El Comunista


Salmodias de Salmerón

Diego Torres, segundo secretario del CC del PCM  :: 02.01.18

En un par de artículos publicados en La Jornada el historiador e intelectual orgánico de Morena, Pedro Salmerón, desarrolla la fundamentación teórica de la política de alianzas de ese Partido. Es de relativo interés desmenuzar tal argumentación ya que hemos encontrado en nuestro ambiente -en el seno de los sindicatos, las federaciones estudiantiles, las organizaciones populares, en los barrios proletarios, en los espacios virtuales que tienen tal asiento en la vida real, etc.- a quienes replican esta argumentación sin agregarle ni modificarle en nada sustancial. No es de sorprender que el intelectual con cartera en la formación de cuadros de Morena escriba los salmos, los cuadros regionales y sectoriales lo salmodien, y la feligresía salga a repartir la buena nueva. Las alianzas con el enemigo son lo decisivo y el único camino para la transformación radical por los siglos de los siglos.

No nos enfocaremos en el despropósito de comparar las trayectorias políticas de los dirigentes usadas como analogías. Responderemos someramente a uno de los ejemplos usados, a Fidel Castro. Combatió en la insurrección de la República Dominicana en 1947, participó resueltamente en la lucha tras el Bogotazo en 1948, se levantó en armas contra la dictadura de Batista en 1953, y solo después de asentar los primeros éxitos tras la expedición de 1956 pasa a trabajar en la conformación de la alianza citada. ¿Y se nos quiere pasar por el mismo rasero a Fidel Castro con politiquillos provenientes del PRI, con los Barbosa y los Graco? Nos evitaremos la pena y nos enfocaremos en el sinsentido teórico y práctico más general, para desnudar el embuste que esconde.

En el primero de los artículos habla de la alianza que supuso la incorporación de oficiales provenientes del ejército zarista al naciente ejército rojo, de la alianza que supuso la conformación del bloque de los Convencionistas en la revolución mexicana, las alianzas que acompañaron la toma del poder por el movimiento 26 de Julio, o las coaliciones de gobierno que arribaron con Salvador Allende, Lula da Silva o Evo Morales –nótese que hemos diferenciado la toma del poder y la conformación de un gobierno. En todas ellas se habla del contexto en que se dieron, del desconcierto que supuso en las filas propias, pero ni una palabra sobre el objetivo de la alianza, es decir el contenido. El principal argumento es el de la necesidad, y se elevan las alianzas al factor determinante - “la izquierda sólo ha llegado al poder construyendo amplísimas alianzas”, “los triunfos…solo fueron posibles porque aquellos tuvieron la capacidad de incorporar a su proyecto a grupos, sectores y personalidades que eran sus enemigos la víspera de la campaña victoriosa”.

En el segundo de los artículos, probablemente después de que al interior del propio Morena algunos le debatiesen, nos aclara los objetivos de uno de sus ejemplos; el de Lázaro Cárdenas, “para llegar al poder, y desde el poder repartir 22 millones de hectáreas…para recuperar para la nación la principal riqueza del subsuelo… para fundar el INAH, IPN, Colmex, FCE…”. Para lograr lo anterior se nos dice, se alió por abajo con sindicatos y organizaciones campesinas, pero también se alió por arriba con grupos políticos del PNR, políticos resentidos desplazados del poder por Calles, caciques y capitalistas allegados al PNR, etc.

Entonces, resumamos la política de Alianzas que Salmerón “extrae” tras casi un año de repaso histórico, elaboración y debate: Las alianzas son dictadas por la necesidad, la necesidad dicta que éstas incluyan a sectores del enemigo, y son el factor determinante en la toma del poder. Lo que diferencia una “buena” alianza de una “mala” alianza es que la conducción estratégica esté en manos de los revolucionarios y que la alianza esté supeditada al proyecto revolucionario.

