Oaxaca, entre el oportunismo y la socialdemocracia

Marco Dávila, PCM-Oaxaca

OEl movimiento social oaxaqueño, expresó en un documento publicado el 1 de mayo su posición ante la situación política nacional y estatal con motivo del día internacional del trabajo. Llama la atención en primer lugar el eclecticismo con el que expresan diversas ideas inconexas y hasta descontextualizadas en un afán de que todas las organizaciones se sientan representadas en un llamado a la unidad, que así planteada puede llamarse “unidad a toda costa” o, “unidad por la unidad”.



¿Y por qué decimos esto?

Por las ocho exigencias que se enuncian en dicho llamamiento, si bien son en apariencia correctas, todas plantean estrategias distintas; algunas incluso son demandas de referentes nacionales con proyectos políticos bien definidos que dejan fuera a otras demandas del manifiesto en cuestión.

En Oaxaca hay claramente dos expresiones del movimiento social. Una, plegada totalmente a la táctica electoral, haciendo de ésta incluso su estrategia de lucha y, otra, desligado formalmente de esta táctica pero sin una estrategia definida que la vuelve titubeante ante las políticas del Estado, de pronto avanza a la confrontación total, de repente retrocede sin plan alguno.

De un breve análisis de este documento se desprende una explicación que concuerda plenamente con la realidad de la lucha popular y de los pueblos de Oaxaca. Por un lado el oportunismo sigue sembrando confusión, manejando un discurso viejo, gastado y ajeno a toda realidad local y nacional, llamando a una fantasmagórica “huelga nacional”, sin ningún sustento en el trabajo concreto, cotidiano, para organizar a los trabajadores en sus centros de trabajo o en sus sindicatos; llamando ora al boicot electoral, ora a apoyar el proceso electoral (sin respeto alguno por los presos políticos a causa de su táctica anti electoral), ora promoviendo el voto de castigo al PRI, ora participando con morena.

Por su parte, la socialdemocracia, cumpliendo su papel histórico engaña y siembra falsas esperanzas entre los trabajadores, llegando incluso a firmar pactos con el magisterio a condición de que se desmovilicen y apoyen con su voto, algo que está muy cercano al chantaje.

Y es que el oportunismo y la socialdemocracia evitan que el movimiento social oaxaqueño busque y construya su propio programa de lucha, su propia estrategia y la táctica adecuada para enfrentar la política antipopular del gobierno federal, aplicada servilmente por el gobierno del estado.

El llamamiento del movimiento social oaxaqueño del 1 de mayo, junta en un mismo saco al oportunismo más vil con la socialdemocracia más cercana al socialfascismo, de eso nada bueno puede salir para los trabajadores. Si el movimiento social oaxaqueño no quiere seguir cosechando derrotas en Oaxaca, debe darse a la tarea ahora mismo de ir aportando a la construcción de un programa político-económico que pueda contribuir a la consolidación de un gran referente de las fuerzas sociales que están siendo arrastradas a la pauperización y que están en permanente resistencia y en disposición de luchar. Dicho programa debe tener como soporte una correcta caracterización del Estado mexicano y tres características esenciales: debe ser anticapitalista, antimonopolista y antiimperialista.