Razones de nuestra política, o por qué los comunistas confrontaremos al gobierno de López Obrador

Pável Blanco Cabrera

“No vendemos ilusiones, es un camino sinuoso y el parto será doloroso, hablamos de la Revolución, y el protagonismo no es para un caudillo, sino para el proletariado”.



El primero de Diciembre el Partido Comunista de México se movilizó por las calles de la ciudad de México para presentar su oposición al USMCA, que es el nombre que en la renegociación se dio al TLCAN, suscrito por EEUU, Canadá y México y que entró en vigor el 1 de Enero de 1994; es sin duda un acuerdo interestatal imperialista, benéfico para los monopolios de las tres naciones, que aumentan sus ganancias, y perjudicial en todos los términos para toda la clase obrera de América del Norte. Otras razones de la movilización son las medidas anunciadas por Andrés Manuel López Obrador, quien tomó posesión del cargo de Presidente de la República ese mismo día.

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Desde que apareció en la vida política nacional, en noviembre de 1988, al renunciar al PRI para ser candidato del Frente Democrático Nacional al gobierno de Tabasco, y ello nos aclara que no fue parte del movimiento popular electoral en torno a la candidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en el crucial mes de Julio de ese año, sino hasta varios meses después. Pero una vez que renunció al PRI, López Obrador se vinculó a Cárdenas, acompañándolo en la fundación del llamado partido del 6 de Julio, el PRD, del que fue desde 1989 uno de los principales dirigentes, solo detrás de Cárdenas, Muñoz Ledo, Amalia García y Pablo Gómez. Hay que recordar que el PRD, partido socialdemócrata desde su origen, no obtuvo el registro, a pesar de su fuerza, por lo que tuvo que ocupar el registro del Partido Mexicano Socialista, es decir el registro que había conquistado el Partido Comunista Mexicano en 1979, como resultado de la reforma electoral de 1979.

El PRD, un partido de expriistas, excomunistas y otras fuerzas oportunistas, no se definió nunca como un partido de la clase obrera o de los sectores populares, sino como un partido ciudadano, un partido de los movimientos sociales, con una definición de izquierda, muy laxa, que se remitía exclusivamente a la definición de oposición al partido de Estado, y en sintonía con ello, impulsaron alianzas con el PAN, bajo su idea de una transición democrática, por lo cual colaboraron con la llegada de Vicente Fox a la Presidencia en el año 2000. En todo ese tiempo el recorrido de ese partido socialdemócrata fue corriéndose de la centro izquierda al centro, para finalmente integrarse como una fuerza política funcional del Estado mexicano, que es un Estado que representa la dictadura de clase de la burguesía y sus monopolios.

Y también Obrador fue deslizándose cada vez más a la derecha, lo cual pude apreciarse en su ejercicio gubernamental en la Ciudad de México en 2000-2006 y en sus candidaturas presidenciales en 2006, 2012, pero con mayor claridad en 2018. En el año 2000 los comunistas establecimos una alianza con él para el Gobierno de la Ciudad de México, la cual se rompió culminado el proceso electoral, ya que el pactó inmediatamente con Carlos Slim, y puede revisarse, pero su gestión, aunque maquillada por el asistencialismo, fue en servicio de los monopolios, con carácter abiertamente antipopular y antiobrero. Pero ello se profundizó con el pasar de los años, y ahora tiene solidas alianzas con varios grupos monopolistas, y además cooptó a buena parte del corporativismo sindical y social, que lideran Elba Esther Gordillo, Naopleón Gómez. Su candidatura fue, por los partidos que le postulaban de centro-derecha, con un pacto de impunidad que construyó, gracias a los oficios del empresario pinochetista Romo, con el presidente saliente Peña Nieto, lo que le permitió ejercer ya el mando inmediatamente después de las elecciones de julio, más allá de las formalidades.

