Sobre la intervención militar imperialista en América Latina, límites y contradicciones

Diego Torres, Segundo Secretario del Partido Comunista de México

I

“La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Es la tesis de Clausewitz, que Lenin retoma para caracterizar la naturaleza imperialista de la guerra mundial, y a partir de ahí no perderse en el pacifismo pequeño burgués ni en el social chovinismo, planteando con claridad, con el resto de la izquierda de Zimmerwald, la consigna de convertir la guerra imperialista mundial en guerra civil mundial contra la burguesía. Esa tesis sigue siendo perfectamente válida y nos permitirá arrancar en la evaluación de la intervención militar de los centros imperialistas en América Latina.

Los objetivos de la política de los centros imperialistas, y por tanto los objetivos estratégicos de cualquier operación militar que tenga a éstos como su mando, son el control y expolio de los recursos naturales (energéticos, minerales, agua, biodiversidad, maderables, cultivos, etc.), los mercados, las rutas, etc., de la región para beneficio de sus monopolios.



En este sentido se oponen a su objetivo, y consecuentemente son ubicados como su enemigo (militar en cuanto tienen fuerza con la cual hacer efectiva su oposición), por un lado las insurgencias, más en general los movimientos populares, comunidades en resistencia, fuerzas revolucionarias, etc. Por el otro lado centros imperialistas rivales y sectores de la burguesía de los países Latinoamericanos que decidan tomar parte por alguno de estos centros imperialistas rivales.

La forma que adopta la intervención, depende de cual fuerza es la que enfrenta y bajo cuales condiciones se desarrolla la confrontación. Tratándose de operar contra un antagonista de clase, contra una fuerza que ponga en riesgo toda la dominación burguesa, hace causa común con la burguesía nativa ampliando los tratados económicos con capítulos de cooperación militar, entrenando, armando y asesorando a sus aparatos militares. Probablemente no haya ejemplo más contundente de esto que la guerra que el Estado colombiano con apoyo de EEUU e Israel ha llevado a cabo para intentar ahogar en sangre y fuego a la heroica insurgencia de las FARC, a las demás guerrillas, y en general para masacrar a toda oposición. Otros ejemplos de esto son los tratados militares de EEUU con México y Centroamérica como la Iniciativa Mérida, los tratados de cooperación en materia de “seguridad” entre Colombia y México, los tratados de cooperación político-militar entre Perú y Estados Unidos, etc.

Cuando pese a los obstáculos que se le oponen la fuerza revolucionaria ha llegado al poder entonces la intervención militar abierta continúa y con formas virulentas como el suministro de armas y entrenamiento a la reacción, la intervención directa, el bloqueo, etc.

Cuando se ha tratado de enfrentar la influencia de centros imperialistas rivales o a regímenes que de alguna manera no acepten por medios diplomáticos darles ventajas a los monopolios norteamericanos se ha recurrido a otras medidas como golpes de Estado (frescos en la memoria están los recientes casos en Paraguay y Honduras, en 2004 en Haití, los no muy lejanos intentos de golpe de Estado en Venezuela y Ecuador, etc.), el fomento y respaldo de la desestabilización (como fue muy evidente durante el conflicto post-electoral en Venezuela, o en el 2008 en la llamada “media luna” de Bolivia, etc.), los atentados, operaciones de terror y sabotaje, la intervención directa (como en Granada en 1983y Panamá en 1989), etc.

Cuenta para respaldar ambos tipos de intervención con el apoyo de un gigantesco aparato de propaganda masiva que sirve para enmascarar ideológicamente su intervención ante las masas de su propio pueblo como entre los pueblos de la región y del mundo. Para reducir la oposición a sus maniobras, una de sus principales preocupaciones, las excusas van cambiando y adaptándose con el tiempo. La falaz “guerra contra el narco”, el “combate contra el terrorismo”, la “intervención humanitaria”, la “protección de la democracia”, etc. Construcciones ideológicas que son repetidas bajo las más diversas formas, a todas horas, presentadas en la prensa, en la radio, las televisoras, redes sociales, academia, producciones cinematográficas, etc. No se trata de algo accesorio sino que busca simultáneamente cumplir objetivos político-militares: desmoralizar a su enemigo, reducirle el apoyo, inhibir la oposición popular a sus agresiones, confundir e inmovilizar a las capas de donde puedan tenderse alianzas contrarias a sus intereses, etc.

Veamos de qué fuerzas dispone el imperialismo para efectuar sus intervenciones militares.

Comencemos por el Estadounidense.

Entre sus principales medios se encuentra el llamado SOUTHCOM, Comando Sur, que es integrado por el 12º Cuerpo de la Fuerza Aérea (cuenta con 396 aeronaves de guerra, 32600 hombres, con una reserva adicional de 17700 hombres y 214 aeronaves de combate), la 2ª Fuerza Expedicionaria de Marines (cuenta con 47000 marines, aprovisionados para combatir de manera autónoma por 60 días), la 2ª División de Marines (20,000 hombres), la 2ª División Aérea de Marines (400 aviones de combate), la 2ª Fuerza Grupo de Soporte (desembarco, mantenimiento, etc.) y el Ejército Sur “USARSO” (Opera desde el Fuerte Sam Houston en Texas, su base está compuesta por 1800 hombres, aunque puede movilizar a algunas decenas de miles de reservistas y de la guardia nacional). Además, el SOUTHCOM, posee organismos de inteligencia, que incluyen agentes de la CIA, conformado por alrededor de 250 y 300 interrogadores, que operan en la Base de Guantánamo, Cuba.

