Sobre la masacre de Tlatlaya. La responsabilidad es del Estado.

Buró Político del Partido Comunista de México

Nuevamente el Ejercito Mexicano comete un crimen al masacrar a 22 civiles en Tlatlaya, en el estado de México. Ésta ejecución sin juicio tiene precedente en las masacres en las que se ha visto involucrado el Ejército y parece la reactivación de su modus operandis en la Guerra Sucia.

No nos corresponde juzgar si los masacrados pertenecían o no al llamado crimen organizado, sino evidenciar la violación a las normas jurídicas de la que Ejército y demás cuerpos represores dicen ser garantes. Aquí los derechos humanos son pisoteados y canceladas las garantías individuales que la Constitución reconoce a los ciudadanos, pues sin acusación, juicio, desahogo de pruebas, y demás parafernalia jurídica a la que llaman “estado de derecho”, y del que tanto se pavonean, han realizado una ejecución extrajudicial. Se trata de la confirmación de un peligroso camino que incluye la paramilitarización, la mescolanza de Estado y crimen para asesinar a luchadores sociales (siete militantes del PCM asesinados en ese esquema).



Nosotros no confiamos en la justicia burguesa, pero consideramos un deber denunciar este crimen de Estado, que intentó ocultarse por más de tres meses, y del que ahora pretenden deslindarse cargando la responsabilidad a la tropa, cuando hay una cadena de mando, que incluye a la comandancia del batallón, a la comandancia de la Zona Militar, al General Salvador Cienfuegos Zepeda, titular de la SEDENA y al propio Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas Enrique Peña Nieto. ¡Ellos son los responsables! En cualquier otro país la noticia provocaría la dimisión del titular de la SEDENA, pero aquí la impunidad es la regla.

Permanecer pasivos frente a este crimen significa tolerar el día de mañana el fusilamiento masivo de luchadores clasistas y populares.

No debemos dejar de lado que el Ejército Mexicano se ha visto involucrado en la protección de capos del narcotráfico. Y no debemos olvidar que los crímenes del Ejército en Chihuahua en los 60, en Tlatelolco 1968, en la Sierra de Guerrero y la Guerra Sucia en todo el país, siguen impunes. Tenemos presentes las torturas, violaciones y distintas vejaciones a los derechos humanos.

Se confirma al Ejército como una banda institucional de criminales uniformados, y seguramente por ello Peña Nieto los ha propuesto para acompañar a los criminales de guerra que en las misiones imperialistas de la ONU asesinan a los pueblos.

La burguesía ha creado para su servicio un ejército a su imagen y semejanza, sin honor y de carácter antipopular, cuyas órdenes son garantizar la explotación y los intereses de los monopolios

¡Ni perdón, ni olvido, castigo a los asesinos!

¡Proletarios de todos los países, uníos!