¡No a los actos vandálicos, viva la democracia!

04.Jun.15    Noticias nacionales - Opinión
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Quema El 28 de mayo la Junta Distrital del Instituto Nacional Electoral (INE) del distrito XVI declaraba que reprobaba las agresiones que sufren los nueve candidatos a diputados federales, esto por supuestos actos “vandálicos” de destrucción de propaganda electoral. “Reprobamos estas acciones que están sufriendo los partidos”, manifestaba el vocal del ejecutivo del Instituto Nacional Electoral en Córdoba Veracruz, ante esto, nos sumamos a este repudio, contra estas acciones violentas que atentan con nuestra democracia, una democracia por cierto débil, desgastada, simulada; de igual manera reprobamos este tipo de acciones que atentan contra la libertad de expresión, reprobamos este tipo de intimidaciones a los nueve candidatos federales, repudiamos la violencia en su sentido más amplio.


La destrucción de propaganda electoral podría ser vista como un acto vandálico, un acto de violencia intimidatoria, de igual manera, cuando se condiciona a las clases populares en situación de no satisfacer sus necesidades más básicas, de sus necesidades más vitales, se les condena en condiciones de negarles su desarrollo, a una vida precaria, a una situación de pobreza, de pobreza crónica, en tanto existe riqueza. Pero esa pobreza no es casual, es funcional. Este tipo de privación es también violencia, se le despoja a la sociedad de la riqueza socialmente generada, se le somete a las carencias sociales, se les niega un bienestar mínimo, del mismo que acto de violencia ordinario dónde existe un agresor y una víctima también se da de manera estructural, de forma social, pero aquí no se muestra a primera vista el agresor, y la víctima sufre una agresión de despojo más por omisión que por comisión, pero violencia al fin y al cabo.

La violencia también producida a través de mediaciones institucionales, desde su estrato político, genera y recrea condiciones para una violencia indirecta presente en la injusticia social, de esta manera la desigualdad se percibe como algo natural, como algo que debemos aceptar, como el “pues así es esto”. El orden social actual se estructura para el apoyo e instrumento de un grupo económico o una clase de personas sobre otros. Esta violencia estructural pesa sobre la capacidad de las mayorías para tomar decisiones sobre sus vidas lo que perpetúa la desigualdad social y la privación relativa en la satisfacción de las necesidades humanas básicas

Es por ello, que también reprobamos que en todas la altas montañas se condenen a un 41% de la población que no alcanzan un nivel de educación básica, que no tienen acceso a la salud de calidad, sin patrimonio, o servicios básicos en la vivienda, o acceso a la alimentación, pero que además se les mantiene en ingresos que no son suficientes para adquirir bienes y servicios básicos.

Reprobamos que se condene al 32% de la población del distrito XVI a la pobreza extrema, un tercio de la población privado de más de tres carencias sociales, que se dedican en su vida cotidiana sólo a adquirir alimentos más básicos, privándolos por tanto de una vida sana.

Reprobamos entonces que esta violencia invisible y estructural condena al 73% de población de las altas montañas a situación de pobreza, casi 3/4 de la población del distrito bajo carencias de educación, salud, patrimonio, etc.

Reprobamos y denunciamos que la pobreza no sólo es fortuita, sino funcional para la clase política en general, para su legitimación, ya que la población sometida a la pobreza se mueve a la comparsa con la participación electoral de los últimos años, no es casual que la actual democracia se sustenta en las necesidades permanentes de la población, el mismo porcentaje de la población en situación en pobreza embona cuantitativamente con participación electoral: el 73%.

Reprobamos más aún que el 70% de la población trabajadora en esta región gane menos de dos salarios mínimos, teniendo en la región tres de las principales zonas industriales de todo el estado y zonas comerciales preponderantes.

La violencia que no se menciona nunca es aquella del trabajo asalariado, la violencia en la que se ha despojado del trabajador de sus medios de trabajo, del control del trabajo, de la mercancía o del servicio, de la riqueza socialmente producida, ya que de todo esto es dueño el patrón, es en ese punto específico, en ese orden, de dónde se desprende la democracia, su democracia.

La producción bruta total, el referente de la riqueza social producida, hasta hace poco en las altas montañas ascendía $ 20,507,331.00, mientras que las empresas en promedio tan sólo desembolsaban en remuneraciones un promedio de $ 72.00. En efecto, la pobreza existe en relación con la riqueza acumulada en pocas manos.

Reprobamos por tanto esta violencia dónde pareciera menos directa, pero más contundente, difícil de visualizar, que tiene como arma los procesos de estratificación social, de privación, de despojo y del trabajo asalariado, ya que esta estructura tiene como consecuencias inmediatas la negación sistemática de oportunidades de supervivencia, bienestar, salud, educación, patrimonio, y al final, de dignidad.

Reprobamos que esta violencia sea existente a través de las esferas del poder, de su clase política, del estado.

Reprobamos que la actual democracia ha sido sustituida sin la menor vergüenza por el marketing político, por los eufemismos, por discursos tautológicos y redundantes, y la intimidación a quien denuncia esto.

Reprobamos que exista una violencia que obliga a una mayoría, pobre, a seguir legitimando una clase política que ya no los representa de ninguna forma.

De quienes son los candidatos, de que proponen, de si tienen principios o valores, etcétera, de eso ya se encarga el marketing político, porque ahora la actual democracia demanda ciudadanos-consumidores y candidatos-mercancía, mercancía chatarra por cierto, deberíamos entender que aquella consigna de “votar es una obligación moral” es una extensión de violencia simbólica en tanto promueve prejuicios, una creencia basado en el menosprecio a quienes no votan. Promueven una noción de democracia por encima de las grandes deficiencias que reproduce la actual clase política.

Por tanto, la única forma en que empiece a tomar sentido la democracia y eliminar toda violencia para las mayorías será en el momento en que los trabajadores empiecen a tomar decisión sobre sus centros de trabajo, sobre los talleres, sobre los centros fabriles, sobre las empresas, es decir, en el momento que se tenga el control social sobre los medios de producción de bienes y servicios, es decir, que se amplíe la democracia participativa a los centros de trabajo.

Si en algún momento, en algún instante se toman la molestia en dedicar unos minutos en leer esto, si en sus quehaceres rumbo a su democracia les hacen llegar estas líneas habrán tomado la primera opinión del primer ciudadano de los 650 mil habitantes del distrito XVI.