El Comunista

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Ayotzinapa: tareas ante la coyontura

Guillermo Villalobos, miembro del CC del PCM :: 15.11.14

200 La agresión y posterior desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa Guerrero, de manera impredecible desencadeno una serie de movilizaciones a nivel nacional e internacional. Por más que se aferraran a ocultar el contubernio del sistema con el crimen organizado, salió a la luz lo que ya era un secreto a voces y el cobijo del Estado hacia los autores intelectuales y materiales desato la furia del pueblo y a regañadientes tuvieron que rodar cabezas.

El acontecimiento no hubiera tenido la connotación política que adquirió y habría corrido la suerte de sumarse a la serie de embestidasy ejecuciones extrajudiciales del narco-estado a lo largo del país, de no ser porque se trató de jóvenes organizados a nivel estudiantil en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) y que le valió que la nota fuera rápidamente coberturada en las redes sociales.

La rapidez con que un pueblo se ha organizado, emprendido paros, tomado casetas, quemado edificios públicos y salido a las calles de forma incluso exaltada, culpando al Estado de los crímenes y acusándolo de complicidad con la delincuencia organizada, nos habla de un hartazgo de las masas oprimidas ante un gobierno fincado en la mentira yel fraude, en el maniqueísmo de los poderes de la unión y los medios de comunicación, en un sistema parlamentario ajeno a los beneficios las mayorías, basado en la corrupción y en alianzas políticas asentadas en la podredumbre y a favor de los intereses de la burguesía y los monopolios.

Es cierto que hasta ahora la amplia movilización popular ha sido más política y no ha logrado traspasar las formas de lucha comunes, sin perturbar en gran cosa los intereses económicos de los grandes oligarcas que dominan al país, que hacen falta huelgas y participaciónde la clase obrera y de los sectores productivos de la sociedad. Pero tambiénes cierto que se anticipan nuevos estadíos de la lucha de clases y cada vez se avanza con mayor ímpetu hacia nuevas formas organizativas y de lucha, con gran participación proletaria y popular.

Atrás quedan los días en que las movilizaciones eran controladas por agentes de la burguesía dentro del movimiento, estos se han hecho a un lado por si solos; es cosa del pasado cuando las marchas se reducíana simples congregaciones y pasarela de acarreados, donde auto-proclamados dirigentes del llamado movimiento organizado, como órganos de contención que muchas veces frenan el avance de las masas para que no maltraten la infraestructura de la ciudad, se convertían en guardianes de las instalaciones urbanas, sus bienes y servicios; que valga señalar, es diseñada para servir a los intereses y beneficios burgueses. Para los nuevos actores de la movilización, estos solo representan símbolos de la opresión capitalista.

Los protagonistas actuales son en su gran mayoría población joven y principalmente estudiantes, que encarnan el odio de clase hacia quienes les han negado el disfrute de la naturaleza, las riquezas naturales, recreación sana, con un trabajo y condiciones de vida cada vez más deplorables, que no conocen el significado de la palabra justicia. Son hijos y nietos dejornaleros, obreros y trabajadores, emanados de la clase de los sectores productivos de la sociedad de este país, que vieron a su estirpe joder su vida y su salud para que sus descendientes sobrevivieran, mientras advertían el enriquecimiento de unos cuantos.

Esta sangre joven no es la vanguardia histórica de la sociedad, son solo sectores aliados, transitorios y muchas veces titubeantes, pero que cumplen un papel en la actual convulsión social. Sus progenitores en la producción, intentan detenerlos en un afán de laseguridad personal, aunque en el fondo reconocen que les asiste la razón. Ellos educados en una moral basada en el egoísmo e individualismo, en el respeto al derecho ajeno y la paz, se debaten internamente y solo les queda por el momento,mantenerse expectantes al desarrollo de los acontecimientos.

Unen sus voces en una santa alianza, el clero, el ejecutivo, el sector empresarial, los partidos electoreros y losmedios de comunicación para que cese la violencia. La violencia de los de abajo, de los oprimidos y explotados, porque el sistema cuenta con un ejército y policías bien armados, con tanquetas y cárceles, con grupos de choque, porros, guardias blancas y sicarios para ejercer la violencia institucional y extrajudicial; para mantener un orden y una paz social que les garantice la sobrevivencia de un régimen basado en la explotación.

A los sectores avanzados de la sociedad, agrupados en sus organizaciones verdaderamente progresistas y revolucionarias no nos da miedo la irrupción violenta de las masas, al contrario reconocemos a esta, como la verdadera partera de la historia y es nuestro deber impulsarla y desarrollarla. El único temor que debemos tener es el de la atomización y desarticulación de las luchas que conlleven a la derrota; por ello la negación del actual orden social es la afirmación de un nuevo orden, donde las masas toman sus decisiones en asamblea, por mayoría y forman sus comisiones eligiendo democráticamente a sus dirigentes, imponiendo al colectivo sobre la individualidad.

Por ello, el deber de los revolucionarios no consiste en frenar el avance espontaneo del movimiento, en andar como francotirador señalando sus errores, sino en construir los hilos conductores que auxilien en su desarrollarlo, con las consignas y programa más apropiados para lograr objetivos claros, logrando que el movimiento de masas se mantenga en ascenso y aglutine a otros sectores estratégicos del pueblo trabajador y logre una victoria.

Porque los últimos años han sido de derrotas y necesitamos una victoria, cualquiera, así sea la más ridícula, que vigorice la moral proletaria de las masas trabajadoras en el sentido de la fuerza en la unión, en la organización y que nadie hará por la clase trabajadora lo que a ella misma corresponde hacer.


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