El movimiento magisterial, de la guerra de desgaste a la guerra de baja intensidad

Marco Vinicio Dávila Juárez, PCM-Oaxaca

Después de varios meses de lucha y movilizaciones contra el gobierno federal y estatal que costaron, en el caso del magisterio oaxaqueño, persecución, cárcel, campañas mediáticas en contra, agresiones, represión y muerte para maestros y pueblo en general, hoy se abre un nuevo periodo en la lucha contra la reforma educativa, entraremos en un breve periodo de reflujo que puede ser confundido por un periodo de “paz”. No hay tal, no habrá paz mientras el magisterio oaxaqueño y de todo el país no tenga garantizada su plena estabilidad laboral.



Pero si queremos que el regreso a las aulas no signifique una derrota del movimiento debemos tener claro que en realidad lo que hay en puerta es una tregua, en la cual el sector magisterial debe hacer una valoración autocrítica antes de reorganizar sus estructuras sindicales y magisteriales para nuevas confrontaciones. Se cometería un grave error si se vuelve a pensar que las elecciones en el 2018 son la solución a la derogación de la reforma educativa y se cae en el inmovilismo. Ya se vio en las pasadas elecciones para gobernador, donde el magisterio oaxaqueño volcó su fuerza a favor de morena y a pesar de eso, no logró ni siquiera que la fracción parlamentaria electa de ese partido pudiera abrir una mesa ya no de negociación, sino de diálogo.

Ahora el magisterio debe prepararse para otro tipo de guerra, hay elementos suficientes para prever que en adelante el gobierno pasará a una guerra de baja intensidad contra el magisterio. La información con que contamos, de fuentes confiables dentro de la Sección 22, nos indica que desde hace varios meses hay una campaña de intimidación a los maestros de base y los arteros ataques hacia maestras y maestros, de manera individual y aislada, que ha cobrado ya la vida de al menos un maestro en las últimas semanas, las amenazas latentes de despido, los descuentos acumulados y las distracciones con supuestas salidas negociadas al conflicto, como la “vía legislativa” son parte de los elementos para el análisis de esta situación.

La reorganización magisterial, más allá de la lucha sindical, debe tomar en cuenta estos elementos y otros que seguramente irán saliendo a flote para determinar las nuevas formas organizativas que requieren para enfrentar con menos pérdidas de plazas e incluso de vidas este periodo antes de que inicie un nuevo ascenso de la lucha que seguramente se dará en los meses posteriores a la toma de posesión de Alejandro Murat. Deben tomar en cuenta a los aliados naturales de la lucha magisterial, a los padres de familia en primer lugar, pero también a los pueblos originarios, sobre los que pende la amenaza del despojo de su tierra y su territorio, a los trabajadores de PEMEX en el Istmo, a los trabajadores de los servicios de salud y del turismo, que resentirá la caída del peso de los últimos días