Una lectura clasista de la cuestión del Aeropuerto

Ángel Chávez, director de El Comunista

La construcción del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México (NAICM) ha generado gran polémica política. La propuesta de AMLO de someter a consulta el lugar para dicha obra ha provocado una multitud de artículos en periódicos y revistas políticas, pero hasta el momento ningún texto ha revisado la cuestión del NAICM desde un punto de vista clasista, es decir, desde el significado que tiene para los trabajadores y sectores populares. Dentro del espectro de organizaciones de “izquierda” ha tomado revuelo la cuestión, pero ha sido reducida a la disyuntiva de su construcción en Texcoco o en Santa Lucía. Dado que la palabra “izquierda” ha sido apropiada para ser utilizada desde las posiciones liberales, socialdemócratas, reformistas, el análisis y la posición de los comunistas no debe coincidir con estos grupos políticos.



Derivado de la falsa disyuntiva (construcción del aeropuerto en Santa Lucía o Texcoco), los argumentos que parecerían objetivos y más sólidos son aquellos que se apoyan en los pros y contras de la construcción del aeropuerto en uno u otro lugar. En este camino nos encontramos con una variedad de ámbitos entre los que se puede citar, en contra de que la construcción sea en Texcoco, la cuestión ambiental, el ecocidio, las alteraciones climáticas, la especulación inmobiliaria, la corrupción, el costo, los estudios de suelo que cuestionan la viabilidad y, ahora en menor medida, la cuestión de los campesinos despojados. Si siguiéramos por éste camino el debate nos llevaría evaluar más pros o contras, pero consideramos que estos elementos, aunque importantes, no son los que determinan la dimensión política de la cuestión del aeropuerto desde una visión clasista. Pero hay que insistir: ésta es la dimensión política con que las organizaciones de “izquierda” han abordado la cuestión.

La cuestión del aeropuerto ha tenido revuelo en los medios de comunicación que pertenecen a los grandes monopolios, en buena medida porque también toca los intereses de los monopolios. Por esto surgieron notas con títulos como: “Con el NAIM, México juega con el apetito de inversionistas en próximas obras: OCDE” (Proceso), “Citibanamex: sería el “error de octubre” cancelar la nueva terminal” (La Jornada); “Credibilidad del país en riesgo si se cancela NAICM: CIMC” (La Jornada); “Cancelar al NAIM sería una mala señal para inversores, dice director de la BMV” (Expansión); “Cancelación del NAIM afectaría inversión extranjera y nacional: De la Calle” (El Financiero); etc. Pese a las discrepancias hay acuerdos comunes entre la burguesía, uno de los grandes inversores del aeropuerto en Texcoco, Carlos Slim declaró: “cualquiera de los dos, el de Texcoco o con la solución de Santa Lucía… conveniente que se haga una licitación para que sea operado por privados”, es decir el acuerdo común es que el aeropuerto esté al servicio del capital privado.

Si bien, la consulta puede generar malestar para algunos monopolios, éstos llegarán a un acuerdo, como lo hicieron al elegir a AMLO como gobernante, y la disputa del aeropuerto quedará saldada, cualquiera sea el resultado de la encuesta y cualquiera que sea la decisión que se tome el resultado en términos clasistas es el mimo: beneficio de los burgueses como clase que incluye a los grandes inversionistas de los monopolios. El Estado cuidará los intereses de los monopolios, de la clase burguesa en conjunto, aunque esto implique que algunos monopolios salgan más beneficiados que otros.

Ahora es claro que reducir la cuestión de la construcción del nuevo aeropuerto la disyuntiva sobre el lugar de su construcción no es una visión clasista sino sesgada y favorable a los explotadores. Una lectura clasista de la cuestión da por resultado que para los monopolios el resultado de la consulta y la final construcción del aeropuerto significa que ganen unos u otros miembros de la clase burguesa. Para los trabajadores el resultado es el contrario. Esta contradicción ha sido bien disfrazada por el gobierno con la propuesta de la encuesta, con la cual obtendrá legitimidad independientemente del resultado y podrá avanzar en la tarea de restaurar la hegemonía de los monopolios.

Abordar la cuestión del aeropuerto desde la cuestión ambiental o de despojo es insuficiente y oculta el carácter de clase de la problemática. Hasta ahora las organizaciones sociales de “izquierda” ven en la consulta la posibilidad de oponerse al ecocidio y despojo, pero no a la explotación. Visto de otro modo, en nada disminuirá la explotación y el número de pobres con la construcción del aeropuerto si se construye en cualquiera de los dos sitios propuestos, pero sí crecerán los capitales de los monopolios, pues ambos propuestas puestas a consulta surgieron con base en el interés de los monopolios y buscando su beneficio. Ésta es la visión clasista de la cuestión.

Es verdad que hace falta un nuevo aeropuerto, hacen falta puertos, carreteras y en general mayor infraestructura, lo que se debe reflexionar es sí los puertos, aeropuertos y carreteras deben seguir en manos del capital o si deben estar bajo control estatal y propiedad social. Al respecto AMLO y el gobierno de MORENA no han dado ningún paso en camino de las estatización de la infraestructura, lo que se demuestra que las alabanzas a la gestión de cardenista y las nacionalizaciones del Estado son únicamente discurso. Sumado a la incongruencia entre el discurso y la acción política, pensemos que las nacionalizaciones por si mismas no son un camino al socialismo, mientras el Estado esté al servicio de los empresarios, los beneficios serían para los empresarios. En otras palabras, además de control estatal, y propiedad social, se requiere un Estado de carácter obrero y popular, sólo de esta forma el aeropuerto y toda la infraestructura de comunicaciones y transportes estará al servicio de los trabajadores.
Respecto a la consulta sobre el lugar de la construcción del aeropuerto, al igual que en las elecciones de este año, las opciones que se presentan para elegir expresan únicamente los intereses de los monopolios, no hay ninguna que represente los intereses de los millones de trabajadores sectores populares. Partiendo de ésta lectura clasista podemos concluir que los comunistas rechazamos la consulta pues únicamente sirve para decidir dónde van a construir los monopolios.

Mientras la gestión socialdemócrata llama a reflexionar para responder su encuesta, los comunistas debemos llamar a reflexionar sobre la conveniencia, para los millones de trabajadores del país, de que aeropuertos, puertos y las empresas sigan al servicio del capital privado. En este sistema económico no puede haber una propuesta benéfica para el conjunto de la clase obrera y sectores populares ni puede existir una planificación, todo lo que se construya será en favor de los empresarios y bajo la anarquía dictada por el interés de la máxima ganancia.

En México no habrá ningún cambio esencial con la llamada “cuarta transformación”, los monopolios siguen dominando y en nada se atenuará la explotación. La cuestión del aeropuerto demuestra que este nuevo gobierno es sólo otra cara del enemigo de clase, un servidor más de los monopolios cuyo canto de sirena ha logrado cautivar a algunos. Por esto hay que reiterar una vez más que la única esperanza de cambio en México es la clase obrera.