Una mirada clasista al caso “Panama Papers”

Ángel Chávez

PutinEntre el lunes y hasta el día de hoy, los medios de comunicación han sido inundados por notas sobre los denominados “Panamá Papers”, que son la filtración de más de 11 millones de documentos que vinculan las finanzas de magnates dueños de los monopolios, 140 políticos, artistas y deportistas de 50 países con una empresa offshore en Panamá.



Una empresa offshore, se refiere a una empresa registrada en otro país donde no realiza su actividad económica, por lo tanto puede entrar en un régimen tributario favorable a la empresa (ocultar sus bienes, esquivar leyes de restricción en sus países, usar empresas pantalla para evitar que sus empresas tengan que registrar sus ganancias y pagar impuestos). Mejor conocido como “paraíso fiscal”.

Es decir, los empresarios revelados en los Panamá Papers, en lugar de registrar sus empresas en el país en que laboraban, lo hacen en Panamá, apoyados por la empresa Mossack Fonseca & Co. Esto les permite operar con el goce de un paraíso fiscal, el cual, no es el único, pero tener en cuenta el alcance de este caso, permite imaginar el panorama que existe en el mundo de las finanzas de los monopolios y sus inversionistas.

Las notas que han salido, y la misma investigación de los Panamá Papers, no es neutra, está guiada por elementos ideológicos de los liberales y la socialdemocracia, que los llevan a denunciar las relaciones de los empresarios que guardan con la ilegalidad el uso de los paraísos fiscales y las empresas offshore. Además se muestran “indignados” de que los empresarios mencionados tengan vínculos con corrupción, sobornos, evasión de impuestos, fraude financiero, narcotráfico y tráfico de armamento.

Los medios considerados más “críticos” y a los que suela acudir la amalgama de la “izquierda” burguesa, como son Proceso y La jornada, ponen en el centro de las notas la denuncia de la evasión fiscal de los implicados en los Panamá Papers. Estos y otros medios destacan que mientras grandes empresarios evaden impuestos los servicios públicos de los países son deficientes.

Es verdad que el pago de impuestos por las grandes empresas alimentaría las finanzas de los Estados, pero esto no significa que necesariamente ese dinero lo invirtieran para el beneficio de la población, es más probable que sirviera en salvar la quiebra de los monopolios, para alimentar la dinámica del capital.

Es decir, detrás de sus notas está la idea de que, sin la corrupción o con el “correcto funcionamiento de las leyes” las problemáticas sociales podrán atenuarse. Esta es una visión que no parte desde una lectura clasista, por el contrario, pone como principales problemáticas sociales la corrupción y el incumplimiento de las leyes. Por lo que consideran al Estado como un árbitro sobre las clases sociales, que debe garantiza el correcto funcionamiento de la sociedad. No caracterizan al Estado, como un aparato al servicio de la clase social dominante, la burguesía.
Aun cuando el Estado da claras muestras de apoyar a los empresarios y enfrentar a los trabajadores. En el caso de México, con el reciente aumento del costo de la luz en el uso doméstico y su disminución para la industria.

Otra muestra de que el Estado es copartícipe de los intereses de la burguesía, es en la implementación de reformas estructurales como la Reforma Laboral, que únicamente favorece a los empresarios. Además, la evasión de impuestos no es ignorada por el Estado, en realidad hay múltiples formas de hacer esto, desde la creación de fundaciones y el financiamiento de asociaciones civiles que le permiten a las empresas evitar impuestos y hacerse difusión, hasta formas más directas como cuando los partidos políticos representan a diversos monopolios, por ejemplo, la alianza entre AMLO y el Grupo Carso, S.A.B de C.V. con Carlos Slim al frente o el Grupo Atlacomulco apoyando a los candidatos del PRI, estos partidos al conquistar sus intereses legalizan el beneficio de las empresas que les llevaron al poder. Pueden facilitarles concesiones, otorgarles subsidios para evitar pagos por establecer las empresa, etc.

Ante esta realidad, algunos de los elementos de la pequeña burguesía que se ven avasallados por los monopolios, saben que la competencia con estos terminará por llevarlos a la crisis y la desaparición, encuentran como piedra angular para su subsistencia apelar a la “legalidad”, de ahí que sus expresiones políticas e ideológicas en los medios de comunicación estén interesados en la amplia denuncia de los Panamá Papers. No es casual que se ponga más atención a este caso que a la lucha de los trabajadores en Francia contra la reforma laboral.

La existencia de paraísos fiscales es parte de la dinámica del capital que ha buscado crear mil formas de evadir las leyes que suelen establecer los monopolios como “reglas del juego” en su competición. Sería complicado, por no decir imposible, encontrar un monopolio cuyas inversiones no estén ligadas con algún caso de evasión de impuestos, corrupción, lavado de dinero, etc. Pues el capital, la única ley que respeta es la obtener la máxima ganancia sin importar los métodos que se utilice.

