Teófilo Stevenson versus Muhammad Ali, la pelea que nunca se dio

Marco Vinicio Dávila

Conocí el box como deporte al lado de mi madre cuando era todavía muy pequeño, ella planchaba la ropa de mi papá los sábados por la noche mientras en la televisión presentaban la función sabatina de box, en blanco y negro veíamos a los diferentes boxeadores intercambiar golpes, a ella le gustaba ver las peleas de mexicanos contra extranjeros, no le gustaba ver a dos mexicanos peleando. Desde muy chico le agarré gusto al box, pero en la tv, la única vez que mi padre me llevó a una función de box, en vivo, le pedí que nos saliéramos pues me pareció demasiado sangriento el espectáculo. Ya adolescente mi tío Güicho me insistió muchas veces que entrenara para boxeador, que él me apoyaba, pero yo nunca acepté. Así fue como me fui haciendo aficionado al boxeo y así vi pasar a “Mantequilla” Napolés (quién por cierto salió de Cuba al triunfo de la Revolución porque ésta prohibió el boxeo profesional y él quería hacerse rico, triste paradoja hoy vive en la más absoluta pobreza y siendo un don nadie en Ciudad Juárez), al “Puas” Olivares, a Lupe Pintor, a Salvador Sánchez y a “Pipino” Cuevas, entre muchos otros que no tuvieron tanto cartel o que ahora escapan a mi memoria.



Hace unos días murió una de las figuras mundiales del boxeo, Muhammad Ali, un deportista ejemplar a pesar de su gran bocaza antes de sus peleas en el box profesional, eso era parte del espectáculo; fue un grande entre los grandes de ese deporte, su vida de deportista amateur tuvo su culminación con el oro olímpico de los pesos pesados en Roma 60, pero su vida cotidiana en el país de la “libertad” (para los blancos, anglosajones, protestantes) fue harto difícil por lo que terminó enfrentando y desnudando el carácter imperialista del gobierno norteamericano y haciéndose amigo de países y gobiernos, o de líderes que defendían su derecho a la autodeterminación y se enfrentaban al imperialismo, al sionismo y al apartheid. Algunos podrán decir que su posición fue más bien de tipo religioso, pero cuántos líderes religiosos hay que son una mierda.

En los países capitalistas muchos jóvenes con talento para sobresalir en el boxeo olímpico se hacen boxeadores profesionales con la única ilusión de salir de la pobreza, esto con todos los riesgos que implica para su integridad física, pues a veces estas jóvenes promesas deportivas son “maduradas con carburo” y no tienen todavía el desarrollo físico ni la experiencia suficiente, pero su necesidad es tanta que arriesgan sus vidas en aras de salir de pobres, algo que por cierto no siempre pueden. Y aun cuando algunos lo logran, a veces terminan en la miseria pues los que verdaderamente se enriquecen son los empresarios que, como en los circos romanos, mandan a pelear a sus esclavos para que ellos se beneficien.

Ese pudo haber sido el caso de Teófilo Stevenson que fue, como casi todos los buenos boxeadores, de origen muy humilde, su padre trabajaba como cortador de caña, y su carrera boxística nunca se hubiera desarrollado como lo hizo, si no fuera por la Revolución Cubana que al proclamar su carácter socialista no sólo acabó con el mercantilismo en el deporte, sino que construyó una gran infraestructura deportiva a través del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) con la que en el boxeo llevó a la isla a entrenadores de la talla de Kurt Rosentil y de los soviéticos Evgueni Ogurenkov, Andrei Chervonenko y Vasili Romanov, entre otros, Alcides Sagarra funda lo que vendría a llamarse la Escuela Cubana de Boxeo, donde se toman los mejores trabajos con boxeadores del mundo para adecuarlos a la realidad cubana. Así, surge la Escuela Superior del Perfeccionamiento Atlético (ESPA), y se crean las Escuelas de Iniciación Deportiva y las Áreas Especiales. Toda esa infraestructura fue la que permitió a Teófilo y a tantos otros jóvenes deportistas cubanos sobresalir a escala internacional en el deporte olímpico.