Hallamos también como otro medio a la reactivada IV Flota de la marina de guerra, cuya base de operaciones se halla en la estación naval de Mayport en Florida. Ésta dispone de la capacidad de enviar buques artillados (Escuadrón de destructores 6 y 14) así como unidades SEAL al cono sur. No es casual que su reactivación fuera precedida un mes antes por el bombardeo de territorio ecuatoriano por unidades norteamericanas y colombianas en Marzo del 2008.

La actividad de estos marinos, soldados, pilotos, agentes contrainsurgentes, etc., sería impensable sin la infraestructura que representan las bases militares enclavadas en el territorio latinoamericano que a continuación listamos por países.

Colombia: Con fecha 30 de octubre de 2010, el gobierno de Colombia suscribe con los Estados Unidos un convenio de cooperación militar en el cual se asignan para ser usadas por la tropa estadounidense la Base Aérea de Apiay, en el Departamento del Meta; la base Aérea de Malambo, ubicada en el área metropolitana de Barranquilla; la base Aérea de Palanquero, situada en Puerto Salgar, en el departamento de Cundinamarca, la base Aérea de Tolemaida, en Melgar, Tolima;al mismo tiempo el fuerte militar más grande en Latinoamérica, la base Naval de Bahía Málaga, en Buenaventura, la base Naval de Cartagena, en la costa del mar Caribe. Éstas se suman a las que ya venían siendo utilizadas, la Base aérea deTres Esquinas, en Caquetá y la base Aérea Larandia, en el mismo departamento, así como el puerto de Turbo, para aprovisionamiento de la IV Flota.

Aruba: Se encuentra la base aérea Reina Beatriz.

Costa Rica: Existe una base de EEUU en Liberia. En 2009, el subcomandante del Comando Sur del Ejército norteamericano Paul Trivelli informó sobre la inversión de 15 millones de dólares en una base naval que se estaría construyendo en la localidad de Caldera, provincia de Puntarenas, y que allí funcionará, además, una escuela para el adiestramiento de oficiales de guardacostas. Adicionalmente el Parlamento Nacional de Costa Rica autorizó en 2010 la entrada al territorio costarricense de 46 buques artillados, 200 helicópteros, 10 aviones, 1 portaviones, y 7000 soldados. En julio pasado esta decisión está siendo sometida a revisión por parte de la Sala Constitucional.

Cuba: Los EEUU mantienen una base naval y prisión en Guantánamo, territorio usurpado a Cuba.

Curazao: Base en Hato Rey.

Chile: Con autorización del gobierno de Sebastián Piñera se abrieron instalaciones en el Fuerte Aguayo, cerca de Valparaíso, una base militar de los EE UU. El SOUTHCOM realizó la millonaria inversión del complejo militar bajo la denominación de “ejecutar operaciones de mantención de la paz o de estabilidad civil”.

El Salvador: Base en Comalapa, aledaña al Aeropuerto internacional de San Salvador.

Honduras: Ya se contaba con la Base Aérea de Soto Cano, en Palmerola,otra en Puerto Lempira, sobre la laguna Caratasca, y una más en construcción, en Guanaja, Departamento Islas de la Bahía. A estas hay que agregar recientemente tres nuevas Bases de Operaciones de Avanzada (FOB) en Mocorón, El Aguacate y Puerto Castilla.

Panamá: Aquí se encuentran doce bases aeronavales en ambas costas. Sobre el Pacífico están las de Isla de Chapera, Puerto Piña en Darién, Quebrada de Piedra, en Chiriquí, Rambala, en provincia Bocas del Toro, Punta Coco, en Archipiélago de las Perlas, Isla Galera,Mensabé, en Los Santos, Coiba, en Veraguas.Sobre el Caribe están las bases Sherman, en Colón, El Porvenir, en Kuna Yala, Puerto Obaldía, en Kuna Yala y San Vicente, en Metetí.

Paraguay: Aquí se halla una Base en Mariscal Estigarribia, en el Chaco. Otra base en Pedro Juan Caballero (Base de la DEA estadounidense), en la frontera con Brasil.

Perú: Existenlas bases militares de Iquitos, Nanay y Santa Lucía. Además el gobierno peruano autorizó a EEUU el uso de instalaciones portuarias para aprovisionamiento de la IV Flota en cercanías del puerto de El Callao. En julio del 2010 se terminó de ampliar una guarnición de la Base Naval El Estrecho, a orillas del río Putumayo.

República Dominicana: Una base naval patrocinada por el gobierno de EE.UU. se está construyendo en la Isla de Saona, en el extremo sureste del país.

Puerto Rico: Al trasladarse la base de operaciones de la IV Flota a Florida se cerraron la Estación Naval de Roosevelt Roads, y del Área de Tiro y el Área de Maniobras de la Flota del Atlántico en Vieques, Puerto Rico. Los destacamentos militares estadounidenses en la isla están designados para el NORTHCOM, comando Norte, e incluyen las instalaciones de Punta del Este, el Aerostato en Lajas y el Radar de Arecibo, las instalaciones del Department of Homeland Security en Aguadilla, Ponce y San Juan, las instalaciones de la ‘Guardia Nacional’, así como instalaciones ‘científicas’ en universidades que llevan a cabo funciones militares. Poco más de 80% de los efectivos de la Guardia Nacional y de la Reserva, han pasado por una rotación de al menos un año en misiones de combate en el extranjero.

Para contar con fuerzas leales dentro de los países bajo su círculo de influencia, tanto si se trata de evitar que el país se corra a una alianza con un centro imperialista rival como si se trata de combatir a la revolución, el panorama estaría incompleto sin la formación de cuadros, de oficiales militares afines. Para esto el ejército norteamericano ha creado la “Escuela de las Americas”, ubicada en Fort Benning, Georgia. A partir de Febrero del 2001 su nombre cambió a WHISC, “Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación de Seguridad”. Fuera del cambio de fachada, su misión sigue siendo esencialmente la misma, lecciones de tortura y represión, bajo la denominación de lucha antisubversiva o de “seguridad democrática”.

