Ante el desastre, ni estado, ni monopolios; solidaridad de clase

Guillermo Delgado

Hemos sido testigos la última semana desde el ahora inolvidable 19 de Septimebre (19S) de la gran solidaridad mexicana a respuesta del catastrófico sismo que ha impactado a la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Guerrero y Oaxaca. Prueba inequívoca que refuta el mito de la apatía, desarticulación y naturaleza corrupta que político y medios han tratado de instaurar como verdad antes los embates de las crisis del Capitalismo en México.



Por otro lado, también hemos sido testigos de los verdaderos linderos de la barbarie política y empresas monopólicas en México, su incansable labor por generar dinero, sobre todos y a costa de todos los trabajadores, asalariados y clases empobrecidas de la nación. Hemos visto gracias a los medios independiente, redes sociales y sobre todo a la valentía de estudiantes y trabajadores en las calles, las acciones más despóticas, abusivas y rapiñeras, de los políticos y empresarios.

Conforme pasan los días desde el fatídico 19S, somos testigos de intentonas de los monopolios de reactivar la evasión fiscal masiva a través de la de notativos vía fundaciones de los monopolios, a todas luces abusivas herramientas para limpiar capitales y evadir obligaciones fiscales. Pero no sólo los monopolios, los políticos y Estado mexicano, han puesto ne marcha también herramientas cuentas para la donación de efectivo a la causa del desastre, parloteando en propaganda de doble discurso, pero siempre aplazando, el destino de diferentes recursos públicos para la reconstrucción de México y el alivio de las cuantiosas poblaciones afectadas. Ninguno de estas pregonadas ideas, un hecho concreto.

A un semana del desastre, notamos que los monopolios son fieles a su naturaleza depredadora, sin dar un solo respiro a la explotación de la clase asalariada, obligándola a través de la amenaza, volver a las actividades que el empleo exige, a darle vida a la interminable actividad de al producción, compra y venta de mercancías y servicios, completamente ajenos a una realidad de la que todos somos parte, solidarios solo a los intereses de incrementar su riqueza y poder político.

Desde el grotesco circo mediático que Televisa ha construido y visto caer antes la denuncia popular, hasta la disculpa de la Mariana a nombre de la televisora para eximirla de toda responsabilidad (es ahí donde reafirmamos nuestra una idea de los alcances y poder del monopolio mediático en México), como también la rapiña de los grandes centros de ventas de mercancías, que no ofrecieron ningún descuento, facilidad y promoción para los miles de ciudadanos que se volcaron a los almacenes para adquirir mercancías necesarias para atender el desastre en tiempo real y no a horas del sismo, como el Estado y su limitada capacidad de ayuda tuvo y tendrá bajo el esquema capitalista.

El Estado no decretó un paro de emergencia de labores en las zonas afectadas, se limitó a decretar un escueto luto de 3 días, acción de más fondo mediático para vender su falsa empatía con la población, que para ayudar en términos reales a facilitar el acceso y distribución de ayuda humanitaria, local, nacional e internacional. No sólo eso, a escasas horas del desastre, se limito a fungir lo que mejor hace, reprimir, mandando soldados armados a las calles; sin palas, herramientas, equipos de rescate, ni centros médicos móviles. Sólo llegaron un centenar de marinos y soldados rasos a ciertos puntos de derrumbes y colapsos, a querer imponer un orden ajeno a la realidad, ajeno a la comunidad organizada. Que si bien sus efectivos aportaron a la remoción de escombros antes de que sus jefes, dieran la orden de “tomar el control” de la ayuda, capitalizando el desastre. Fuimos testigos de la intensión del Estado, de vender una imagen de responsabilidad y humanismo, a todas luces falso y ajeno a quienes sufrimos este 19S.

En sus casos más destacados pero esperados, la ayuda ha sido y sigue siendo monopolizada por fuerzas del Estado, para venderse como capital político en las zonas más afectada. Morelos y la rapiña política es la prueba, más pronto que tarde, en videos y algunos noticiarios vimos la imperdonable rapiña con la que adictos al poder, secuestraron y robaron la ayuda de vivires y recursos para atender a los afectados, guardando o reempacando sus contenedores para el intercambio electorero ya bien sabido por la sociedad consciente.

El aprovechamiento de la catástrofe no solo se dio robando físicamente, sino también capitalizando el sismo como una resplancediente oportunidad para crear spots, campañas de donación, fondos y centros de acopio enfocados a construir una verdad donde el Estado es el actor principal, héroe con nombre y apellido al que se le debe agradecer su “pronta respuesta”, a todas luces falsa y contrastante con las calles en caos y numerosos edificios llenos de voluntarios y rescatistas proletarios.

Como nos ha demostrado una semana de intensa actividad solidaria de clase, asalariados y desposeídos en su mayoría, la organización es posible sin Estado, es posible solo bajo la premisa de urgencia y sobre todo, es viable cuando la administración de los recursos. A 7 días del 19S, la “ayuda” de los monopolios es opacada por la enorme solidaridad de clase, es minimizada por la vehemente aportación de mercancías, dinero y voluntarios de la base trabajadora y estudiantes de México. Los trailers de ayuda de los monopolios son impresentables antes la deuda social que tienen con una población empobrecida y explotada. El Estado, se limitó a aportar lo que su pobres intensiones, efectivos represivos y de ayuda siempre escasos, que a una semana del suceso, es y se quedará para la historia, como ineficaz, ineficiente y en ciertos lugares, hasta como obstáculo para el desarrollo correcto de los puentes de ayuda.

La solidaridad de clase es la única vía para la salir y superar el desastre, y por qué no, del propio sistema que padecemos, vendido como necesario por los parásitos dueños del capital y socios políticos.