El Comunista

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El valle de San Quintín

Guillermo Villalobos, miembro del CC del PCM :: 29.03.15

300Localizado a unos 300 kilómetros de la frontera norte, en Baja California. Alejado de todo, donde la cabecera municipal, el puerto de Ensenada se ubica a 170 kilómetros. El INEGI estima que tiene una población de 50 mil personas, donde al menos el 80% son jornaleros originarios del sur de México y el 15% habla alguna lengua indígena: mixteca, zapoteca o náhuatl. Allí están “La nueva San Juan Copala”, “La Nueva Juchitepec” y “Nueva Juchitlan” son las colonias que se han asentado en esos lugares y las llaman como sus lugares de origen.

Abandonan la montaña en busca de la tierra prometida: San Quintín. Se cuenta que desde la década de los 80 del siglo pasado se corría la voz que allá en el norte grandes compañías estadounidenses pagaban salarios como los de Estados Unidos. La realidad es que en esta zona tienen sus asientos no más de cinco empresas con capital nacional y socios comerciales estadounidenses, principalmente de California y al menos 20 campos agrícolas donde los jornaleros que se atreven a protestar son fichados y terminan vagando por las calles.

En todos estos campos la situación es similar: explotación laboral, acoso laboral, vejaciones y violaciones sexuales de parte de los capataces de la patronal. Situación solapada por todos los niveles de gobierno: Local, Estatal y Federal. La llamaba “La Tierra Prometida” el enganchador: “En este oasis en medio del desierto nada les faltaría, tendrían sueldos como en EU” y terminan siendo un numero en las estadísticas: las políticas de salud pública son igual de deplorables como las laborales, según el Plan de Desarrollo Regional el 56.92% de la población carece de atención médica y gran parte de los jornaleros no tienen seguridad social ni contratos de trabajo. Concluían su sueño conformándose solo con alcanzar su libertad y escapar.

Es esta una fuerza laboral prácticamente expulsada de la sociedad y ultrajada, de la que ya nadie se acordaba, donde nacen las nuevas generaciones con malformaciones por los pesticidas. Aquí los trabajadores pueden ser robados y las mujeres violadas sin que nadie haga nada, nadie confía ni en la comisión de Derechos Humanos, pues conocen la complicidad que existe entre los empresarios, diputados y gobierno. Aquí es donde se gesta la rebelión de clase de los oprimidos contra los explotadores.

Hoy estos trabajadores del campo han sido contagiados por una situación agitada que se vive en México, han aprendido que nada lograran con lamentos y de un momento a otro, tomando por sorpresa a todos se alzan para hacerse escuchar, recordándonos la precarización laboral en que viven millones de asalariados del pueblo de México. Nada más oportuno, pues han arrancado las grandes campañas de demagogos expertos en el engaño y la mentira y nadie quiere comprometerse con los explotadores, por supuesto, solo en busca de votos.

Los trabajadores agrícolas solo les queda el camino de la organización, de otra manera los pesticidas terminaran con su salud y pidiendo limosna por las calles como muchos otros, o como prisioneros de la patronal, pues las tiendas de raya los mantiene como verdaderos rehenes. Las mujeres terminarían como las demás, cubriéndose el rostro, avergonzadas y humilladas, caminando con miedo y donde sus hombres no pueden hacer nada pues está de por medio el despido. Por ello es que, ante nada que perder, hoy se juegan el todo por el todo.


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