De acuerdo a la información desclasificada solo para este último año de operaciones contó con más de 18 millones de dólares de fondos. A lo largo de casi 60 años ha entrenado a más de 61,000 soldados latinoamericanos con una historia igual de larga de salvajes crímenes contra los pueblos por sus graduados. Cientos de miles de desaparecidos y ejecutados políticos, centenares de miles de torturados, exiliados y presos políticos, etc. Entre sus egresados se encuentran los del batallón 3-16 de Honduras, 10 de los dictadores militares de América latina, los oficiales golpistas de Venezuela, los mandos de los diferentes escuadrones de la muerte que han plagado a México, América Central y Suramérica, etc.

El Reino Unido cuenta con un espacio para entrenamiento de efectivos en Belice, una fortaleza de la OTAN en Isla Soledad, una base aérea en la Isla Ascensión y Tristán da Cunha, una base naval en las Bermudas, y la fuerza más grande de la OTAN en el Atlántico Sur en el archipiélago de las Malvinas.

Francia cuenta con dos bases militares en el archipiélago de Guadalupe (donde se halla estacionado el 41º Batallón de Infantería de Marina, con aviones, helicópteros y efectivos de la Fuerza Aérea), en Martinica cuenta con por lo menos dos bases (1000 efectivos permanentes del 33º Regimiento de Infantería estacionados en Fort de France, 500 efectivos de la Marina de guerra y sus equipos), en la Guayana Francesa cuenta con tres bases militares (en Cayena, San Juán de Maroni, la Base Aeroespacial en Kourou y el radar en Troubiran que enlazan con el satélite militar Galileo, y 40000 agentes destacados para luchar contra los independentistas y contra otros pueblos que se opongan al imperialismo en el continente).

Éste impresionante aparato es el que enfrentan los comunistas y en general todos los revolucionarios del continente. Con sus drones, sus satélites, su sofisticado aparato de espionaje electrónico, con su constante refinación de la maquinaria represiva de nuestros países, con su entramado de bases y todo parece muy sólido.

Sin embargo, a pesar de todo lo sofisticado de la tecnología involucrada, el factor humano sigue siendo lo principal en la utilización de este aparato. El militarismo queda sujeto a sus propias contradicciones, contradicciones que vuelven posible enfrentarlo, neutralizarlo y que los pueblos usen a su favor toda nueva tecnología.

II

Para empezar, la guerra, la intervención militar, no es un fenómeno que se determine solo. La economía, la organización de una sociedad es lo que alimenta y sustenta los esfuerzos bélicos, más aún es lo que determina su estallido. Esto ya es abordado por Engels en el Anti Dühring en la sección segunda, en los capítulos dedicados a La Teoría de la violencia y el poder, donde se aclara que:

“La violencia se llama hoy ejército y escuadra de guerra, y ambos cuestan, como sabemos por desgracia nuestra, “una cantidad fabulosa de dinero”. Pero la violencia no puede producir dinero, sino, a lo sumo, apoderarse del dinero ya hecho, y esto no es de mucha utilidad (…) Así, pues, en última instancia el dinero tiene que ser suministrado por la producción económica; el poder aparece también en este caso determinado por la situación económica que le procura los medios para armarse y mantener sus herramientas. Pero esto no es todo. Nada está en tan estrecha dependencia de las previas condiciones económicas como el ejército y la escuadra precisamente. Armamento, composición, organización, táctica y estrategia dependen ante todo del nivel de producción y de las comunicaciones alcanzado en cada caso. Lo que ha obrado radicalmente en este campo no han sido las “libres creaciones de la inteligencia” de geniales jefes militares, sino la invención de armas mejores y la transformación del material del soldado; la influencia de los jefes militares geniales se limita, en el mejor de los casos, a adaptar el modo de combatir a las nuevas armas y a los nuevos combatientes.

A comienzos del siglo XIV, la pólvora llegó a la Europa occidental a través de los árabes, y subvirtió, como saben los niños de escuela, todo el arte de la guerra. La introducción de la pólvora y de las armas de fuego no fue empero en modo alguno un acto de violencia, sino una acción industrial, es decir, un progreso económico. La industria es siempre industria, ya se oriente a la producción o a la destrucción de las cosas. Y la introducción de las armas de fuego tuvo efectos radicalmente transformadores no sólo en el arte mismo de la guerra, sino también en las relaciones políticas de dominio y vasallaje. Para conseguir pólvora y armas de fuego hacían falta una industria y dinero, y los que poseían las dos cosas eran los habitantes de las ciudades, los burgueses. Por eso las armas de fuego fueron desde el principio armas de las ciudades y de la ascendente monarquía, que se apoyaba en las ciudades contra la nobleza feudal. Las murallas de piedra de los castillos de la nobleza, hasta entonces inexpugnables, sucumbieron ante los cañones de los ciudadanos, y las balas de las burguesas escopetas atravesaron las armaduras caballerescas. Con la pesada caballería aristocrática se hundió también el dominio de la nobleza; con el desarrollo de la clase urbana, la infantería y la artillería van convirtiéndose progresivamente en las armas decisivas; obligado por la artillería, el oficio de la guerra tuvo que añadirse una sección nueva y completamente industrial: la de los ingenieros.

