El Comunista


Rintex: Aunque los obreros no asuman la lucha de clases, los burgueses sí lo harán

Sección Sindical del Comité Central del PCM :: 02.02.19

Cada vez que los burgueses pisotean la ley, cada vez que se burlan de su propia legalidad, nos enseñan a los trabajadores la necesidad de hacer trizas esa ley en favor de una nueva. Una ley que tenga por base que la propiedad sobre las fábricas y herramientas es de quienes las trabajan.

Rintex es una fábrica de textiles en el estado de Morelos, dedicada a elaborar playeras. Sus obreras costureras, estampadoras, etcétera, mujeres la mayoría, producían hasta 80,000 prendas a la semana, en donde el principal cliente corporativo de la empresa era GAP.

Cada playera, una vez salida y enviada al mercado norteamericano, se vendía 10 veces por encima del precio de producción. Y esta fabulosa riqueza de decenas de millones de pesos al mes era repartida entre capitalistas de los almacenes de ropa, de las tiendas departamentales, de las empresas de logística, de la industria hilandera, de la industria de la moda, así como por los accionistas mayoritarios y directivos de la fábrica misma –Juan José del Rincón y Anabel Croswell.

Pero en esa repartición de la riqueza creada por las obreras parece ser que no alcanzaba para darles a las obreras las utilidades completas, las vacaciones de ley, las horas extra pagadas conforme a ley, las condiciones de seguridad e higiene, o siquiera un contrato definitivo por plaza en lugar de contratos temporales extendidos más allá de lo permitido.

Ante estos problemas y otra serie de abusos, como despidos tras accidentes, o como lo había sido el acoso y los tocamientos por el personal de seguridad, las obreras buscaron a dónde recurrir. El problema es que el “Sindicato” al que las obreras eran forzadas a afiliarse al entrar al trabajo es uno de la CROC llamado “Mártires de San Ángel”. Dicho sindicato solo lo es de nombre, pues, aunque cobra las cuotas, su actuación en defensa de las trabajadoras es nulo, jamás rinde cuentas, ni organiza elecciones o asambleas. Prácticamente lo puso para su propia protección el patrón, es su herramienta tanto como lo es la barda perimetral o la cerca de púas. Por ello las obreras hubieron de buscar cómo crear su propio sindicato, uno que fuera herramienta de las trabajadoras para su defensa.

Así, un grupo de trabajadoras se capacitó en talleres sobre como formar su sindicato y comenzaron la lucha por conquistar a la mayoría de sus compañeras. Nueve de cada diez obreras estaban de acuerdo con ellas en lo general, con sus demandas y planteamientos, pero a la hora de dar un apoyo concreto, a la hora de firmar el formato para afiliarse a muchas les temblaba la mano y se excusaban.

Cuando los afiliados del sindicato independiente se acercaban peligrosamente a la mitad de la plantilla laboral, el patrón decidió atacar. Corrió al grupo de compañeras y compañeros que encabezaban el movimiento, esperando con ello acabar con el problema. La dirigencia del sindicato independiente sin embargo se mantuvo en protesta en la puerta de la fábrica, hizo denuncia pública del hecho, metió demanda por la vía legal y se acercó a las organizaciones del “Pacto Morelos”, entre las que se encuentra el Partido Comunista, para fortalecer su lucha con la solidaridad de sus hermanos de clase.

En protesta por el despido y el comportamiento despótico que empezó a imperar dentro de la planta un grupo numeroso de trabajadoras se fue a paro. El patrón respondió despidiendo a 50 trabajadores más a finales de mayo, aprovechando además para negarles arbitrariamente el pago de utilidades que ya merecían por su trabajo de todo un año.

Las compañeras montaron un plantón a puerta de fábrica y diario sostuvieron una protesta a lo largo de lo que sería una jornada laboral. Las compañeras ofrecieron negociar su reinstalación con los dueños, esperando que en éstos cupiera la prudencia de evitar un escándalo mayor que le diera al traste a su propio negocio –pues es responsabilidad de los patrones cumplir con sus obligaciones, y no de los trabajadores el soportar violaciones en su contra-. Sin embargo ante la cerrazón de la patronal las compañeras mantuvieron su demanda y su lucha ante todas las instancias, y atrajeron los reflectores sobre de los abusos cometidos en la fábrica.

Las organizaciones sindicales independientes hicieron acto de presencia, el Partido Comunista activó la solidaridad con boteo por parte de su estructura a lo largo del país. Se dieron actividades políticas y culturales en el campamento.

Durante este mes transcurrieron los días decisivos, el momento de triunfo o derrota. Las obreras activas podían inclinar la balanza uniendo su afiliación a la de las compañeras para iniciar la demanda de recuento, y para que un Sindicato Independiente se hiciese cargo de negociar colectivamente la reinstalación y las futuras condiciones de trabajo.

Sin embargo, la empresa, de voz de Anabel Croswell, prometió trabajo seguro y apoyo a quienes no se acercaran a las compañeras que impulsaron el movimiento por un Sindicato Independiente. Inclusive dijo que “En caso de haber necesidad de recortes a ustedes se les dará la liquidación completa”. El apoyo que requirió la empresa fue la firma obligatoria de una carta donde se denunciaban “las calumnias” del grupo de compañeras despedidas, que básicamente todo estaba bien, que apoyaban al sindicato charro, y que solicitaban al gobierno municipal y estatal “desalojara el campamento porque nos están acosando”.

Finalmente ese primer grupo, agotadas las posibilidades, y tras múltiples acciones de presión aceptó el pago de su liquidación. Unos meses después, las trabajadoras que creyeron salvar su pellejo al “no andar de revoltosas”, que creyeron que alejándose de la lucha colectiva salvaban sus intereses individuales descubrieron que no podían estar más equivocadas. A principios de Octubre se despidió a otra centena de trabajadoras, se redujo a 700 pesos semanales el salario y se retiraron todas las prestaciones. Ante la inconformidad que mostraron un par de días después fueron despedidos otros 50 trabajadores.

Las palabras de Croswell fueron “No les daremos ni un centavo más de finiquito que lo que ya ofrecimos ($10,000 a personas que llevaban laborando 10 o hasta 15 años), pagaremos abogados para prolongarlo indefinidamente si intentan demandar”, “No les debemos nada, ni ningún apoyo, ni ningún favor”, etc.

El segundo grupo de trabajadores despedidos ha extraído poco a poco la lección. Tuvieron que agruparse para defenderse, para apoyarse mutuamente, durante Octubre y Noviembre han protestado en las calles, las plazas públicas y las oficinas de gobierno. El gobierno de Cuauhtémoc Blanco les responde que “¿Para qué hacen tanto ruido?, No es necesario y es incorrecto.” Al mismo tiempo les contesta a su exigencia por una liquidación justa que “No está en nuestra competencia, es un asunto federal.”

El movimiento continúa, se ha interpuesto la demanda por reinstalación y/o justa liquidación. Inclusive las obreras más desconfiadas ahora tienen claro lo que significan las promesas de los patrones, las palabras dulzonas de los gobernantes, y la diferencia entre los sindicatos charros y los que sirven a la clase obrera. Cada vez que los burgueses pisotean la ley, cada vez que se burlan de su propia legalidad, nos enseñan a los trabajadores la necesidad de hacer trizas esa ley en favor de una nueva. Una ley que tenga por base que la propiedad sobre las fábricas y herramientas es de quienes las trabajan.


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