Oaxaca: las barricadas de la rebelión popular

Julio Cota

BarriLa represión a la manifestación pacífica en los marcos de la democracia burguesa es la cotidianidad en tiempos de la crisis de sobreproducción y acumulación capitalista. El Estado burgués ha sido rebasado por la resistencia popular por lo que a utilizado fuerza letal para contener el avance del pueblo. El Estado necesita concentrar fuerzas para golpear puntos específicos para su movilidad en todo el territorio nacional por lo que Oaxaca es hoy su punto crítico.



La lucha callejera o de barricadas es una necesidad para el presente periodo de la lucha de clases. La lucha callejera no sólo es necesaria para frenar la represión sino también es la demostración de que el pueblo mínimamente organizado e instruido, con elevada moral de lucha y con participación masiva, puede vencer a los cuerpos represivos. En Nochixtlán hubo muerte, hubo dolor y tristeza pero también hubo rabia, valor y heroicidad. El mensaje fue claro: ya no somos víctimas, no es momento de poner la otra mejilla. Hubo y habrá respuesta organizada contundente. Avanza el pueblo a otro nivel de lucha; una lucha que quiere ser frenada por los opresores, el reformismo y el oportunismo, unos a sangre y fuego y los otros mediante falsas esperanzas de “unidad” en torno a la farsa electoral.

A pesar de la confrontación desigual siempre a favor de las fuerzas represivas, el bando popular ha aprendido a base de derrotas pasar de la lucha de posiciones a lucha de movimientos en teatro de operaciones. Es decir, hoy el pueblo puede levantar y quitar barricadas en el momento que le sea más pertinente. Esto gracias a que existe una retaguardia de la población de las comunidades que no sólo vigila, protege y brinda de recursos a sus maestros sino que participa activamente en las barricadas.

En cada rincón de México pequeñas y grandes expresiones de repudio por los recientes hechos ocurridos en Nochixtlán, Oaxaca, rompen el cerco mediático de los monopolios. A diferencia de que en 2006 sectores de las capas medias de la población oaxaqueña aceptaban la entrada de artillería y miles de elementos de la policía federal, ejército y marina; hoy a 10 años de agudización de crisis económica y política, dichos sectores repudian la presencia de las fuerzas represivas y apoyan al magisterio y a los pueblos oaxaqueños.

No obstante, a pesar de que el movimiento popular magisterial oaxaqueño carece de una dirección central, de un programa político y no sólo gremial, el movimiento a resistido la represión debido a la participación decidida de padres de familia y pueblos enteros con fuertes vínculos comunitarios.

Es claro que el Estado como aparato de dominación de la clase burguesa que sirve a los monopolios no tiene la mínima intensión de negociar con los maestros la aplicación de la reforma educativa, que dicho sea de paso, es laboral. Por el contrario, el Estado en estos momentos estudia la manera de desmovilizar al movimiento popular magisterial ya sea mediante más represión masiva y selectiva o mediante falsas esperanzas de la nueva socialdemocracia que encabeza Morena encaminadas a la farsa electoral como válvula de escape social.

Por ello es necesario que las bases magisteriales asimilen que la táctica de movilización-negociación está rebasada desde hace años, que el magisterio no puede volver a ser botín electoral de los grupos oportunistas dentro del movimiento que sofocaron a la APPO y que llevaron a Gabino Cué a la gubernatura y pretenden llevar hoy a López Obrador a la presidencia. Urgente es un programa de lucha anticapitalista que rompa los estrechos marcos gremiales y regionales de la CNTE. Urgente es intensificar la lucha hacía la rebelión popular de masas en todo el territorio nacional. Es deber de los revolucionarios orientar el movimiento hacia la rebelión popular con un programa anticapitalista, antimonopolista y antiimperialista con respaldo del popular en las comunidades y del poder obrero mediante paros en los centros estratégicos de la producción.