(…) Toda la organización y el modo de combatir de los ejércitos y, por tanto, la victoria y la derrota, resultan depender de condiciones materiales, es decir, económicas: del material humano y de armamento, o sea de la cualidad y la cantidad de la población y de la técnica. Sólo un pueblo de cazadores como el americano podía volver a descubrir la táctica del tirador en guerrilla; y eran cazadores por razones puramente económicas, del mismo modo que ahora, también por razones puramente económicas, esos mismos yanquis de los viejos estados se han convertido en agricultores, industriales, navegantes y comerciantes, que ya no se dedican a la guerrilla en los bosques, pero han llegado en cambio muy lejos en el campo de la especulación, en el que saben muy bien utilizar grandes masas. Sólo una revolución como la francesa, que emancipó al ciudadano y señaladamente al campesino, podía inventar a la vez los ejércitos de masas y la libre forma de movimiento contra los cuales se estrellaron las viejas formaciones en línea rígida, reflejo militar del absolutismo contra el que combatían. Hemos ido viendo cómo los progresos de la técnica, en cuanto fueron utilizables militarmente y se utilizaron, provocaron en seguida, casi por la fuerza y a menudo incluso contra la voluntad del mando militar, modificaciones y hasta transformaciones completas del modo de combatir.”

La intervención imperialista queda sujeta a una contradicción con el propio imperialismo, a las contradicciones inter-imperialistas, como bien lo reflejan los desarrollos en Siria. Pues no se trata de un sistema que armónicamente planifique su desarrollo sino que ante la ley del desarrollo desigual quedan constantemente enfrentados entre sí grupos de monopolios, bloques de Estados y centros imperialistas rivales. Conforme un centro imperialista se debilita otros centros corren a ocupar su lugar, a desplazarlo de sus esferas de influencia, a reacomodar los tratados y alianzas, a beneficiarse del control de esos recursos y mercados. Tanto secciones de la burguesía rivales como en ocasiones las fuerzas populares se aprovechan de estas contradicciones para mejorar sus posiciones. Esto no se resuelve todo el tiempo a través de la diplomacia, y más en tiempos de crisis se expresa en la forma de choques militares, carrera armamentística primero, presiones, amenazas y luego escaramuzas, para finalmente resolverse temporalmente mediante conflagraciones abiertas.

Esto es muy evidente en el caso de Medio oriente y la región más amplia del Mediterráneo, sin embargo un desarrollo similar aunque en una fase todavía latente se puede observar en América Latina. El reflejo de estas contradicciones se puede observar en los datos sobre gasto militar, en las nuevas alianzas militares que se han procurado Rusia y China en la región, así como el peso que pretende proyectar la fuerza aérea, naval y militar de Brasil.

En inversiones de gasto militar para la región latinoamericana podemos ver un incremento absoluto desde principios de los 80’s, donde era de poco más de 12000 millones de USD hasta mediados de los años 90’s, donde llegaba a 25000 millones de USD, que sin embargo no se traduce en un incremento relativo. Es decir, que como proporción del Producto Interno Bruto o de proporción del gasto público total no aumentaba, de hecho disminuía. Esta tendencia se invirtió radicalmente en años recientes, pues ahora el gasto crece precipitadamente tanto en términos absolutos como relativos, en la crisis está disminuyendo el tope financiero de los Estados latinoamericanos sin que deje de crecer la inversión en medios de combate y destrucción. Por ejemplo en el 2013 era de 67800 millones de USD, un año atrás era de 49800 millones de USD y un año más atrás no rebasaba los 40000 millones de USD.

Por ejemplo, hallamos a EMBRAER, el monopólico constructor de aviones brasileños vendiendo sus SuperTucano a Guatemala, Chile, Colombia, Ecuador, República Dominicana, y al propio Estado brasileño. Su papel ascendente viene dado además de estas ventas a lascompras de submarinos nucleares y otros implementos por la marina brasileña, al mismo tiempo que la industria brasileña se convierte en una de las más grandes exportadoras de armas chicas, y su producción de granadas de gas lacrimógeno se van para surtir a países como Turquía.

Rusia tiene firmados contratos por más de 11000 millones de USD para suministrar a Venezuela con 100000 fusiles automáticos Kaláshnikov, así como para construir dos plantas para su ensamblaje y fabricación de munición, para la entrega a Venezuela de 25 cazas SU-MK2 y de 47 helicópteros 34 Mi-17B-5, 10 Mi-35M y 3 Mi-26T, carros de combate T-72B1, lanzaderas de cohetes de bocas múltiples “Smerch” y “Grad”, sistemas de defensa antiaérea S-300, camiones de transportes, etc. Adicionalmente Rusia exportó a otros países de América Latina equipos y servicios militares por más de 14000 millones de USD.

Colombia ha adquirido en otras compras multimillonarias equipos de aviones de combate y drones (Hermes 450 y Hermes 900) a Israel, así como embarcaciones ligeras de última generación (tipo Hovercraft y tipo Pilot), helicópteros Bell 412, buques de OSV, etc.

El militarismo propio del imperialismo queda sumido en contradicciones también por los propios límites económicos del capital en decadencia. Ya desde la segunda mitad del siglo XIX Engels da un muy ilustrativo ejemplo de cómo el duelo militarista entre los buques acorazados y las piezas de artillería pesada llegó a un callejón sin salida, donde los buques apenas tocando el agua ya eran obsoletos, llevándose consigo cantidades monstruosas de dinero para su producción y mantenimiento. Así hasta que el más ligero de los torpederos podía anular el más pesado de los acorazados.

