Del triunfo de López Obrador al ocaso de la esperanza

Ángel Chávez, Jorge Méndez

¿A favor de quién gobernarán López Obrador y MORENA? La disyuntiva es muy clara: no se puede servir a dos clases sociales contrarias…



El triunfo de López Obrador ha sido presentado por algunos como una resplandeciente esperanza, pero lo que en realidad significa es que ante la situación de miseria y explotación que padecen los trabajadores en México existe una verdadera voluntad de cambio, así como un hartazgo de millones de trabajadores que ya no quieren seguir viviendo como hasta ahora. Sin embargo, la voluntad de cambio no basta para mejorar en los hechos las condiciones de vida de las masas trabajadoras, se requiere de una forma de lucha adecuada y una ruta muy bien trazada para alcanzar la victoria definitiva.

¿A favor de quién gobernarán López Obrador y MORENA? La disyuntiva es muy clara: no se puede servir a dos clases sociales contrarias, se está con la patronal o con la clase obrera. López Obrador y MORENA son representantes de un grupo de monopolios capitalistas, y como prueba de ello basta con ver quiénes son sus más cercanos colaboradores, los acuerdos que ha establecido con empresarios y su discurso de triunfo en el zócalo, en el cual declaró que se respetará la “libertad empresarial”. Es decir, Obrador defenderá el régimen de explotación, por lo que es falso que su triunfo genere condiciones favorables para los trabajadores en la confrontación obrero-patronal.

Pero lo dicho hasta aquí no son formulas generales o peroratas teóricas, sino parte de los análisis concretos y conclusiones del proceso vivo. Tal cosa no ha tardado en comprobarlo la realidad, y a dos meses del triunfo de Obrador ha dado mayor claridad sobre el carácter de clase de su gobierno con una serie de acciones políticas: mantener al ejército y la marina en las calles, al igual que la Ley de seguridad interior; la continuación de megaproyectos (el Tren Interurbano Toluca-México, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y el famoso Tren Maya) que significan una muy intensa explotación de trabajadores, que golpean el medio ambiente, aplastan la economía de miles de pequeños productores y las condiciones de vida en general de amplias masas populares; el asentimiento a las Zonas Económicas Especiales; el respeto a los contratos hechos por petroleras extranjeras lo que es dar un paso atrás en su anunciada lucha contra la “privatización” del petróleo y demás energéticos; afirmar que “sólo se mantendrá” el presupuesto para la ciencia, la tecnología, la cultura, y para las universidades, con lo que también falta a sus promesas de campaña; entre otras políticas dañinas a los trabajadores.

La lista de las políticas anti populares a las que da continuidad el gobierno de Obrador es larga, pero entre las que mejor evidencia la naturaleza de clase del nuevo gobierno en que no se haya hablado, de un asunto fundamental que es la reforma laboral, pero sí de proponer aumentar la edad de jubilación de 65 a 68 años. Esto es muestra de que no le preocupa realmente el mejoramiento de las condiciones de trabajo y las condiciones de vida generales de las masas trabajadoras. Pero aún se pueden sumar más elementos, por ejemplo los últimos nombramientos para importantes puestos de gobierno y administración pública: Germán Martínez (ex-panista, funcionario del gobierno de Felipe Calderón), como titular del IMSS, y el priísta Luis Antonio Ramírez, como titular del ISSSTE, sólo por mencionar a los ejemplos más recientes.

Con todos estos elementos la esperanza está cuando menos oscurecida, pero aún hay quienes se empeñan en mirar un panorama favorable y sale en defensa del gobierno electo pidiendo que por lo menos se dé tiempo a que Obrador asuma la presidencia, cuando es evidente que ya está gobernando y dando instrucciones a los diputaos y senadores de MORENA. Otros más piensan que no se pueden pedir cambios expeditos pues el país no está en las condiciones para que se den ahora, lo que contradice la afirmación de Obrador de haber recibido un país estable y sin crisis económica. Esto muestra que este gobierno es la continuidad de la dominación de los monopolios.

Pero se cierne sobre la esperanza otra serie de acciones que la opacan aún más con acto contrarios a la bandera de la honestidad que había levantado MORENA. El caso más claro es el de las “grandes maniobras”, como le llamaron a la negociación con el Partido Verde Ecologista de México, acción que le permitió a MORENA tener mayoría absoluta en la Cámara de Diputados a cambio de la licencia al senador Manuel Velasco para culminar su período como gobernador de Chiapas. Estas “grandes maniobras”, de haberlas realizado el PRI o el PAN, serían presentadas, con toda justicia, como vulgares métodos de la “mafia del poder”, pero hoy se revisten de necesarias y aplastan la a los diputados verdaderamente honestos que en un principio se habían opuesto otorgar la licencia a Manuel Velasco, pero que luego rectificaron su voto para cumplir con las necesidades de la “cuarta transformación”. El nuevo gobierno también ha anunciado el “perdón” a los que resulten implicados en el caso Odebrecht y adelantado que no se juzgará la evidente culpa de Rosario Robles. Así inicia el desvanecimiento de la lucha contra la corrupción.

En definitiva, poder de los monopolios y la explotación capitalista va a continuar, demostrando que las elecciones no son un cambio de régimen, pues siguen gobernando los monopolios, aunque ahora con el respaldo que les da el disfraz de izquierda que usa MORENA. Estamos ante la recomposición de la hegemonía de la burguesía.

La esperanza muy pronto se está opacando, o tal vez mostrando que su brillo es falaz, es el brillo de la falsa esperanza. La única esperanza de México son los millones de trabajadores que todo lo producen, que hacen funcionar la industria en la ciudad y el campo, en fábricas y puertos: la clase obrera organizada. Por tanto el interés de clase es el norte verdadero, la unidad de los explotados contra los explotadores se debe anteponer al discurso de Unidad Nacional, que en nombre del interés “superior” de la nación mexicana, pide se olvide la explotación cotidiana, la miseria de casi 60 millones, las largas jornadas laborales y los míseros salarios.

Para aceptar el ocaso de la esperanza para algunos bastará ver que su enemigo de clase (el empresario) está detrás de MORENA, para poner en duda que el futuro gobierno le será benéfico, a otros la experiencia viva se lo demostrará. Pero los estos y aquellos, sin importar por quien votaron, requieren continuar su organización en fábricas, oficinas y barrios dentro y junto a un Partido de clase obrera, un Partido independiente de los empresarios, el Partido Comunista de México, que busca para los trabajadores, no migajas, no un respiro momentáneo, sino ¡todo para la clase obrera!