48 años de no olvidar, de resistir, de luchar

Maggie Contreras

“Vengaré a los caídos luchando,
Tlatelolco no fue su final…
un glorioso final tendrán cuando
construyamos una nueva sociedad.”
Canción popular



Es el verano de 1968, México está a unas semanas de inaugurar las olimpiadas, Gustavo Díaz Ordaz está a la cabeza del país y en las calles de la ciudad de México se desatan manifestaciones estudiantiles, las cuales criticaban el autoritarismo del gobierno, pedían respeto para la autonomía universitaria y exigían la libertad de los presos políticos de las movilizaciones recientes. Lo que comenzó como un movimiento estudiantil solamente de la UNAM, termino siendo un gran movimiento político social en el cual se integraron diversas universidades del país, preparatorias, docentes, trabajadores, sindicatos, amas de casa, etc.

El 2 de octubre de ese mismo año se llamó a una gran manifestación en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, en ésta se encontraban reunidos miles de estudiantes, trabajadores, madres y padres de familia acompañando a los manifestantes; el mitin dio inicio con los pocos líderes que quedaban libres del movimiento, momentos más tarde se escucharon las aspas de un helicóptero del ejército mexicano el cual sobrevolaba la plaza y en el cielo se visualizaron unas bengalas, esta fue la señal para que los militares y francotiradores iniciaran los disparos contra los miles de manifestantes.

Aunque hoy no se tienen las cifras exactas, hubo decenas de muertos y cientos de detenidos que fueron torturados, la ciudad se llenó de horror, gritos, llantos, estruendos y sobre todo coraje, el cual hasta la fecha continua presente.

A 48 años de aquella matanza, las calles de la Ciudad de México se llenaron de nuevo con miles de manifestantes entre estudiantes, trabajadores y gente que acompañó la marcha, que tuvo como centro de reunión la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco para proseguir por el Eje Central Lázaro Cárdenas hasta llegar al Zócalo donde se dieron diversos posicionamientos; entre los contingentes participantes se encontraban la Federación de Jóvenes Comunistas y el Partido Comunista de México, los cuales desde las 11:30 horas comenzaron a congregarse en las inmediaciones del metro La Raza, mientras llegaban los militantes, algunos camaradas hacían agitación y propagandizaban con el Órgano del Comité Regional del Valle de México, El Martillo y la revista teórica del Partido, El Machete, que fue adquirida por militantes y simpatizantes queriendo conocer más sobre la organización de los comunistas y lo leían mientras llegaba la hora de salida de la marcha; pasado el mediodía y al compás de las consignas que con energía eran gritadas, con las banderas rojas de la hoz y el martillo en alto, ambos contingentes formados con disciplina y con las medidas de seguridad que corresponde a una actividad de tal naturaleza, iban avanzando con una gran manta por delante. Dentro de las consignas no sólo se gritaba por aquel 2 de octubre que no se olvida, también se hacía notar la ausencia de los desaparecidos de Ayotzinapa, los caídos por la violencia en Nochixtlán, entre muchas otras demandas que le dan plena vigencia a aquellas que enarbolaban los jóvenes estudiantes del 68.

Pero estos sucesos no son aislados y nosotros no sólo marchamos para no olvidar o para mantener el recuerdo nostálgico del 68, las demandas de entonces continúan sumándose y con ellas continua creciendo la rabia y la insumisión del pueblo trabajador.
Para los comunistas, el 2 de octubre no es sólo una efeméride, es ante todo la oportunidad de refrendar nuestro compromiso de continuar la lucha de aquellos que murieron peleando por un país mejor, es otro día más para salir a las calles a pregonar las ideas de Marx, Engels y Lenin; es continuar en nuestra trinchera o en nuestra barricada, organizando a la clase obrera y a los trabajadores en general para que un buen día sin esperar que sea un 2 de octubre, podamos levantarnos insurrectos contra el Estado y los monopolios que son los verdaderos autores de esta masacre permanente que vivimos en el capitalismo los obreros, los trabajadores, los estudiantes, las mujeres, los maestros, los pueblos originarios, los jóvenes y todas las minorías sociales.