Hoy en día ocurre algo similar en el duelo entre los cazas de cuarta, quinta y sexta generación, que son uno de los pulsos en los que se miden los principales centros imperialistas. El programa del F-22 “Raptor”, viene preparándose desde la década de los 80’s del siglo pasado, originalmente se tenía proyectado entregar la primera flota de los mismos para 1995 a razón de 35 millones de USD por avión. Hoy, en el 2013, ni un solo F-22 ha cumplido misión alguna, por fallas, y su precio ya se elevó a 300 millones de USD. El programa de desarrollo de los F-35 ha excedido por mucho los 40 mil millones de USD y se espera que llegue hasta los 56 billones para el 2016, esto genera tanta presión a la economía sobre-endeudada de los EEUU que se está considerando abandonar por completo el proyecto. Entonces tenemos millones y millones de dólares invertidos en aviones caza de tipo Stealth que se vienen al suelo con una inversión contraria en mejoras de equipos de detección de Stealth.

Un esfuerzo de inversión militar que en lugar de servir para mantener las posiciones de este centro imperialista en particular le ha servido para drenar sumas colosales de dinero del cual no dispone ilimitadamente. Veamos, mientras el gobierno federal de los EEUU estaba al borde del default, con una deuda de más del 300% del PIB, para destruir las defensas de Libia y permitirle a sus aliados de la oposición hacerse con el poder disparó 161 misiles Tomahawk a un costo de 1.41 millones cada uno, lo que da un total de 227,010,000 de dólares solo en los misiles (sin contar los costos de echar a andar los destructores que los transportaron, los salarios de los marinos, entrenamiento, sistemas guía, etc.).

Ilustremos más estas contradicciones. Los F-22, F-35 y demás cazas de quinta y sexta generación son aparatos extremadamente complejos. Requieren componentes que presuponen una productividad más alta para generarlos, tristemente para el capitalismo una productividad más alta lleva a una composición orgánica de capital más elevada, y esto disminuye a su vez la tasa de plusvalía, una contradicción insuperable para todo el complejo militar-industrial de los Estados Unidos y de otros centros imperialistas.

Estos aparatos que se basan en la moderna producción a escala global, dependen para sostenerse de que se les exporte fuera de los propios EEUU y que al mismo tiempo se importe para su fabricación insumos de todo el planeta. Veamos, los imperialistas se pelean entre sí por los materiales, para pelearse utilizan armamento moderno, que a su vez depende de esos mismos materiales. Este enredo complica muchísimo el que de manera sostenible avancen en la aplicación de nuevas tecnologías en la actividad bélica. Por ejemplo, muchos componentes electrónicos avanzados, como los utilizados para las llamadas “bombas inteligentes”, o para las comunicaciones satelitales, etc., dependen de la utilización de minerales raros que son refinados en un 95% por China, y cuyas reservas mundiales se encuentran en un 60% en manos de la propia China, India, Corea, y los países del surestes de Asia. Del neodimio y otras caprichosas tierras raras depende la fabricación mundial de imanes de alto flujo, superconductores, láseres, equipos de resonancia magnética nuclear, equipos aeroespaciales, pantallas de computadoras, etc.

Podría pensarse que los Aviones No-Tripulados, los drones, serían entonces una opción más sustentable para el imperialismo que los cazas, caza-bombarderos y misiles. Sin embargo el problema es que los costos de vuelo y mantenimiento son 30 veces superiores a aeronaves de dimensiones similares tripuladas, además del límite que se impone a la cantidad de armamento que puede desplazar. Aumentar el tamaño del drone para que pueda desplazar una mayor capacidad de fuego o de desplazamiento de material bélico hace crecer geométricamente los costos de su mantenimiento. Los RQ-9 Reaper vuelan a un costo de 3600 dólares por hora, un costo decenas de veces más caro que una avioneta tipo Cessna que sería su equivalente.

El otro problema es que los EEUU no son el único jugador mundial al que se le ocurrió. Irán, por ejemplo, ha desarrollado sus propios drones a partir de RQ-170 Sentinel y ScanEagles capturados. Hasta México, ha desarrollado uno propio denominado S4 Ehécatl.

Los drones presentan ventajas desde el punto de vista del factor sorpresa y de la máxima conservación de las fuerzas propias, lo cual es notable a la hora de determinar la forma que adopta el arte de la guerra, pero no sirven para evitar dolores de cabeza financieros para el imperialismo a la hora de usarlos para defender ganancias que son a su vez absorbidas por el propio uso de su material bélico.

Pero para que estas maravillas tecnológicas no pasen miles y miles de horas de vuelo inútiles requieren de los servicios de la inteligencia. El escándalo reciente del asunto Snowden puso al descubierto el proyecto PRISM. Éste programa interviene todas las comunicaciones electrónicas del planeta, almacenándolas en una base de datos, para luego ser extraídas y analizadas de acuerdo a palabras clave o a personas de interés de los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Pero detrás del programa, detrás de las pantallas hay analistas humanos que reciben y recopilan esa información, y cuando menos uno de estos analistas ha denunciado esta actividad, con lo cual todo se viene al traste y el programa del servicio secreto ya no es tan secreto. La empresa Olympia ha notado un anormal aumento de sus ventas de máquinas de escribir, y los FSO (servicios de inteligencia rusos) han ordenado la compra masiva de maquinas de escribir con una cinta especial para evitar que sean intervenidas sus comunicaciones. Si lo complejo no pudiera ser destruido por lo simple, no habría razón para las enfermedades bacterianas fatales.

Antes de la época del correo electrónico y de las llamadas redes sociales la resistencia vietnamita coordinó mediante papeles escritos y mensajes orales la ofensiva simultánea sobre más de 100 puestos militares colonialistas. Los bolcheviques tomaron durante la insurrección el control de los teléfonos, los telégrafos, los puentes, etc. y todos ellos dejaron de prestar servicio alguno al gobierno burgués que quedó aislado. Hay esperanza para nuestra lucha, con una organización eficiente, una táctica audaz y correcta puede hundirse al imperialismo aún hoy.

