Precariedad y problemáticas de los trabajadores de la ciencia

Elsa Quezada, Mtra. en Bióloga por la UNAM

La situación de los trabajadores dedicados a la investigación científica en México es preocupante. En nuestro país son pocas las personas que se dedican a esta actividad. Existe una gran cantidad de adversidades que impiden dedicarse a la investigación y las pocas personas que se dedican ven especialmente vulneradas las investigaciones que significan avances para las comunidades, y aquellas que representan la soberanía y protección para nuestros recursos.
La posibilidad de ser un trabajador de investigación científica es muy limitada. La educación primaria, secundaria y preparatoria tiene muchas deficiencias, no se enseña a cuestionar, a analizar, a generar el pensamiento crítico que le da conciencia a los humanos, pues esto no le es útil a las empresas monopólicas que son las verdaderas beneficiarias del trabajo de investigación científica.



Los grados educativos hasta el nivel superior dan lugar a generaciones de trabajadores formados para ser explotados aun cuando sus condiciones de vida sean relativamente mejores que las de los trabajadores sin estudios.

La desigualdad en el acceso a la educación es enorme en este sistema que asfixia a la humanidad, sólo uno por ciento de las personas que accede a la primaria egresa del nivel licenciatura. Los egresados de licenciaturas se enfrentan a un mercado laboral donde suelen dejar a un lado su dignidad humana con tal de obtener recursos económicos suficientes para cubrir parcialmente sus necesidades. Una gran mayoría de los egresados de licenciatura se emplea como personal altamente especializado en la industria privada con salarios míseros y horarios extendidos más allá de las ocho horas diarias, lo que demuestra que la educación no es ya un factor de movilidad social y que los profesionistas también se están viendo afectados por la crisis económica y las reformas estructurales.

Para los que estudiamos ciencias e ingenierías el mercado laboral los grados académicos, los diplomas y especializaciones suelen ser atractivos para ganar un trabajo. Por esta razón algunos consideran que el posgrado es una opción para incorporarse al mercado laboral. Algunos otros tienen el ideal de ser investigadores y también hay quienes, al no encontrar un trabajo, comienzan el proceso de selección para un posgrado.

Pero la realidad que muchos científicos no ven es que aún como becarios de posgrado se está cumpliendo con una labor que reditúa a las empresas, y éstas se está aprovechando nuestro trabajo sin establecer una relación laboral con prestaciones. De esta forma las empresas tienen acceso a mano de obra calificada que pueden explotar de forma directa en sus empresas, o de forma indirecta beneficiándose de los proyectos de investigación que se generan en las universidades.

La mayoría de las becas federales son proporcionadas por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). El monto que reciben los estudiantes oscila los diez mil pesos. La cantidad no es despreciable, para un egresado o alguien quien está en la lucha encarnizada del mercado laboral. Los becarios están bajo un contrato de dos a cinco años que en algunas ocasiones no cubre el término del proyecto de investigación y deja a los becarios sin recursos para culminar.

El becario tiene un contrato que le obliga a trabajar de tiempo completo en un centro de investigación o universidad y le hace imposible tener una vida digna sin complementar su salario. Los becarios no adquieren derechos laborales porque su trabajo no es considerado como parte de una relación obrero-patronal, aunque en la realidad sí lo sea.

Al terminar su tesis los pocos becarios que terminan pueden regresar a sus trabajos probablemente con mejores ingresos, pero esto no siempre ocurre y además regresarán sin haber generado antigüedad laboral por dos, cuatro o seis años. Las alternativas para quienes estudian sin tener un trabajo previo son aún más descorazonadoras pues el cursar un posgrado ya no es sinónimo de acceder a un empleo mejor remunerado.
Al igual que los obreros, campesinos, pequeños comerciantes, la precariedad laboral de las personas que se dedican a la ciencia se ha acentuado en las últimas décadas. La cantidad de empleos como profesores/investigadores en las universidades y centros de investigación es insuficiente para cubrir la demanda de personas con doctorado. La tendencia muestra que el estado favorece la generación de doctorados en educación e ingenierías. Por lo cual la mayoría de doctorados están dedicados a la educación. La razón de esto es favorecer la educación exclusivamente técnica y no el pensamiento crítico.
Un profesor investigador promedio enfrenta un trabajo en el que sólo la tercera parte de su salario será considerada para adquirir otras prestaciones (como el aguinaldo). El sistema de pensiones para los universitarios enfrenta la misma embestida que en otros sectores laborales, existiendo la amenaza de su desaparición. El Sistema Nacional de Investigadores (SNI), “distinción” de la SEP para complementar el salario, es un mecanismo de productividad que responde a la lógica capitalista. El SNI además desde su origen benefició a una cúpula que hoy en día es la que evalúa y determina quién y qué proyectos científicos reciben apoyo.

El estado mexicano, a través de CONACyT, ofrece el sistema de Cátedras de Investigación como alternativa laboral ante la presión de quienes terminan su doctorado y se encuentran sin empleo. Las Cátedras de Investigación son una forma de outsourcing de la ciencia que repite un esquema de explotación y precariedad laboral ya en marcha en otros tipos de trabajo.

La estrategia del capitalismo en México sigue la misma lógica que el capital internacional, promover exclusivamente proyectos con la industria, si es trasnacional mejor. Esta política es llamada pomposamente “innovación”, y es el nuevo caballo de Troya con el que se pretende extender la privatización del conocimiento y ampliar la política laboral capitalista a los trabajadores de la ciencia.

La ciencia en México está administrada por una cúpula que favorece de origen a los más privilegiados. La decisión acerca de los temas que han de estudiarse se decide desde la cúpula de manera discrecional. Hoy en día se favorecen más temas enfocados a la generación de negocios para los monopolios y la mejora de procesos industriales que a la investigación en proyectos y prácticas participativas. La asignación de proyectos está determinada por un comité que no hace públicos los criterios de asignación.

El trabajador de investigación científica, como cualquier trabajador debe luchar por una vida donde no se vulneran sus derechos. Las estructuras sociales hacen que la percepción generalizada acerca de los investigadores científicos sea de personas que no son trabajadores y no son explotados o bien que se tenga una vaga idea de su existencia, pero el científico es tan explotado como el resto de los trabajadores que no tienen más que su fuerza de trabajo para ganarse la vida.