En Cana: Santa Marta

Óscar de Pablo
26.Nov.14 :: Columnas

200 No. No es gris. Lo que por convención poética
llamamos gris
es apenas un beige de claridad uniforme, un
parduzco estival de tiempo acumulado
cuyo lento proceso de podrirse
duerme ininterrumpidamente por el flujo del aire. Por este cielo beige
no vuelan pájaros, Sobre las alambradas, por
encima
del pasto o el cemento, todas las superficies son
de polvo.



Palimpsesto de huellas, quedan sólo
retazos de significado: basura de palabras
judiciales; meses; años quietos ahí, como
sedimentados en discursos inmóviles; unas
catorce hectáreas en un momento estático;
jirones de guitarras-marioneta
lánguidamente rotas, desgarradas por décadas
de uñas. Quedan sólo las sílabas partidas, la
mecánica ciega de las estaciones, de las cartas
de amor descompñuestas en polvo
beige y dudosamente enamorado. Todos, todos
los tonos concebibles del beige
son siempre exactamente el mismo tono: el
imborrable no-color de la arena
de este reloj enorme. desde las muchas cosas
interiores, va decantándose el exacto matiz
de lo artificialmente detenido. Y beiges son los
rostros y las rejas. Y beiges las paredes. Y
beige la pobre ropa que los presos se tejen
con esa dignidad pepenadora
y las sobras del tiempo. Nadie escapa
a la lenta ceniza del beige en su espesura: ni el
principesco cábula con su corte de monstruos,
compulsivo brazo del nahual, ése a quien
nada humano le es ajeno. Incluso el barrio
pobre que rodea
la inmensa barda como una mala madre, el
blanco siempre abierto de los ojos, las
armaduras negras de los simios, la sangre
ocasional
y hasta el azul sin nubes de finales de marzo
son aquí de ese límpido, de ese transparente
color beige. ¿Qué ha de decir apenas un turista?
Despuès de dos, de seis, de nueve años, dudo
que sea posible hallar ese color
quieto en algún resquicio mínimo del mundo, sin
caer en ubn shock de pupilas quebradas, en un
derramamiento
de agujas turbias bajo los lagrimales. Así que no,
de ninguna manera. Lo que por convención
poética llamamos gris
es más bien ese beige, único e imposible, que
escurre en la boca de un Cronos detenido
en este solo y largo instante fotográfico
de comerse en nosotros, en todos, a sus vástagos.

Óscar de Pablo
“Sobre la luz”
(poesía militante)
2014