Pero no solo se trata de estas contradicciones de las que está preñada la intervención imperialista, sino que la misma tiene límites históricos que constantemente amenazan con derrumbarla del todo. El hundimiento social y la guerra son odiosas calamidades para los pueblos, pero al mismo tiempo aceleran todas las contradicciones, desnudan a la luz del sol la naturaleza de clase del Estado y de las distintas fuerzas políticas, generan las precondiciones para una ruptura revolucionaria.

Rechazamos por ello el fatalismo geográfico y otras formas de llevar el derrotismo a la clase obrera de nuestros países, que son propagadas por quienes pretenden vernos doblar la rodilla frente al imperialismo. Cierto que el poder que defiende a sus monopolios reacciona ferozmente contra quien se le oponga. Pero existe la dialéctica, descrita por Hegel, del amo y el esclavo (HerrschaftundKnechtschaft), cuando éste se rebela no solo entra en riesgo él, sino también el amo que se ve ante el doble riesgo de ser destruido o dejar de ser amo si no puede controlar a su antiguo esclavo sin destruirlo. La Revolución Cubana fue una enorme demostración de que se puede hacer una revolución aún con un centro imperialista volcado a impedirla.

Tras décadas y décadas de guerra e intervención militar, de lanzar contra las FARC-EP operativos de arrasamiento como el Plan LASO, la operación Sonora, la operación Casa Verde, Destructor 1 y Destructor 2, Plan Patriota, Plan Colombia, etc., la guerrilla sigue viva, expresando los anhelos más sentidos de los campesinos y trabajadores de Colombia, captando a miles de nuevos jóvenes que son llevados a sus filas acosados por los propios paramilitares y la espantosa situación económica.

III

Por último, valdría la pena hablar brevemente sobre la intervención militar imperialista en nuestro país, con la llamada guerra contra el narcotráfico, y como visualizamos en general el enfrentamiento al imperialismo en nuestro país.

En el caso concreto de México y la Iniciativa Mérida, con la escusa del combate al narcotráfico gran parte del territorio ha sido militarizado. Hay una venta constante de armamento por parte de los EEUU, los aviones no tripulados vuelan sobre el territorio nacional, abiertamente interviene el FBI, la CIA y la DEA, por recomendación de éstas agencias se han construido dos nuevas bases militares en Chiapas (Chiquimosuelo y jiquipilas que se suman a los 14000 militares ya acantonados en la región para combatir contra las comunidades autónomas del EZLN) así como una Academia policial en Las Encinas, al oriente de Puebla, con participación directa del FBI. Con todo lo anterior y más de 150000 muertos después (de acuerdo a datos del propio Leon Panetta, secretario de defensa de los EEUU) el capital invertido en el mercado de las drogas sigue su acumulación.

Y esto es así porque el mercado de la droga es un fenómeno asociado con la existencia del propio mercado, porque al igual que otros sectores del mismo al tiempo que acumula tiende a su concentración y centralización, y las contradicciones que provoca la búsqueda de captar más plusvalía entre las distintas “empresas” controlando las rutas de trasiego, la producción, los precursores químicos, etc., son dirimidas de forma extra-legal (y nos opondríamos igualmente a que se dirimiera legalizando la droga o parte de la droga). Al mismo tiempo la gente que se enrola para servir a alguno de los cárteles, en su mayoría jóvenes desclasados, buscan ahí una forma de acumulación originaria. Dicha guerra está condenada a fracasar estrepitosamente mientras las armas, la tierra de cultivo, las semillas, los botes, los camiones, las sustancias químicas y la fuerza de trabajo sean mercancías, mientras dure el dominio del capitalismo.

Tampoco puede hablarse de un proceso de colonización con motivo de esta intervención militar, como ya hemos abordado en otros artículos en publicaciones anteriores, los monopolios con asiento en México ven asegurados sus intereses generales con la asociación imperialista internacional del TLCAN y es natural que enfrentados en una lucha de clases cada vez más aguda agreguen contrapartes de alianza político-militares a la asociación, como el ASPAN, el Plan Mérida y algunos acuerdos secretos.

Las sangrientas agresiones sufridas casi a diario por campesinos, trabajadores migrantes, trabajadores autónomos, comerciantes pequeños, estudiantes, sindicalistas, ecologistas, etc., en medio de la llamada guerra contra el narcotráfico no solo es un síntoma de la barbarie del capital parasitario, sino esencialmente una continuación de la contradicción entre capital y trabajo. Al tiempo que se aprueban las medidas anti-obreras y anti-populares más duras de las que se tenga memoria, la operación del paramilitarismo en México ha quedado como un fenómeno plenamente demostrado. Estos mecanismos paramilitares aún cuando son autónomos en su financiamiento no tienen problema en asumir un rol auxiliar en la represión, y sus objetivos no chocan de manera antagonista con los objetivos del Estado. Recordamos el doloroso caso de nuestros camaradas, Raymundo, Samuel y Miguel, cuya vida fue cobrada por mecanismos paramilitares, y que se sumaron a una lista de centenas de casos de ataques contra dirigentes obreros, campesinos y sociales. Muchos de nuestros cuadros no desconocen las amenazas y el hostigamiento que este fenómeno impone a nuestra actividad.

No es ninguna casualidad que durante un tiempo operen los cuerpos de paramilitares con total impunidad en lugares donde la burguesía pretende implementar medidas duras para salvaguardar su acumulación como el corredor petrolero en el Golfo de México, o los territorios del Pacífico sur donde se hallan reservas minerales codiciadas por grandes mineras, etc.. Ni tampoco que una vez que se logra desplazar a parte de la población, aterrorizar o masacrar a los dirigentes revolucionarios, y militarizar la vida social, una vez que se despoja por completo los territorios o entran en efecto sus planes de desarrollo pasen a prescindir de los servicios de estos paramilitares, mediante la detención “espectacular” de líderes de cárteles, su extradición, desarticulación de algunas estructuras, y reacomodo del mercado de la droga con el concurso de otros carteles. Una suerte similar a la que le deparó a algunos de los dictadores militares en Centro y Suramérica tras cumplir sus tareas. Mucho menos que algunos connotados dirigentes de las bandas paramilitares tengan en su historial un tiempo de servicio en unidades policías-militares del gobierno federal con adiestramiento en la Escuela de las Américas.

