El fetichismo de la imparcialidad de los medios de comunicación: El caso Carmen Arístegui

Marco Vinicio Dávila, miembro del Buró Político del PCM.

300Ya antes he escrito algunas opiniones respecto al fetichismo de la imparcialidad de los medios de comunicación; y justamente he tomado los programas de Carmen Arístegui en MVS y en CNN como ejemplo de lo que significa ese fetichismo. Este fenómeno aplica a otros medios informativos de aparente apertura democrática.



Hoy, el conflicto laboral de esta periodista con uno de los dos monopolios informativos para el cual trabajaba –MVS– ha puesto de relieve cómo funciona este fetichismo.

Las manifestaciones de apoyo a Arístegui, las expresiones de denuncia por coartar la libertad de expresión de la periodista, la ofuscación por el atentado contra la libertad de prensa que por momentos raya en lo caricaturesco, si no es que incluso en lo grotesco provienen principalmente de sectores de la clase media, que es media culta y a veces también media informada y que justamente tiene como principal referente informativo su programa de noticias.

Comenzaremos diciendo que el manejo de la información que hacen los medios masivos sean impresos, radiales o televisivos es, en mayor o menor medida, parcial tendencioso y distorsionado, obedeciendo siempre su línea editorial a los intereses económicos y políticos que el grupo propietario tiene y protege.

Esta afirmación fue totalmente demostrable con el caso de las autodefensas en Michoacán que Carmen Arístegui cubrió diariamente con aparente imparcialidad, por un largo periodo que incluyó una abierta campaña por la libertad de Mireles, personaje del cual Arístegui en MVS convirtió en una figura apologética; mientras se exaltaba el papel de las autodefensas en Michoacán, se silenció casi por completo el tema de las policías comunitarias en Guerrero y poco se habló de la libertad de Nestora Salgado, coordinadora de las policías comunitarias en Olinalá.

No podemos dejar de hacer notar que detrás del prestigio de la periodista están los intereses de los monopolios informativos CNN y MVS, y que este último tiene conflictos con el gobierno mexicano, por lo que el manejo relajado y hasta tendencioso de las “autodefensas” y su equiparación con las policías comunitarias y los grupos de sicarios, ha provocado confusión y ambigüedad a la hora de poder identificar el origen, los intereses y los fines que persiguen todos estos grupos armados. Razón por la cual muchas personas veían en estos grupos armados los gérmenes de algún proceso revolucionario en ciernes.

MVS-CNN son monopolios de la comunicación que desestabilizan países, lo mismo en América que en Europa y no hay razón para pensar que en México sea adalides de la democracia. La línea editorial de los programas de Carmen Arístegui obedecen a los intereses de esos monopolios, que tienen abiertas contradicciones intermonopólicas con Televisa y Tvazteca y por eso filtran noticias que afectan la credibilidad de sus expresiones políticas.
MVS y CNN, dos monopolios de la información.

Grupo MVS tiene dos divisiones, MVS radio y MVS televisión; la primera con 130 estaciones agrupadas en cuatro cadenas y noventa millones de radioescuchas, en ocho países de Centroamérica, Sudamérica y los EEUU; la segunda, con cuatro canales de televisión para una audiencia de ocho millones de telespectadores en 200 ciudades del continente americano. Posee además el 50% de las acciones de Dish, distribuidora de señal por cable con un millón ochocientos mil suscriptores en el país, pero su socio Echo Star, es propietario y opera una flota de satélites, cuenta además con una cartera de más de 14 millones de suscriptores en los EEUU.

Finalmente diré que el dueño y presidente de Grupo MVS, Joaquín Vargas ocupó el lugar número 57 en la lista de los 100 hombres más influyentes de México para el 2013, según CNN-Expansión.

De CNN está por demás demostrar que es un monopolio de la comunicación, sólo diremos que esta cadena de noticias es operada por Time Warner Inc, que es el segundo monopolio de medios más grande del mundo, sólo detrás de The Walt Disney Company.

Arístegui, las reglas del juego.

Es verdad que Carmen Arístegui ha construido su propia imagen a partir de un trabajo serio en el periodismo de investigación, es también desde hace muchos años una periodista polémica por sus conflictos laborales debido a sus reportajes; de manera que quien la contrata sabe el tamaño del paquete que tiene en su nómina, por eso MVS la promocionaba como “la periodista más reconocida y polémica de México, siempre llevando hasta la pantalla las noticias más importantes de México y el mundo, y con frecuencia generando ella misma la nota importante del día.” Es por lo tanto una periodista con mucha experiencia laboral.

Y trabajando para estos dos monopolios es seguro que ella conocía, y conoce, muy bien las reglas del juego y jugaba con apego a ellas, es decir se ceñía a las directrices editoriales que, en el caso de MVS son contrarios a los de Televisa y del gobierno mexicano por los conflictos de intereses que han tenido en la disputa por el control del mercado de las telecomunicaciones y el favoritismo del gobierno que ha afectado sus intereses.

Después de todo no hay que olvidar que los medios masivos de comunicación, más allá de sus contradicciones intermonopólicas, son propiedad de la clase dominante, la burguesía, y forman también parte del Estado burgués a través de los cuales tratan de mantener un control ideológico sobre los trabajadores y demás clases explotadas.

Por eso, y sólo por eso, no puede existir la imparcialidad en el manejo de la información de estos medios más que como un fetiche; por lo que hay que combatir ese fetiche y luchar no por boicotear sus programas o su circulación, ni por exigir su democratización, en esa lógica tendríamos que exigir también que salgan del aire todos los programas enajenantes que todos los monopolios mediáticos tienen en su programación, no, de lo que se trata es de luchar también por la expropiación de estos medios para que la voz de los trabajadores pueda difundir nuestra verdad, que hoy distorsionan y ocultan, a pesar de las buenas intenciones de periodistas honestos y alguno que otro periodista incauto.

En términos estrictos Carmen Arístegui ha sufrido una injusticia laboral nada más, como miles de trabajadores en el país que todos los días pierden su trabajo; no corre peligro de muerte, su salida de MVS no representa un golpe a la libertad de expresión ni al derecho a la información verídica, porque ésta en realidad no existe en un país donde los monopolios ejercen su dictadura. No es su caso como el de tantos otros periodistas que han pagado con su vida el ejercicio de la libertad de expresión. Lo que pasa es que los monopolios MVS-CNN exaltaron en su beneficio el fetichismo de la imparcialidad de los medios de comunicación y mucha gente ha caído en la trampa de ese fetichismo.