Se respira dignidad

Maggie Contreras, militante de la FJC
08.Dic.14 :: Noticias nacionales

200 Se respira dignidad en el campamento de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación del estado de Guerrero (CETEG), las ocho regiones del estado se encuentran en un plantón indefinido en el zócalo de Chilpancingo, Guerrero en el sur del país.



También se encuentran tomados los palacios del Tribunal Superior de Justicia, el municipal y otras instalaciones tanto del gobierno municipal como del gobierno estatal, pues Chilpancingo es la capital del estado.

Nosotros nos encontramos en el campamento de la montaña baja, ahí los profesores y profesoras nos han brindado un espacio para nuestra casa de campaña y un lugar en la mesa, donde comparten con nosotros.

Desde muy temprano comienzan las actividades en el campamento, los preparativos para el desayuno, los profesores, hombres y mujeres por igual, participan en todas las tareas. Antes de las ocho de la mañana ya está desayunada la primera tanda de comensales, y así son dos o tres tandas. Después de la limpieza del campamento, comienza a respirarse cierta agitación, comisiones van, comisiones vienen y poco a poco se va dejando sentir ese aire de lucha que comienza a tomar forma en tareas concretas. Ayer hubo una acción aquí en Chilpancingo y había que estar preparados para cuando dieran la instrucción de salir.

Siguen los preparativos, los profesores comienzan a dar las indicaciones a sus regiones, de ahí a sus secciones. Será una acción confrontativa pero nadie sabe dónde, y los que saben no lo dicen, el factor sorpresa es fundamental para el éxito de esta acción.

Cerca de las once de la mañana dan la orden de salir, cada quien como pueda: caminando, en vehículos del campamento, en vehículos particulares o en peceras pagando cada quien su respectivo pasaje.

Se llegó a las cercanías del Congreso del estado, haciendo creer que ahí sería la actividad, pero de ahí nos movimos a las oficinas del PRI estatal, en donde inmediatamente comenzó la acción: Incendiar el edificio del PRI. En el aire se respira el coraje de los profesores, de alumnos, y en general de todos los participantes; mientras un grupo avanza a las instalaciones, el resto de la gente, las maestras sobre todo, gritan consignas en las calles de los alrededores, mientras una valla de hombres impedía el paso a la prensa oficial que en las primeras planas de sus periódicos de hoy, como era de esperarse han sacado títulos como “Vandalizan el edificio del PRI”, sin entender que la rabia acumulada por nuestro pueblo ha desbordado ya el estado de derecho.

Y cuando todo transcurría sin mayores incidentes, apareció un escuadrón de granaderos, unos cien granaderos que comenzaron a avanzar sobre el contingente, el cual comenzó inmediatamente a replegarse, primero desorganizadamente, luego de varios minutos de confrontación, maestros y pueblo en general reaccionan y comienzan a organizarse para pasar a la ofensiva.

De nada sirvieron las bombas lacrimógenas que sobre los manifestantes lanzaron, más que para hacer presente el apoyo popular que de manera espontánea se expresó desde las casas y pequeños negocios, de donde salieron mujeres y hasta niños con cubetas de agua para que los afectados del gas se laven los ojos antes de que se les irriten.

Después de varios enfrentamientos, los profesores y demás manifestantes lograron echar hacia atrás a los granaderos hasta hacerlos retroceder, sobre todo después de que se logró retener a uno de ellos, mismo que sería entregado a los funcionarios de la comisión de DDHH del estado, con una previa exhibición y reconvención publica en el campamento de la CETEG.

Al final de la acción, ya de regreso, se formó una marcha de unos dos mil maestros y organizaciones políticas y sociales, entre las que figuraban el FIR, el PCM, y la FJC. Se gritan consignas y se avanza con la confianza de haber logrado la acción.

De las casas muestran su apoyo, y unos niños de una escuela particular gritan al paso de los manifestantes: “¡Mañana vamos a marchar!”