El Comunista


¿Colaboración o confrontación?

Sección Obrero-Sindical del PCM :: 24.08.18

La lucha sindical frente al gobierno de AMLO

I
La situación de miseria y violencia que padecen los trabajadores en México ha llevado a consolidar una firme voluntad de cambio, la cual se expresó políticamente en la elección de un nuevo partido de gobierno MORENA encabezado por AMLO. Los comunistas hemos dicho que éste gobierno será, al igual que lo pasados, enemigo de los trabajadores y favorable a los empresarios. Para quienes ponen sus expectativas de una mejor vida en este gobierno socialdemócrata, las críticas al mismo se presentan como hostiles, pero saben que no son menos amargas pues si la realidad comprueba que las críticas son verdaderas, entonces el camino tomado se mostrará erróneo.

Entre las polémicas que se han abierto, además de la construcción del NAICM, la relación con los EUA y la reformulación del TLC, se abre una de importancia central: la cuestión sindical. A respecto hay quienes consideran que el triunfo de AMLO encierra posibilidades de retomar la lucha por la democratización de los sindicatos por que se dará un debilitamiento del sindicalismo corporativo o “charro” debido a que el PRI dejará el gobierno y los dirigentes sindicales vinculados a éste partido podrán ser expulsados. Estas ideas que parecerían correctas en apariencia, son erróneas debido a que no parten de comprender la esencia del llamado sindicalismo “charro” y el corporativismo, ésta es la colaboración de clase, son sindicatos colaboracionista aquellos que trabajan a favor del enemigo de clase, sea éste un monopolio o el Estado de los capitalistas. En oposición a ello hay la necesidad para los trabajadores de un sindicalismo clasista, es decir, un sindicalismo con independencia de clase, que no esté ligado de ninguna manera no sólo al PRI, sino tampoco a ningún gobierno estatal o federal, ni mucho menos a la patronal, que sus decisiones emanen de la voluntad de los trabajadores y no de la componenda con sus explotadores.

Para el caso de los sindicatos de las empresas estales hay que decir que no importa si el partido en el gobierno es el PRI, MORENA o algún otro, mientras estos partidos representen los intereses de los monopolios buscarán extraer lo más posible a los trabajadores a favor de los empresarios representados en el Estado burgués. Las formas pueden ser usando la violencia o convenciendo a los trabajadores de colaborar por “el bien de la nación”. Esto último ya se ha hecho en el pasado del país, por ejemplo el Pacto Obrero Industrial de Manuel Ávila Camacho o el Acuerdo de Solidaridad Económica de Miguel de la Madrid, y en cada uno de los casos los únicos perdedores fueron los obreros y sus condiciones. Por tanto la disyuntiva no es si AMLO interviene e incorporará o no a gente de las direcciones sindicales “charras”, la recomposición de la hegemonía burguesa puede hacerse usando caras nuevas o las ya conocidas, el objetivo es el mismo: la sujeción de los trabajadores. La cuestión es que el Estado no intervenga en la vida sindical y que los dirigentes expresen el interés de los trabajadores, esto no se logra solicitando que el Presidente en turno sea el que cambie un corporativismo por otro sino presionando porque no intervenga, porque no se reacomode su cadena de mando con otro rostro, e impulsando nosotros los trabajadores planillas y dirigentes dispuestos a confrontar con el poder de los monopolios, dispuestos a defender nuestros intereses en cada negociación y en cada momento político.

No obstante el fenómeno de intromisión del Estado, los atisbos del corporativismo avanzan en medida que la confianza de los trabajadores es depositada, no en la fuerza que tienen unidos como clase, sino en un representante de la burguesía. Ir a la casa de campaña pidiendo a AMLO el apoyo para sacar a los líderes “charros”, que ayude a mejorar los salarios o que garantice la vida democrática es predisposición al corporativismo. AMLO ha dicho que se respetara la vida democrática de los sindicatos, lo que lleva a algunos a pensar que podrían abrirse mejores condiciones para la conformación de un sindicalismo clasista y la independencia. No obstante, la experiencia histórica de la clase obrera dice lo contrario: fue en el periodo de Lázaro Cárdenas, al que algunos consideraron favorable a los trabajadores, se dio la gran derrota del sindicalismo clasista cuando en 1936 la CTM es arrancada de la influencia de los comunistas, vuelta una maquinaria del PRI y nunca más recupera la posibilidad de ser usada en defensa de los intereses de la clase obrera.

II

La lucha sindical se inserta en una multiplicidad de intereses opuestos entre sí. El más relevante, por sobre el resto de intereses personales, partidarios o de organizaciones, es el interés de clase: la oposición entre los intereses de los trabajadores y los intereses de los empresarios. Ante tal interés la “vocación democrática” proclamada por AMLO da a entender que actuará con neutralidad ante el conflicto de clase, no obstante, la realidad es que como representante de los monopolios el político tabasqueño se pondrá de lado de los empresarios. Por esto es una ilusión que el triunfo de MORENA genere una mejora en las condiciones de los trabajadores en su confrontación con los patrones, sean estos los monopolios o el mismo gobierno.
Pero además están los múltiples intereses de las cúpulas y los líderes “charros” que durante años han contribuido a apagar los intentos de movilización de las bases, han afianzado su poder por medio de la represión a los trabajadores disidentes, han colaborado con la patronal en el desaparecimiento de derechos laborales y además (en lo que se centra la prensa burguesa) se han aprovechado de los recursos de los sindicatos garantizándose un modo de vida con base en la corrupción.