Pero los efectos del terror, ni siquiera el bestial terror del Nazi Fascismo alemán llevado a una escala industrial, nunca han probado ser tan duraderos como lo quisiera la burguesía. Y éste embate ha traído ya algunas respuestas desde las capas populares.

El acoso de los paramilitares, sobre todo en las zonas rurales, como su accionar conjunto con el Estado burgués ha orillado a comunidades campesinas a armarse para la autodefensa de sus tierras, y de su integridad física. Este fenómeno comenzó en la región de La Montaña de Guerrero, donde una población campesina de aproximadamente 300000 habitantes repartidos en 77 pueblos de 12 municipios, que se sustenta sobre la base de 8800 minifundios cafeticultores, y del cultivo de subsistencia en régimen ejidal y comunal, decidió responder desde 1995 a la cuota diaria de horrores y asesinatos con la formación de una guardia comunitaria de cerca de mil efectivos. Esta policía comunitaria fue armada por el pueblo, no percibe un salario especial por su actividad, y responde ante las autoridades comunitarias. Con el paso del tiempo, los éxitos en lograr recuperar el control de su territorio, desalojar a las bandas paramilitares y abatir la inseguridad, llevaron a otras comunidades a imitar el ejemplo. Esto se volvió una verdadera amenaza para el Estado cuando un cuerpo de ya varios millares de guardias comunitarias se pronunció contra los proyectos de despojo representados por la construcción de una hidroeléctrica o las inversiones de monopolios mineros en la zona. El Estado pretende desarmar a estas guardias, pero las comunidades entienden perfectamente que eso significa quedarse impotentes frente a intereses contrarios a los suyos, por lo cual se arriesga a desatar un estado de práctica guerra civil en la región. Además en el momento en que el ejército mexicano es desplegado para el desarme de las comunidades, este desarrollo rebasa Guerrero y el propio gobierno reconoce su existencia en por lo menos 13 estados.

No solo es que algunos pueblos se arman, naturalmente que los grandes propietarios y los ganaderos también optan por levantar sus propios ejércitos particulares, desde hace años la gran burguesía legalizó la contratación de mercenarios como seguridad privada de sus personas y sus empresas. Paulatinamente la sociedad entera queda escindida y confrontada. Desde hace más de un siglo, es decir de la época de la revolución de 1910, no ha habido un momento en que una proporción tan alta de la población mexicana estuviera armada, ni hay antecedentes de un apoyo mayoritario a un desarrollo similar (según encuestas de la prensa burguesa más de la mitad de la población aprueba la formación de la policía comunitaria).

Por otro lado los grandes choques protagonizados por sectores organizados de los trabajadores y la PFP, policía militarizada, son sin duda políticos en su contenido pero por sus formas se asemejan a actos de baja intensidad de una guerra, a escaramuzas. En esta categoría entran los enfrentamientos de los diversos episodios de la insurgencia magisterial (2006, 2008-2009, 2013), las barricadas de la APPO, Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, los enfrentamientos que tuvieron lugar durante la primera parte de la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas, el enfrentamiento en la siderúrgica de la empresa SICARTSA, en Michoacán, entre huelguistas y la policía militar, etc.

La guerra va adquiriendo formas que la acercan a una polaridad máxima, no consiste nunca en un esfuerzo único que no se prolonga en el espacio y el tiempo, no consiste en un único golpe. Hoy están enfrentados por un lado los obreros, campesinos y sectores de los trabajadores organizados, y por el otro lado el poder de los monopolios, con la fuerza aliada de los aparatos militares mexicanos, colombianos y estadounidenses. Hoy en día enfrentamos a la bota de la gendarmería, los granaderos, los militares y paramilitares, los asesores colombianos y los agentes del imperialismo norteamericano. Cada conflicto lo vemos como un episodio de un proceso ascendente, escaramuzas donde nuestra clase y nuestro pueblo va adquiriendo experiencia, donde se van destacando, pese a las derrotas temporales, nuevos cuadros, donde el Partido Comunista obtiene nuevos reclutas entre los más avanzados y firmes luchadores populares.

Pensamos que la única salida de esta situación debe ser el ejercicio de la violencia revolucionaria de la clase obrera y los oprimidos para hundir el bloque negro del poder de los monopolios, para quebrar la resistencia que oponen los capitalistas a las medidas que deben ser implementadas para salir del hundimiento social en el que nos encontramos, para romper los tratados y alianzas inter-imperialistas.

Como lo indica V.I. Lenin en El programa militar de la Revolución Proletaria II capítulo:

“Una clase oprimida que no aspirase a aprender el manejo de las armas, a tener armas, esa clase oprimida sólo merecería que se le tratara como a los esclavos (…) no se puede olvidar que no hay ni puede haber otra salida que la lucha de clases.