Campeón nacional juvenil de peso pesado a los 17 años, sub campeón nacional del torneo Playa Girón, medalla de oro en el Campeonato Centroamericano y Caribeño, medalla de oro en el VII Torneo de la amistad, en Bulgaria; a los 20 años llega a las Olimpiadas de Munich 72 como el principal boxeador amateur del mundo en la categoría de los pesos completos y, durante esa y las dos siguientes justas olímpicas, Montreal 76 y Moscú 80, fue medalla de oro de los pesos pesados. Obtuvo además tres campeonatos mundiales amateur en la misma categoría. En los inter derrotó a peleadores de todas las latitudes, ganando 301 de sus 321 peleas.
Ciertamente no se pudo nunca ver una pelea de Teófilo Stevenson contra los pesos pesados de más renombre de esa época, Joe Frazier, George Foreman y Muhammad Ali, todos ellos vueltos al profesionalismo después de haber ganado el oro olímpico en su categoría; quedará la duda de si Teófilo era mejor que cualquiera de ellos. Sin embargo hay una manera de reconocer a Stenvenson como superior a los boxeadores arriba mencionados y es comparando los records olímpicos de cada uno.

Más allá de su carrera deportiva quiero mencionar algo que pasa desapercibido cuando se habla de Teófilo Stevenson fuera de Cuba: su respeto y su lealtad a la Revolución Cubana y al Socialismo. Después de Munich, ofertas millonarias tuvo varias, todas ellas cargadas de la correspondiente propaganda anticomunista, para que desertara de la delegación cubana y se fuera a hacer dinero al país de la “libertad” para los wasp, después de todo eso es lo que se acostumbraba en el box, que todos los ganadores de medalla olímpica pasen al profesionalismo es algo hasta natural por eso siempre estuvo en la mira de gente de la calaña de Don King, que se frotaba las manos por una pelea entre Stevenson y Alí por las ganancias millonarias que le dejaría, así que como aves de rapiña merodeaban al boxeador cubano y siempre tuvieron la misma respuesta del deportista, lo que en la lógica mercantil de los empresarios del boxeo de paga no cuadraba y terminaron ridiculizándolo ante los medios y montando campañas de desprestigio contra él, contra el Comandante Fidel Castro, contra la Revolución Cubana y el Socialismo. Cada olimpiada o cada campeonato del mundo en los que participó era lo mismo, incluso se hacían apuestas sobre su deserción, lo que nunca ocurrió.

Alí murió un 3 de junio, hace apenas unos días, Stevenson murió un 11 de junio hace cuatro años y escribo este artículo a manera de homenaje a esos dos grandes del boxeo que fuera del cuadrilátero tuvieron una amistad que duró mucho más allá de su vida deportiva, no sólo porque como atletas sobresalieron cada uno en su ámbito, Muhammad Ali como profesional, en los marcos del capitalismo y Teófilo Stevenson como amateur, en la construcción del socialismo. Ambos brillaron con luz propia y con intensidad, pero, ¿por qué recordarlos a ellos y no a Freizer o a Foreman? Porque ambos fueron además de grandes boxeadores, hombres que no dudaron de qué lado estar cuando tuvieron que decidirlo: Teófilo Stevenson, fiel a la Revolución Cubana y al Socialismo, Muhammad Ali, desde una posición antiimperialista que le costó persecución y cárcel.

Vi casi todas las peleas de Alí en la televisión, me gustaba su estilo y vi también en la televisión pelear a Stevenson en las olimpiadas del 72, lo vi en el 76 donde la figura de la rumana Nadia Comaneci no dejó resplandecer totalmente el brillo del oro ganado por Teófilo, en el 80 lo vi brillar otra vez con intensidad. Hoy con este breve recuento confirmo que la pelea que no se dio entre Alí y Teófilo no era necesaria, los dos fueron grandes dentro y fuera del ring, que los explotadores, vividores y apostares que medran y lucran con los deportistas se hayan quedado con las ganas de hacerse más ricos con estos dos deportistas fue la venganza de ambos desde su posición política.