Es bien sabido por los trabajadores que son afiliados a sindicatos pertenecientes a la CTM o la CROC, que la lucha por la democratización del sindicato, por la construcción de uno nuevo o la conformación de una corriente sindical, en nada cambiará con el gobierno de AMLO, los sindicatos seguirán funcionando como una mafia, echando mano de golpeadores y pistoleros para imponer un dirección favorable a la patronal. Ante tal situación el gobierno de MORENA se encontrará ante una prueba de fuego. Si el Estado continúa apoyando con los tribunales y la policía la imposición de sindicatos “charros” sumará un argumento más para comprobar que no es un gobierno favorable a los trabajadores.

Teniendo claridad sobre quiénes son los enemigos las tareas de los trabajadores no se presentan como sencillas y al contexto se le corre el velo de que era favorable. Surge entonces la pregunta: ¿es momento de que los trabajadores emprendan una embestida contra los sindicatos “charros”, contra las direcciones colaboracionistas, una lucha contra los sindicatos blancos, por la democratización de los sindicatos? ¿Es momento de que el casi 90% del total de los trabajadores que no cuentan con sindicato inicie la lucha por su construcción? La respuesta sí, las condiciones para la construcción de un movimiento sindical clasista están dadas en todo momento en que exista una clase obrera numerosa, concentrada y con voluntad de cambio. Esta lucha debe estar orientada bajo la idea de que los intereses de los trabajadores y los empresarios son siempre contrarios y la lucha debe ser de ¡clase contra clase! ¡Ninguna concesión o confianza a la patronal! ¡Todo para la clase obrera!

Con esto no negamos que nos encontramos ante condiciones políticas específicas, pero estas son de recomposición de la hegemonía burguesa, y más que beneficiar al débil movimiento sindical lo exponen a ser arrastrado a la colaboración con el gobierno de los empresarios. Por esto con claridad hay que decir que el movimiento obrero, los sindicatos deben optar por la confrontación.

III

¿Por dónde empezar? En la cotidianeidad la confrontación implica continuar la lucha contra la reforma laboral, subcontratación, contratos temporales, contratos a prueba, etc. Para la conformación del movimiento sindical hay múltiples formas de proceder, acorde a la situación específica del centro de trabajo, puede ser apoyándose en los estatutos del sindicato para exigir se cumpla la efectuación de asambleas sindicales, pedir al sindicato información sobre las afectaciones de la reforma laboral y como se opondrá, participar en la creación de planillas sindicales, impulsar una nueva dirección, etc.
Aunque en múltiples casos deberá iniciar pasos atrás, desde la reunión y sistematización de información de utilidad práctica, quienes son los orejas, los más próximos a los actuales dirigentes sindicales colaboracionistas, en qué áreas de la empresa hay más descontento y porqué, si hay problemas entre la misma dirección, si hay estabilidad entre la dirección y la patronal, las principales causas de descontento, etc. Esto a la par de la conformación de grupos para asistir a reuniones donde se hable veladamente de los problemas comunes, ya sea en la hora de comida, en el café, en lugares externos a la empresa, etc.

En algunos casos los centros de trabajo se vive en constante tensión, hay despidos cotidianamente como represión, pero no se apaga el malestar común, esto por múltiples abusos cotidianos, muchos de estos ilegales como la imposición de multas, el pago del salario con vales, robo de tiempo que se solicita como obligatorio, hostigamiento laboral y sexual, “doble contabilidad” en los registros de cotización para afores, etc.
Que los trabajadores hagan frente a estos abusos de forma organizada es ya el primer paso para la construcción del moviente sindical, pues el sindicalismo es la organización y unidad de los trabajadores para hacer frente a la patronal en busca de mejores condiciones de vida y trabajo. Ahí donde se da la agrupación de los trabajadores y hacen frente al patrón se constituye de hecho un sindicato, que sea o no reconocido por el gobierno es cuestión formal aunque útil, no es lo principal.

Reavivar la lucha sindical en los sindicatos más grandes ayudará a rompe la errónea idea de identificar a los sindicatos con “corrupción”, abuso, robo, traición, y otros adjetivos más que dan por resultado la idea de que los sindicatos no son necesarios o son dañinos; además en medida que la lucha sindical lleva a confrontar a los trabajadores y los empresarios, será un punto central ante el cual el nuevo gobierno socialdemócrata develará para las masas que trabaja a favor de los monopolios. Así pues, después de clarificar el panorama del sindicalismo y habiendo determinando las tareas a cumplir, lo que queda por hacer es ir al movimiento obrero.


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