a su capacidad de amortiguar la resistencia popular, de manipular el radicalismo, de asimilar conciencias.

A fin de cuentas, por esta razón disfruta del apoyo total del capital, que, por supuesto, cuando SYRIZA quiebre, no tendrá ningún problema en apoyar de nuevo un gobierno de ND.

Las falsas líneas divisorias en su confrontación con ND, se utilizan en el esfuerzo común de los dos partidos de ocultar su consonancia en los asuntos estratégicos, los que en última instancia resultan cruciales para la vida del pueblo.

Ni el deslinde entre el “viejo” y el “nuevo” sistema de partidos políticos, ni el falso dilema “progresista o conservador”, pueden ocultar que SYRIZA y ND junto a los demás partidos burgueses pelean entre sí por mostrarse más eficaces que los otros en apoyar el poder monopolista.

Es una provocación presentar la propuesta del gobierno para la revisión constitucional como “progreso”, ya que su propósito principal es asegurar la estabilidad del sistema y de sus gobiernos, independientemente de si la mayoría parlamentaria pertenezca o no a un solo partido, garantizar la continuidad burguesa de la maquinaria estatal, independientemente de la alternancia de partidos en el gobierno.
Esta aspiración es común tanto a SYRIZA como a ND, a fin de no perturbar la puesta en práctica de la política antipopular.

Y, desde luego, que el progreso no consiste en pasarle un nuevo barniz, un maquillaje al sistema político corrupto, que ha perdido su credibilidad ante el pueblo.

Progreso sería usar cualquier dificultad, cualquier fallo o inestabilidad del sistema bárbaro para que el pueblo pueda detener el proyecto antipopular, poner obstáculos, ganar tiempo para la organización de su contraofensiva.
El progreso, finalmente, consiste en el aumento de la desconfianza y del descontento popular hacia el sistema político burgués podrido y en la unión de este descontento con la propuesta política de salida del KKE.

En esta propuesta política, en la consolidación del KKE, en el fortalecimiento de la lucha anticapitalista y del reagrupamiento del movimiento obrero, en el reforzamiento de la alianza social se encuentra la fuerza que puede detener el ascenso de la extrema derecha, del nazismo, del fascismo.

Y no en los diversos “frentes” y “alianzas” de SYRIZA, que está tratando de poner nuevas trampas para atrapar a todos aquellos que tienen memorias vivas, patrimonio de lucha y voluntad para actuar contra la extrema derecha, contra el nazismo.

El ascenso de la extrema derecha, del nacionalismo no se puede impedir por el que ha asumido el papel de abanderado de la OTAN, porque la propia OTAN apoya a fuerzas nacionalistas e incluso fascistas, para promover la política de “divide y vencerás”.

No se puede impedir por el que firma acuerdos para resolver supuestamente las diferencias en torno al nombre, pero que en verdad lo hace para promover la integración de ARYM en la “alianza de los lobos” que es la OTAN, dejando espacio para el irredentismo, y, de esta manera, incluso dándoles pretextos a las fuerzas nacionalistas de nuestro país para cultivar su propio irredentismo bajo el lema conocido e históricamente infundado de que “Macedonia es una y es griega”.

El ascenso de la extrema derecha, del nacionalismo no puede impedirse por el que en cada oportunidad exculpa al imperialismo estadounidense, caracteriza a Trump, que ha apoyado a KuKluxKlan, de “diabólicamente bueno”, se retrata con los nazis del Amanecer Dorado en Kastelorizo y tiene la responsabilidad principal del inaceptable retraso en el juicio de la organización criminal (Amanecer Dorado), en consecuencia de lo cual los principales criminales nazi todavía están libres.

En cualquier caso, no puede serlo el que recoge elogios de parte de los altos funcionarios de la UE, la cual ha establecido como ideología oficial el anticomunismo, la teoría históricamente infundada de los dos extremos, la equiparación del comunismo con el nazismo.