Gendarmería Nacional ¿seguridad para quién?

Julio Cota, miembro del Buró Político del PCM
28.Ago.14 :: Noticias nacionales

La Gendarmería Nacional es un cuerpo policiaco y militar que tiene el principal objetivo de salvaguardar los intereses empresariales, vigilar los ciclos productivos del capital, proteger los sectores estratégicos y mantener la vigilancia de puertos y aeropuertos: un instrumento más del Estado burgués que velará por la continuidad del orden de explotación en México. Esto es lo que no dicen los analistas en seguridad nacional, quienes se limitan a señalar la problemática de la “seguridad” y combate al “crimen organizado” entre modelos policiacos y políticas públicas, por ello debemos preguntarnos… ¿Seguridad para quién?

La implementación de la Gendarmería Nacional es la continuidad de aprobación de las reformas estructurales y del Plan Mérida. La nueva disposición de este cuerpo policiaco militar sólo puede entenderse un contexto de explosividad de los sectores populares ante las medidas bárbaras de los monopolios contra los trabajadores. El nuevo régimen ya no puede seguir gobernando como hasta ahora, por eso va desechando la mascarada democrática y cada vez con mayor descaro debela su verdadero rostro de dictadura de clase.



Quién crea que la Gendarmería Nacional protegerá sus intereses e integridad, déjeme decirle que se equivoca. Y es que lamentablemente en este país los policías y militares están al servicio de la burguesía. Lenin lo definió sencillamente: “el Estado es una máquina de dominación de una clase sobre otra”. Por lo tanto definir la situación actual en nuestro país como un Estado fallido, no sólo es impreciso sino además es rendirle pleitesía al oportunismo, porque pedir ilusamente que el Estado mexicano salvaguarde la integridad de sus “ciudadanos” es no comprender el carácter de clase del mismo Estado.

Cabe señalar, que quienes integran este nuevo cuerpo represivo fueron capacitados por “expertos” de cuerpos de elite de países como Colombia, Brasil, Francia, Italia y España. No está de más recordar que la Gendarmeria Nacional fue implementada durante las dictaduras militares de estos países, lo cual trajo consigo desapariciones forzadas, torturas y graves violaciones a los derechos humanos contra luchadores sociales, militantes comunistas y población en general, la cual hoy en día sigue padeciendo estas dolorosas experiencias.

Ante la perdida de legitimidad de los cuerpos policíacos municipales, estatales y federales, así como del Ejército durante el inicio de la guerra de Felipe Calderón, la Gendarmería Nacional es un intento más de legitimar al Estado burgués como único instrumento del monopolio “legal” de la violencia. La fortaleza del nuevo régimen es su apoyo militar y económico de los monopolios; sin embargo esta fortaleza puede ser su debilidad si el proletariado consciente gana como aliadas de su proyecto revolucionario a las capas medias y populares para aislar al régimen burgués.

Por otro lado, no está definido aún el marco jurídico con el que actuará la Gendarmería Nacional, ni tampoco cuánto le costará al pueblo mexicano el manteniendo de cinco mil elementos policiacos más. Pero es lo de menos porque en este país basta con pactar desde las culpas de los partidos electorales sin llegar a discutir en la junta administrativa del Congreso para gestionar la crisis. Con ello la burguesía se cohesiona y deja de lado sus diferencias para salvaguardar sus intereses, abriendo cada vez más un antagonismo beligerante contra el proletariado, las capas populares y campesinos pobres.

El Pacto por México es el claro ejemplo de que en el gobierno Enrique Peña Nieto no es casualidad el que la burguesía ha venido reforzando los cuerpos represivos mediante la creación de grupos paramilitares y policías rurales, la implementación de grupos tácticos de choque en manifestaciones, así como la actualización y adquisición de equipos de intercepción de comunicaciones electrónicas al servicio de inteligencia.

Sin embargo, las pequeñas pero significativas victorias del bando popular en los recientes hechos represivos en San Bartolo Ameyalco en el Distrito Federal y San Bernardino en Chalchihuapan, Puebla, son pruebas fehacientes de que no sólo es posible derrotar a los cuerpos represivos, sino algo más relevante: que en las actuales condiciones políticas y económicas, se ha venido desarrollando una natural reacción, una espontánea voluntad de lucha.

Por tanto no es momento de intimidarnos ante las imposiciones y medidas represivas que cierran cada vez más las puertas de las libertades democráticas burguesas; por el contrario, es momento de implementar las medias de autodefensa de masas mediante la planificación y la seguridad en el movimiento popular. Es momento de que los elementos más organizados retomen, sistematicen e intercambien experiencias acerca de todas los formas de lucha que de manera innovadora y creativa el pueblo ha venido desarrollando para su defensa ante el embate de las fuerzas represivas.

La voluntad de lucha es la que los cuerpos represivos quieren minar, pero es precisamente esta voluntad la que debemos preservar para generar un salto de conciencia que sólo puede generar una teoría y una práctica revolucionarias, convirtiendo la apatía e inconformidad en fuerza organizada. Sólo así, el obrero, el campesino pobre y las capas populares podremos avanzar en un ruta verdaderamente liberadora, donde la voluntad de la mayoría de los trabajadores imponga con la fuerza y la razón un nuevo poder, un nuevo gobierno y un nuevo Estado obrero y popular, que garantice verdaderamente la seguridad social y el bienestar integral de todos los trabajadores.