¿Qué hay detrás de un niño sicario?

29.Jul.15    Opinión
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El abandono ha llevado a los adolescentes a la tragedia de la drogadicción, el alcoholismo, el robo, el secuestro y el crimen. Y no sólo el abandono de los padres, sino de una sociedad capitalista que los condena a una vida carente de oportunidades para superarse. Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), 21.4 millones de niños y adolescentes mexicanos viven en la pobreza, de los cuales más de 2.5 millones padecen la miseria.


De la pobreza buscan evadirse muchos para sumarse a las bandas para caer más tarde en el crimen organizado. Los menores son iniciados en tareas como servir de halcones, para luego vender pequeñas cantidades de estupefacientes en las calles o escuelas, escalando hasta efectuar robos a casa habitación, participar en secuestros, incluso hasta cometer homicidio.

Las cárceles mexicanas, incluidos los centros de reclusión para menores delincuentes, son propios de un país que castiga la pobreza y el robo por hambre y fomenta la inequidad para el que nada tiene, mientras que la justicia la obtiene quien la puede pagar.

Los menores de edad antes de cometer delitos inician con conductas antisociales caracterizadas por un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años o antes. La psiquiatría lo define como “trastorno antisocial de la personalidad”.

Dicho trastorno se identifica por el fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, actos que son motivos de detención, deshonestidad, utilizar alias, estafar, impulsividad o incapacidad para planificar el futuro, irritabilidad, peleas o agresiones, despreocupación imprudente por su seguridad o por la de los demás, incapacidad de mantener un trabajo o de hacerse cargo de obligaciones económicas y carencia de sentimientos de culpa.

Existen factores de riesgo-protección que facilitan o inhiben las conductas antisociales en los menores de edad. Entre los factores individuales se incluyen los psicológicos, que tienen que ver con hiperactividad, déficit de atención, impulsividad, ansiedad, depresión, trastornos mentales, consumo de drogas, empatía, autoestima, agresividad, inteligencia, actitudes y creencias, recursos personales y valores ético-morales.

Dentro de los factores familiares vemos la criminalidad de los padres, pautas educativas inadecuadas, maltrato infantil, conflictos maritales, actitudes parentales favorables hacia la violencia, eventos familiares estresantes, divorcio de los padres y padres adolescentes.

También hay factores ambientales, contextuales y comunitarios, que se refieren a la relación con el grupo de iguales: familiares, compañeros o amigos delincuentes y pertenencia a bandas, medios masivos de comunicación, desempleo, y pobreza y/o situación social desfavorecida.

En series de televisión como “El patrón del mal” que escenifica la vida del capo colombiano Pablo Escobar y en innumerables blogs y videos en internet, los niños encuentran una ventana a un mundo que los asombra. Lujos, dinero, poder, fiestas, mujeres, camionetas blindadas y narcocorridos ilustran la vida de los narcotraficantes haciéndola parecer atractiva y deseable.

En escuelas del norte de México es común escuchar expresiones como “Un niño del salón de mi hijo le pidió a sus compañeros que llevaran pistolas porque iban a formar un comando armado y a jugar a levantar niños”. “Los narcos ganan mucho dinero y no les pasa nada, hasta la policía les ayuda”. “Hicimos un abecedario con algunos niños y ellos asociaron la letra K con el rifle de asalto AK-47”

El tristemente célebre niño sicario

Edgar Jiménez Lugo, alias el Ponchis, nació el 6 de diciembre de 1996 en San Diego California. Su padre se dedicaba a la matanza y comercialización de pollos, su madre era narcomenudista. Ambos estuvieron bajo investigación por maltrato a sus hijos.

Por violencia intrafamiliar y actividades criminales de los padres, la corte federal de Estados Unidos otorgó la tutela de Edgar y sus 5 hermanos a la abuela paterna, quien vivía en Xochitepec, Morelos. La familia sobrevivió gracias a la pensión alimenticia que el gobierno estadounidense había otorgado a los niños en razón de su ciudadanía.

Cuando Edgar tenía 8 años fallece su abuela, a partir de entonces los tíos paternos adoptan a los hermanos, a Edgar le toca mudarse con una tía originaria del Distrito Federal dedicada al servicio doméstico. Edgar refiere haber iniciado a consumir drogas desde los 11 años, fumaba 10 cigarros al día, a los 12 inició con la mariguana, llegando a consumir 4 cigarros al día. A esta misma edad comenzó a consumir alcohol, cerveza. Y a los 14 se volvió adicto a la cocaína, una línea a la semana y 20 piedras al día.

Edgar estudió hasta el segundo año de primaria, es casi analfabeta. Hasta antes de su detención vivió en Tejalpa, Morelos. Los ilícitos por los que fue sentenciado son: delitos contra la salud en su modalidad de transportación de cocaína y mariguana, posesión de armas de fuego de uso exclusivo del ejército, armada y fuerza área, violación a la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada con fines de secuestro y homicidio doloso.

Edgar declaró que trabajaba para El Negro, Julio de Jesús Radilla Hernández, pareja sentimental de su hermana Érica y presunto jefe de sicarios del Cártel del Pacífico Sur. Recibía 2500 dólares por degollar a los enemigos de dicho cártel. En 2013 cumplió la sentencia de tres años y salió del Centro de Medidas Privativas de la Libertad para Adolescentes (CEMPLA).

Imaginemos que el Ponchis hubiera nacido en una sociedad distinta, donde pudiera acceder a una vida digna como la merece cualquier joven de este país, pero el hubiera no existe. El Ponchis nació en una sociedad enferma de un cáncer que la consume día a día, el cáncer del negocio más sanguinario, el narcotráfico.

Casos como éste seguirán dándose a conocer a través de los noticiarios, periódicos, radio, revistas y redes sociales, lamentablemente, para desgracia de estas generaciones devastadas, quienes tienen quebrado el presente y oscuro el porvenir.

Qué futuro le espera a los jóvenes que, luego de la aplicación de las reformas criminales del gobierno de los monopolios encabezado por Enrique Peña Nieto, enfrentarán la grave agudización de la falta de oportunidades para acceder a la educación, a un empleo digno, a la salud, al deporte y la recreación.

El futuro que le espera a estas generaciones devastadas es unirse al crimen organizado, una tristemente célebre carrera delictiva que los llevará directo a la cárcel o la tumba. O bien, luchar por una nueva sociedad más justa, tarea que de por sí ya asumimos.