Ello nos ha permitido tener una caracterización de su gobierno con suficiente anticipación. Mucho se expresó a lo largo de estos meses el falso argumento de que no tomaba aún posesión como Presidente, que era necesario esperar al primero de Diciembre, pues bien… el primer Mensaje a la Nación, dirigido a través del Congreso de la Unión confirma nuestras apreciaciones, e inclusive coloca otros asuntos graves que confirman la posición del Partido Comunista.

En primer lugar, las concepciones de Obrador, para el que no existe la lucha de clases, y en la que no encuentra el fundamento de las contradicciones sociales y la “pobreza artificialmente provocada”, desplazando toda explicación al problema de la corrupción en la función pública, pero por supuesto omitiendo, por ejemplo la gran corrupción que prohíjan los monopolios en las relaciones obrero-patronales con asuntos como los salarios que registran en el IMSS y los que realmente se pagan a los trabajadores; ese asunto de la corrupción tratado así, termina por maquillar que el problema real de nuestra sociedad es la apropiación privada de la riqueza socialmente creada con el trabajo asalariado, por lo que para Obrador su perspectiva es un capitalismo honesto, mientras la clase obrera es explotada, y se extrae salvajemente la plusvalía.

Otro asunto ideológico colocado por Obrador es la recuperación de la ideología burguesa de la Revolución Mexicana, que fue la ideología oficial de 1934 a 1982, años que el añora, pero que no olvidemos que es la referencia a los opresivos gobiernos del PRI, de Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos, Díaz Ordáz, Luis Echeverria y López Portillo. Como hemos venido insistiendo, elegir entre neoliberalismo y keynesianismo es un falso dilema para los trabajadores, y una táctica equivocada para los revolucionarios. En función de esa base ideológica es que se prepara la restauración de todos los mecanismos corporativos de control social, puesto que es el principal compromiso y tarea de Obrador, atenuar el conflicto social, con demagogia, limosnas y un nuevo corporativismo.

López Obrador confirmó su alianza con Trump y el nuevo TLC, y después vil retórica mencionó a Bolívar y Martí; ratificó las ZEE y garantizó todos los acuerdos internacionales, benéficos por supuesto al capitalismo; presentó una garantía para los monopolios en temas de impuestos, desvalorización del trabajo y maximización de ganancias. En una pirueta insostenible lanzó loas al Ejército Mexicano, al que llamó revolucionario, blanqueando todos los crímenes de Estado, el terrorismo de Estado, del ejército que a masacrado a nuestro pueblo. ¿Cómo es posible que al cumplirse 50 años de la lucha estudiantil de 1968, a la que él llamó precursora de la Cuarta Transformación, elogie al Ejército que reprimió y asesino a cientos en Tlatelolco? Pero al Presidente no le importa contradecirse en cada paso. Anunció la creación de la Guardia Nacional con la fusión de la Policía Militar, Policía Naval, Policía Federal, Policía Política (CISEN) y 50 000 efectivos del Ejército, cuerpo represivo que se conforma según el modelo indicado por el Comando Sur de los EEUU, que anula las garantías individuales, el derecho de amparo, que militariza el país con facultades extrajudiciales para allanar domicilios, detener, reprimir…y asesinar.

El Sexenio de Obrador será pues un gobierno de los monopolios, como los anteriores sexenios del PRI y PAN, con marcado carácter antiobrero y antipopular. Por ello el pacto de impunidad y la amnistía para Peña Nieto, y los gobiernos anteriore.
Estamos pues frente a un gran fraude político, pues el caudal de votos indicaría otra dirección.

La alternativa, luchar por el poder obrero

Frente a ello, los comunistas no tenemos derecho a esperar más señales, tenemos suficientes elementos para la confrontación política, aún a contracorriente, para abrir paso a paso un movimiento anticapitalista y antimonopolista que en verdad coloque una alternativa a los grandes problemas nacionales, a la vida de hambre, miseria y muerte de los trabajadores y sectores populares. No vendemos ilusiones, es un camino sinuoso y el parto será doloroso, hablamos de la Revolución, y el protagonismo no es para un caudillo, sino para el proletariado.