Pensamos que en un momento de ruptura, el Partido habrá conquistado su papel de vanguardia de la clase obrera. Y pensamos que en México, dada la naturaleza de nuestra clase, dado que la población se proletariza y concentra en grado superlativo en los polos de acumulación, en las grandes urbes (cerca de una cuarta parte de toda la población nacional vive en el área conurbada de la Ciudad de México), mientras que los otros sectores oprimidos languidecen y desaparecen -90% del campesinado perdió sus tierras, los sectores medios han sido lanzados como trabajadores del sector servicios, etc. En otras palabras, dado que el grado de desarrollo del capital en México puede ser caracterizado por haber llegado a una fase imperialista, la fuerza decisiva de un levantamiento popular recaería en la actuación de la clase obrera de las grandes ciudades industriales del país. En caso de empatar esta preponderancia de nuestra clase con las otras dos condiciones que trazara para ello Lenin (el ascenso revolucionario del pueblo, el momento de viraje en que la vanguardia es más fuerte, mayores son las vacilaciones en el campo del enemigo y entre las filas de los indecisos), pensamos que la forma principal que más probablemente adoptaría una ofensiva militar de la clase obrera sería la insurrección. Esto no debe interpretarse mecánicamente, es evidente que los avances y retrocesos en la lucha de clase pueden imponer otras formas previas o formas auxiliares, ni que una victoria total supone el concurso de otras capas oprimidas en un levantamiento general, o que se puede y se debe combinar con el efecto de las huelgas en los sectores estratégicos o bien la huelga general, etc.

No tenemos absolutamente ninguna duda de que una ofensiva, tanto en su intento como en su victoria, acarrearía una confrontación con el imperialismo, y más probablemente con el imperialismo norteamericano. Sea inmediato o sea postergado. Lo cual no contradice que un poder obrero en México pudiera insistir en una política de buena vecindad, o en aprovechar las contradicciones inter-imperialistas para maniobrar, etc.

Pero en este terreno solo se puede abordar la cuestión de un modo general, pues hacerlo de otro modo sería ya especular de manera árida y pedante. Tenemos claro que el entusiasmo de las propias masas por una victoria contra sus opresores directos no bastaría para confrontar exitosamente con un centro imperialista de primer orden, que contaría con mucha más experiencia, recursos y organización que nuestro enemigo de clase interno.

“Pero el entusiasmo sólo no basta para sostener la guerra con un enemigo como el imperialismo alemán (…). La guerra se hace en toda regla o no se hace (…). Para sostener una guerra en toda la regla hace falta una retaguardia fuertemente organizada. El mejor ejército, los hombres más leales a la causa de la revolución, serán de inmediato aniquilados por el enemigo si no están bien armados, bien abastecidos, y adiestrados.

V.I. Lenin, “En Terreno Práctico”

Sabemos que un poder obrero debería proceder a el armamento general del pueblo para contar en sus manos con un aparato capaz de hacer naufragar un intento de intervención directa. Sabemos que un poder obrero no ya al otro lado del mundo, sino al otro lado de la frontera puede suscitar el apoyo de la población obrera de los países vecinos, así como del apoyo de las grandes masas de población migrante.

Pero la fuerza decisiva recaería en el mismo éxito o fracaso en la construccióndel socialismo-comunismo. Mientras el burgués solo puede pagar y pagar, por materiales de guerra, por investigación, por un ejército mercenario, etc., para su defensa, los obreros en el poder pueden cooperar directamente entre ellos sin reparar en la Ley del valor de la producción mercantil. Una economía socialista permitirá rápidamente aprovechar las fuerzas productivas contenidas y ya latentes. Un poder obrero en México, si se ve en la necesidad de ir a la guerra con el imperialismo puede contar con desarrollar a un grado que no permite el capitalismo la mecanización, automatización y robotización más plena de su industria, tanto pacífica como bélica, puede recurrir a la combinación de los productos de la industria pesada y ligera, su opción de armamentos no estaría constreñida por el interés de dedicar cantidades colosales de dinero para rescatar monopolios, sino que buscaría las formas más eficientes de oponer sus avances tecnológicos al instrumental de guerra imperialista.

El triunfo de la economía socialista-comunista en México significaría al mismo tiempo ganar la capacidad de hundir al centro imperialista que se le oponga, y servir como escudo protector para la lucha de los obreros y los pueblos de nuestra América por alcanzar su destino socialista.

A la memoria de los camaradas Raymundo Velázquez, Samuel y Miguel.

FuentesConsultadas

Foreign Affairs Latinoamérica

Federation of American Scientist – Military Analysis Network

Navy Times

Marine Corps Times

Army Times

Army Magazine

Air Force Times

Defense-Aerospace

Defense Daily Network

War Times Journal

Stratfor Global Intelligence

New York Times

Washington Post

Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI)

Centro de Estudios y Documentación sobre Militarización (Cedomi / Mopassol)

Centro de Estudios Políticos para las Relaciones Internacionales y el Desarrollo (CEPRID)
Comité Independencia y Soberanía para América Latina (CISPAL)

V.I. Lenin, “En Terreno Práctico”

“La Posición del C.C. del POSDR (Bolchevique) en el problema de la paz por separado y anexionista

“II Congreso de los soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de toda Rusia”

“El Programa militar de la revolución proletaria”

“Obras militares escogidas”

“El Marxismo y la insurrección” Carta al CC del POSDR

V. Tsvetkov, V. Zajárov, E. Ribkin, Ya. Dziuba, S. Kolin y M. Zhuravkov, Acerca de la herencia teórico-militar de V.I. Lenin

F. Engels, Anti Dühring

G.W.F Hegel, Fenomenología del espíritu

VoNguyenGiap, Guerra del pueblo, ejército del pueblo

Karl Von Clausewitz, De la Guerra

Tesis del IV Congreso del PCM

FARC-EP Comisión Internacional, Esbozo Histórico

Tesis del XIX Congreso del KKE

Sitio Web de la Drug Enforcement Agency – Foreign Office Locations

Sitio Web del United States Southern Command – Partnership for the Americas

Sitio Web de la USNAVSO/FOURTHFLT

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