El despido petrolero y la movilización de los trabajadores

Ángel Chávez, miembro del CC del PCM

300En el mes de diciembre del año pasado el Partido Comunista de México en su III pleno del CC ampliado expidió un análisis de la situación política nacional en el que se concluye que se ha abierto un nuevo periodo en la lucha de clases.



El documento destaca que los trágicos sucesos de Ayotzinapa marcan la apertura de este nuevo periodo. El debate que subyace a esta tesis es que las multitudinarias movilizaciones a nivel nacional, el amento en la intensidad de las confrontaciones entre manifestantes con policías y soldados, la toma de casetas, la del aeropuerto, la crisis de dominación que se cernió sobre la política burguesa y llevó a que el gobierno de Peña Nieto tuviera que replegarse ante el movimiento popular, no eran síntomas de una mera “coyuntura”, sino indicios de la apertura de un periodo en la lucha de clases en la ofensiva popular y la crisis de dominación se hacen presentes.

Comprendemos las protestas desatadas por los sucesos de Iguala como el resultado de los ataques en contra del pueblo y de los trabajadores, como la reforma laboral, fiscal, energética… reformas que son más agresivas que antes dado que el capital continúa en un periodo de crisis económica a nivel mundial.

Dadas las condiciones económicas del país y la implementación de las reformas estructurales, el PCM previó en septiembre pasado que se desarrollarían y agudizarían los choques clasistas, lo cual se confirmó de manera pronta en Guerrero y luego a nivel nacional con el movimiento popular por los 43. No obstante, en dicho movimiento se observaba una compasión pluriclasista (sectores populares, pequeños comerciantes, campesinos pobres, sectores de la pequeña burguesía) y la ausencia de las masas obreras en las manifestaciones. Poco tiempo después, empero, esas masas obreras ausentes de las acciones globales por Ayotzinapa han empezado a mostrarse de manera viva conforme la lucha de clases avanza y se expresa en el choque de los intereses contrarios de la clase obrera y de la burguesía.

El año pasado se dio un duro golpe a la clase obrera con la implementación de la reforma laboral. La clase no se podía quedar sin responderle al capital y a finales del año pasado, al mismo tiempo que las protestas por los 43, alrededor de 5 mil obreros de la fábrica de tubos TAMSA estallaron en una huelga que les llevó a la confrontación con la policía por sostener su paro. Esta fue una de las primeras acciones de lucha obrera dentro del nuevo periodo.

Sin contar los diversos paros y huelgas sucedidos en los primeros dos meses del año, muchos de los cuales son ilegales o “de hecho” y de duración fugaz, la siguiente movilización de obreros industriales de gran importancia es el sector petrolero.

Desde la primera semana de marzo, trabajadores petroleros anunciaron que harian movilizaciones el 18 de marzo en el marco del 77 aniversario de la expropiación petrolera. El motivo: el próximo despido de por lo menos 3 mil trabajadores sindicalizados y de confianza.
En el sur del estado de Veracruz, donde se proyectó el recorte de 3 mil obreros en marzo, trabajadores de las secciones sindicales de Coatzacoalcos, Nanchital, Minatitlán, Agua Dulce y Las Choapas también anunciaron protestas durante las celebraciones que organiza PEMEX y las dirigencias sindicales locales. Estas secciones corresponden a los complejos petroquímicos de Cangrejera, Pajaritos y Refinería Lázaro Cárdenas de Minatitlán, señaló Chávez.

De igual manera en Salamanca, Guanajuato, los trabajadores están inconformes por el futuro despido de 1,500 trabajadores de confianza y sindicalizados. En este estado se preparó una marcha de protesta y un plantón frente a instalaciones de la refinería “Antonio M. Amor”.

Los recortes responden a la síntesis de múltiples causas, entre las que destacan el recorte presupuestal de 160 millones de pesos que se le hizo a PEMEX este año, a los intereses del gobierno por presentar a dicha paraestatal como una empresa en declive, a los intereses del capital internacional y nacional que invertirán en la empresa y buscarán disminuir y renovar parte de la planta laboral, entre otras.

Significa también que los trabajadores, las bases, están padeciendo de una dirección sindical no sólo incompetente, sino que además defiende los intereses del gobierno y las patronales. Los trabajadores denunciaron que el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) y el dirigente nacional del sindicato, Carlos Romero Deschamps, no están haciendo nada para defenderlos y que, al contrario, han demostrado estar al servicio de los intereses del gobierno.

Cuando se anunciaron las marchas, el STPRM respondió que se resguardará a los trabajadores sindicalizados y que no serán afectados. Los trabajadores no creyeron esa mentira pues saben que el despido es una política que responde a los intereses del capital y no puede ser frenada, únicamente retardada.

Pero además de la respuesta del sindicato, el anuncio de las movilizaciones causó el acoso e intimidación a los trabajadores. El 6 de marzo un grupo armado ingresó a las instalaciones petroleras ubicadas en la región del sur del estado de Veracruz para robarles a los trabajadores sus pertenencias de valor. Es obvio que el objetivo era intimidar y sembrar terror en los trabajadores del sector petrolero. Queda claro: la industria petrolera, al ser estratégica, será intervenida por el gobierno y la burguesía de manera legal o ilegal (guardias blancas o grupos paramilitares) para evitar las protestas obreras que puedan derivar en paros o huelgas.

El 9 de marzo trabajadores integrantes de un sindicato independiente de petroleros denunció que la empresa inició acciones de intimidación a obreros sindicalizados y de confianza para evitar las manifestaciones en el país por los despidos que vienen.
A la movilización petrolera por despidos se suman ahora las movilizaciones de masas del proletariado agrícola de San Quintín, Baja California, que ya han hecho barricadas, bloqueos carreteros y se han confrontado con la policía en luchas callejeras.

El proletariado prepara un golpe de igual magnitud al que significó la reforma laboral pero en sentido inverso, un golpe al poder de los monopolios. Cada que reprime y busca impedir el desarrollo de las protestas, el Estado ayuda al acelerado desarrollo de las formas de lucha.