Adelantemos que la política de alianzas seguida por Morena es sumamente correcta para Morena. Siempre que no se trate de suplantar la naturaleza, los objetivos y la política de Morena por una naturaleza, objetivos y política revolucionarias pueden entenderse sus alianzas. El problema comienza cuando se requiere de sostener el embuste de aquí al 1° de Julio del 2018 de que se trata de un proyecto de transformación radical, de objetivos revolucionarios y de una política que responde al interés de la clase obrera, del campesinado, etc. Cuando se trata de sostener tal embuste contra la realidad desnudada por una política de alianzas consistente en agrupar intereses de grupos monopólicos en pos de un proyecto de preservación del capitalismo, entonces se requieren de tales malabares teóricos. Y ese malabar teórico presentado como una política de alianzas revolucionaria es el que rechazamos.

Entonces bien, el señor Salmerón dice que existen coyunturas en las cuales los revolucionarios deben hacer transacción y pacto con enemigos. Esto es cierto y no es ningún hilo negro, pero nada nos dice de porque el enemigo deba pactar con nosotros o en base a qué lo haga. El señor Salmerón parece adjudicarlo a la capacidad de los partidos y dirigentes de incorporarlos, arguye también el resentimiento, la posibilidad de sumarse a un gigantesco proceso de transformación ante su vista, etc. Pero tal capacidad de incorporarlos solo puede operar sobre la posibilidad misma de incorporarlos. Si ha dicho que los revolucionarios van a una alianza obligados por la realidad y que van a una alianza calculando la posibilidad de lograr o avanzar sus objetivos, su proyecto, etc., es que entonces debemos suponer que el enemigo recién pasado a filas va buscando también sus objetivos, su proyecto, y que va obligado por la realidad. Entonces, o bien la realidad le ha hecho cambiar sus objetivos por los nuestros, o bien la imposibilidad de lograr sus propios objetivos en lo inmediato le hace posponer el enfrentamiento con nosotros a un mejor momento, cuando las condiciones creadas por la propia alianza se lo permitan.
Es decir, existen intereses divergentes y existe la fuerza para imponer a uno o a otro, para socavar o fortalecer a uno o a otro, para sumar en contra o a favor, etc. Del juego de ambos se derivan las alianzas, las rupturas de alianzas, la ofensiva y la defensiva, la maniobra, etc. El interés en política responde en primer lugar al interés de clase, posteriormente será al interés de sección, facción, grupo, etc. ¿En qué clase social, en la consecución de qué intereses propios y aliados basamos nuestra fuerza, contra quienes apunta nuestra política? He ahí lo determinante al juzgar la política de alianzas. Estrategia y táctica, Señor Salmerón, no correlación sin principios y con una carga inconmensurable de ingenuidad.

Una vez aclarado eso podemos desmontar el aparato de analogías que busca pasar la política de alianzas reaccionaria de Morena como un modelo de política de alianzas revolucionaria extraída de la experiencia de los bolcheviques.

Los bolcheviques, con Vladimir Ilich Lenin a la cabeza, basaban su fuerza en el agrupamiento del proletariado, su política apuntaba al derrocamiento del Zarismo primero, y más en general al del capitalismo posteriormente. De éste interés se seguía como alianza natural una amplísima conjunción de opositores al zarismo primero, y posteriormente una alianza más acotada con el campesinado pobre, con las nacionalidades oprimidas, etc. A lo largo de los vaivenes, de los giros bruscos de la lucha de clases encontraremos a los Bolcheviques maniobrando, alzando consignas, interviniendo en variadísimas formas para arrancar de la influencia de sus rivales y enemigos a la clase obrera, al campesinado y a los propios soldados. Si, los veremos organizar el ejército rojo incorporando a la oficialidad zarista en un momento crítico, obligándose al pago de elevados sueldos y punto, pero jamás los veremos incorporando de “jefes de campaña”, de candidatos bolcheviques, o de futuros ministros a los magnates Riabushinski, Morózov, Yusúpov, a los representantes de las compañías petroleras Hermanos Nobel y Sociedad Mazut, etc. Si, los veremos “marchando separados y golpeando juntos” en momentos dados con los Mencheviques, los Eseristas, etc., pero jamás los veremos firmando una plataforma conjunta con los Centurias Negras o los Demócrata Constitucionalistas. Una cosa es contemporizar con el ladrón entregándole dinero a cambio de nuestra supervivencia ese día, y otra cosa es ponernos de acuerdo con el ladrón para dividirnos el botín de los incautos.