Como parte de la ideología socialdemócrata, que considera que la resolución de los males engendrados por el capitalismo es una gestión con múltiples reformas, la existencia de “democracia”, transparencia y políticos honestos, se han dado movilizaciones sociales denunciando a los políticos vinculado a los Panamá Papers. Tal es el caso de las protestas en Argentina contra Mauricio Macri y la exigencia de investigar a fondo su relación con los Panamá Papers o la exigencia de la renuncia del primer ministro de Islandia por verse involucrado en los Panamá Papers.

En caso de México quienes se han visto involucrados son los accionistas de Grupo Salinas y Grupo Televisa, además de políticos y familiares de los mismos. Caso bastante difundido es el del dueño de Grupo Higa cuya riqueza creció vinculada al gobierno de Peña nieto y el uso de la Mossack Fonseca & Co.
Las noticias surgidas también suelen apelar a que las fortunas millonarias son en muchos casos producto del robo a las instituciones públicas que hacen los gobernantes y en caso de los empresarios la evasión de impuestos, el reclamo que está detrás de eso es que todo está respaldado por la corrupción.

Al respecto, hasta los organismos influenciados por la ideología burguesa y pequeñoburguesa (organizaciones civiles u ONGs) que levantan consignas contra la corrupción y buscan la transparencia, se han visto vinculados, como lo ejemplifica el caso de Gonzalo Delaveau, presidente de la organización no gubernamental Chile Transparente, quien presentó su renuncia tras su vinculación con cinco sociedades “offshore”, que fue descubierta al verse relacionado con los Panamá Papers.

Pero entonces ¿cómo enfocar de una manera clasista los Panamá Papers?

Lo comunistas debemos, después de abrevar de las noticias e investigaciones proporcionadas por los medios de comunicación, concebir la manera de cómo se vinculan y afectan los acontecimientos a la clase obrera, en este caso los Pana Papers. Reproducir automáticamente las noticias producidas por los medios de comunicación al servicio de la burguesía, o con orientación socialdemócrata, es difundir la ideología del enemigo de clase, pues en el mejor de los casos darán información útil, pero nunca enfocarán la explicación desde los intereses de la clase obrera.

Por ejemplo, los medios de comunicación hasta el momento no han mencionado la verdadera procedencia de los millones que se encuentran en los paraísos fiscales, que es la explotación de los trabajadores. Los empresarios que ingresaron sus recursos a Mossack Fonseca antes los extrajeron de los trabajadores obligados a trabajar más de 8 horas, cuando en los primeros 15 minutos generan el salario que reciben por el día.

Los noticieros y periódicos considerados “progresistas”, y hasta los llamados medios alternativos, reproducen la ideología burguesa al no criticar la explotación que está detrás de esas fortunas en paraísos fiscales o empresas offshore, es decir, normalizan la existencia de la explotación capitalista y únicamente conciben como criticable aquello que rompe las reglas burguesas sobre la forma de hacer negocios y manejar las riqueza obtenida por la explotación de la clase obrera.

El producto político de la difusión de los Panamá Papers no alcanza a concebir más que la denuncia de empresarios políticos para que legalmente sean revisadas sus finanzas, y en los casos más avanzados el cambio de los gobernantes corruptos. Estas respuestas políticas no representan un cambio esencial del sistema capitalista, ocultan que la explotación asalariada es el problema, hacen pasar las consecuencias por la causa y por esto no alcanzan a denunciar al sistema capitalista como el causante de la enorme desigualdad que implica la acumulación de enormes fortunas cuando millones viven en la pobreza extrema.

Aunque las movilizaciones que despiertan casos como este, podrían ser encausadas a confrontar con el sistema completo, por medio de explicarle al manifestante que la problemática real no es la corrupción sino la explotación. Es decir, aquello de lo que se quejan los elementos de la pequeña burguesía y las corriente socialdemócratas (la corrupción, la evasión fiscal, el lavado de dinero, la utilización de empresas offshore) son elementos que vienen con el capitalismo en que los monopolios siempre aspiran a la máxima ganancia y eso implica no perder dinero por pagos fiscales.

La contradicción principal del capitalismo es que la riqueza se genera de manera colectiva y la apropiación de esta es privada.

Con papeles de panamá, o sin ellos, el capitalismo es explotación, corrupción, hambre y miseria.
El Partido Comunista de México no repetirá el discurso de la burguesía sin importar de donde venga y mucho menos será cómplice del silencio de la socialdemocracia al no mencionar la explotación que origina las grandes fortunas de los monopolios.