El Plan Mérida y la estrategia contrainsurgente

Marco Vinicio Dávila, miembro del Buró Político del PCM.

Después de que el ejército asesinara a un menor y dejara malheridos a varios civiles desarmados, entre ellos a una niña en Aquila, Michoacán para impedir una manifestación pacífica de las comunidades de Ostula que protestaban por la detención arbitraria de su comandante de la policía comunitaria; lo acontecido en Guerrero donde militantes priístas atacaron a transportistas que se encuentran en plantón por solidaridad con los maestros de la CETEG, sin que ninguna autoridad interviniera, la policía sólo miraba de lejos; la desaparición de siete jóvenes por elementos del ejército, en Calera, Zacatecas en un supuesto operativo antidrogas; el asesinato hecho por un par de hombres armados desde una motocicleta, de un dirigente campesino en Tezonapa, Veracruz que encabezó diversas protestas contra el gobierno por los bajos precios del café; allá mismo en Veracruz, en la sierra de Zongolica, en el municipio de Soledad Atzompa se anuncia el surgimiento de otro grupo de autodefensa; y el secuestro y la desaparición forzada de nuestro camarada Enrique López Gutiérrez, militante comunista y dirigente sindical en el sur de Tamaulipas, acción ejecutada por un grupo armado de corte paramilitar. Todos estos hechos ocurridos en los primeros días del mes de julio, hacen evidente lo que desde el inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto ya habíamos advertido, la política de seguridad nacional redactada por los EE UU y plasmada en el Plan Mérida, es una estrategia contrainsurgente.



Las fuerzas armadas del país se comportan como un verdadero ejército de ocupación en contra del pueblo mexicano y en su estrategia contrainsurgente han integrado tres elementos para golpear cualquier manifestación de descontento popular contra el gobierno. Las propias fuerzas armadas son el primer elemento, los cárteles del crimen organizado son un segundo elemento y los grupos de civiles armados a los que llaman “autodefensas” pero que en realidad son grupos paramilitares.
Esta es la razón de que en los últimos meses vemos un accionar coordinado entre las policías estatales, federales, la gendarmería, la guardia civil, el ejército y la marina en contra del pueblo trabajador. La vejación cotidiana de trabajadores por cuenta propia, la violación de los derechos humanos de ciudadanos comunes, el asesinato de niños y civiles desarmados por parte del ejército, el patrullaje y los retenes de la marina en las carreteras y ciudades del interior del país, donde no hay costas ni mares, ni aguas territoriales que proteger. Y los anuncios del gobierno federal de que todas estas fuerzas armadas se encuentran en las calles para combatir el crimen organizado, para la protección de la población civil.

Que las fuerzas armadas actúen así no debe extrañarnos, pues son los ejércitos de los monopolios, para ellos “la defensa de la patria” es en realidad la defensa de la propiedad privada de los monopolios.
Esta afirmación no es algo aventado al azar, hay elementos suficientes para sostener estos argumentos, un ejemplo es el papel que juega Academia Nacional de Formación y Desarrollo Policial, ubicada en la ciudad de Puebla y que es parte del Plan Mérida, donde se entrena a las fuerzas armadas para reprimir al pueblo y perseguir luchadores sociales.

Dentro de esta misma estrategia contrainsurgente, los grupos criminales, los cárteles y en general el crimen organizado juegan un papel fundamental, pues a ellos les corresponde la tarea de sembrar el terror entre la población para justificar la militarización del país. Por eso los vemos actuar con total impunidad, son tolerados y fomentados por el Estado. Actúan como grupos paramilitares y son, por cierto, el aporte del policía colombiano Óscar Naranjo en su paso por la Comisión Nacional de Seguridad.

De esta guerra contra el pueblo trabajador, los dos primeros componentes están claros por su obviedad, no así el tercer componente, el de los grupos de civiles armados y que se denominan “autodefensas”, que por su composición de clase y su origen ligado al Estado, difícilmente, por no decir nunca, podrán ser considerados comunitarios, populares, o revolucionarios.

Sin embargo, es necesario aclarar que cualquier grupo armado con alguna liga con el Estado es por definición paramilitar, y más temprano que tarde terminan actuando como grupo represor que le hace el trabajo sucio al gobierno. Por ejemplo, dice el vocero de los grupos civiles armados de Soledad Atzompa que, llámeseles como se les llame: Autodefensas, policía comunitaria, etc., van a seguir organizándose con las autoridades municipales para defender su patrimonio. Desde el punto de vista de su composición clasista, son grupos ligados a terratenientes o incluso a caciques locales, que serán los que armen y financien a los que se sumen a sus filas, por eso se organizan para proteger su patrimonio. Tal y como hicieron los aguacateros en Michoacán, que armaron autodefensas para proteger sus intereses y su patrimonio, incluso de la nacion Purépecha que trata de evitar la sobre explotación del Lago de Zirahuen del cual los aguacateros extraen ilegalmente el agua para el riego de sus fincas, a lo que se oponen los purépechas en cuyo territorio se encuentra ubicado el lago; o la policía comunitaria de la comunidad indígena Nahua de Ostula, Mich., que ha sido perseguida y acosada por cárteles y grupos del crimen organizado ligados al Estado a través de las policías municipales, estatal y federal, porque se oponen al trasiego de droga por su territorio y porque han recuperado cientos de hectáreas que les habían arrebatado los monopolios hoteleros que pretenden instalar complejos turísticos en sus playas.

Es importante saber distinguir y diferenciar entre policía comunitaria y grupo de autodefensa; los primeros obedecen a una autoridad comunitaria elegida en Asamblea Comunitaria y principalmente cuidan de los bienes comunales; los segundos se agrupan en torno a caciques o caudillos que no responden a ningún interés popular, sólo protegen “su patrimonio”.

Es muy recurrente en los medios de comunicación comercial mencionar como sinónimo una y otro. Esto tiene un fin manipulador que se inserta en la estrategia contrainsurgente del Estado.
Pero no hay más, si un grupo de civiles armado se organiza con las autoridades sean éstas municipales, estatales o federales, no hay más, se organiza con el Estado y se debe llamar grupo paramilitar.