Una cosa es derrocar a una clase del poder estatal, y otra cosa es encabezar un gobierno de ministros de izquierda que siga subordinado al poder burgués. Los ejemplos son de naturaleza tan variada que nada salvo conclusiones puramente formales pueden ser extraídas y nada más pretende extraer pues sería peligroso para el embuste.

Demostrar la validez de alianzas en general no valida una alianza en particular, mucho menos aclara la naturaleza de la misma, por ello regresemos del plano teórico al plano de la realidad. Decir que los revolucionarios tienen la conducción de Morena y que su Proyecto de Nación es revolucionario es a ojos vistas una ridiculez. ¿Qué clase de conducción revolucionaria es aquella que le puede dar el Coordinador de Proyecto de Nación Alfonso Romo o el Coordinador de Economía y Desarrollo Rodríguez Macedo o la Presidenta de Morena Yeidckol Polevnsky? ¿Nos van a decir que Grupo Monterrey, Alfa, Femsa, etc. han decidido ser partícipes de un gigantesco proceso de transformación? ¿Y en que consiste para la clase obrera tan gigantesco proceso que ha de hacer que sus explotadores doblen las manos y coincidan con ellos? ¿Qué revolucionarias medidas de justicia social han de esperar los campesinos y jornaleros agrícolas de este país cuando los representantes de Seminis y Monsanto tengan en sus manos la Secretaría de Agricultura? ¿Qué variación en la política interna se puede esperar de la continuidad del grupo que representa Osorio Chong? Si los revolucionarios tienen la conducción política de ese proceso que ellos nos justifiquen el que se le dé a una representante de un grupo con intereses mineros una senaduría por Oaxaca sabiendo lo que ello implica. Si la toma de decisiones en Morena es colectiva entonces que colectivamente se hagan responsables de las afirmaciones según las cuales mantener la estabilidad macroeconómica para los bolsistas, los industriales, banqueros y financieros del Consejo Coordinador Empresarial coincide con los intereses de los obreros arruinados.

En el proceso electoral actual existen 3 alianzas hasta el momento MORENA-PES-PT, PRD-PAN-MC, PRI-PV-PANAL, las 3 alianzas y quienes las conforman coinciden en una política para preservar la naturaleza de clase del Estado, en asegurar la extracción de plusvalía frente a la crisis y ante las resistencias que enfrente, en defender la posición internacional que han conquistado los monopolios mexicanos. No hay nada de antinatural en dichas alianzas, y los ejemplos históricos de unidad entre revolucionarios no sirven para explicar la unidad entre las llamadas derechas e izquierdas de las fuerzas políticas de la burguesía. Lo que sirve para explicar que grupos rivales como Monsanto y Seminis, Televisa y Carso, coincidan en un proyecto es que éste proyecto garantice sus intereses generales a despecho de sus intereses particulares, cuando la salvaguarda de los puros intereses particulares puede suponer un costo demasiado alto.

El embuste consiste en presentar a una de dichas alianzas, la que en este momento expresa mejor los intereses colectivos de la burguesía, como representante de los intereses de los trabajadores y a la luz de dichos intereses explicarse la alianza. Antes que nada, para que en una alianza se asegure la conducción para la clase obrera ésta requiere levantar su fuerza propia, con su propia fisonomía y su propio programa. Aquellos que en el seno de Morena diseñan argumentos para camuflar los intereses que determinan el rumbo de ese organismo político no ayudan a avanzar a la clase obrera en la toma de su propio papel protagónico, al contrario le estorban e intoxican. Cuando los salmos no vengan acompañados de milagros para los trabajadores la fe tendrá que ceder su lugar a la razón.


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