El debate sobre la miseria ideológica o la miseria del debate ideológico

Federico Piña Arce

Según las estadísticas que elaboran los principales centros económicos del imperialismo mundial, los signos más agudos de la crisis económica que afectó, en meses pasados, gravemente el nivel de vida de los asalariados de diversos países del centro de Europa, parecen apaciguarse. Las variables macroeconómicas, referidas a las cuentas nacionales, el PIB, los presupuestos nacionales y otros grandes agregados económicos, presentan cifras positivas en España, Portugal, Italia, Francia.

Los flujos de capitales, sobre todo los que se invierten en las bolsas de valores, también comienzan a experimentar mayores dinamismos. Aunque la productividad del trabajo se mantiene baja, lo que impide la producción de plusvalía relativa, por lo que la nueva fase de acumulación de capital sigue gravitando sobre la base de la plusvalía absoluta, con el consecuente estancamiento de los niveles de empleo y producción que se mantienen sin crecimiento real, a pesar de que las estadísticas de la economía afirmen datos de 1 o 1.5% del PIB.



Aun así, la burguesía monopólica imperialista lanza consignas de triunfo, hablando ya de “expansión”, “desarrollo”, “progreso económico”, “combate a la pobreza”, “consolidación de la democracia”, “cambios estructurales”, “modernidad”, etc. Es decir, la jauja de unos cuántos, de un puñado de oligarcas, de un número insignificante de familias, porque, sin embargo, la situación de penuria, el desempleo, la carestía, la pobreza para millones de asalariados y trabajadores del mundo no ha cambiado, por el contrario tiende a empeorar, a pesar del avance de la “modernidad”, de la “democracia” y todas las grandilocuencias que cantan los intelectuales orgánicos de la burguesía.

La dominación ideológica dominante refuerza sus controles, expande su poder y lo profundiza. La enajenación es un hecho fundamental que corroe las entrañas de las sociedades.Ladeshumanización, faceta terrible de la “democracia” y la “modernidad” se expresa en el desempleo, la pobreza, la miseria, por desgracia no sólo económica, sino moral y ética de los seres humanos. La ausencia de principios, de valores, el individualismo, el rompimiento de los lazos de solidaridad, de espíritu comunitario, todo generado, construido y fomentado por la ideología burguesa, es lo característico de los tiempos actuales.

En la esfera real, ninguna fuerza, grupo y organización lucha o se opone a la expansión y profundización de esta dominación ideológica. Sin embargo, hay quienes dicen hacerlo. Digamos que existen tres niveles o grupos de este último segmento. Quienes dicen combatirla pero ayudan a su reproducción, colaborando con el poder burgués. Quienes dicen combatirla, pero están enfrascados en pugnas y debates internos interminables, viven de la división en aras de la “pureza ideológica”, y al final también ayudan a la reproducción de la dominación ideológica. Por último, quienes dicen combatirla,pero se niegan a debatir y sólo aportan vituperios, diatribas y dogmas, con lo que objetivamente también contribuyen de manera decisiva a la reproducción del sistema capitalista a través de sus instrumentos de dominación ideológica.

Por lo que se refiere a México estos tres niveles o grupos están perfectamente perfilados. Se expresan cotidianamente, actúan, se mueven, se reúnen, se manifiestan en modos y lugares que en ocasiones convergen, pero en realidad divergen constante y permanentemente. Sin embargo, existe un rasgo que los identifica, o cuando menos todos se tratan de identificar y acercarse a ese sinónimo: los integrantes de ellos se dicen de izquierda, algunos incluso socialistas o comunistas.

Decirse de izquierda se ha convertido en una moda política. Hubo un momento que incluso políticos francamente conservadores, de derecha e incluso represores, cuando gobernaron,se “pasaron” a la izquierda, bueno, la institucional, la bien portada, la moderna pues, para “lavar” su imagen y reciclarse en la política y seguir detentando el poder político, social y económico que siempre han ostentado.

El desarrollo de este “entrismo” y reciclaje de políticos del sistema a las filas de la “izquierda”, ha generado una desviación, en realidad una perversión de las banderas, las consignas, los objetivos, la cultura,toda,de la izquierda revolucionaria mexicana. La estrategia diseñada para destruir las bases elementales de la organización revolucionaria, fraguada desde los sótanos del sistema de dominación vigente en la lucha contra las organizaciones armadas en los años 70´s, culminó con la construcción de un partido político que, bajo la condición de no revolucionar, no organizar a la clase obrera ni a los sectores populares, reagrupó, por un lado, a los políticos del sistema que mantenían una pugna interburguesa y resistían en defensa de sus intereses y ya no tenían cupo en el acuerdo clasista derivado de la revolución mexicana, y por otro, con los sectores que desde las organizaciones de izquierda abandonaron el marxismo, la defensa de los intereses de clase y por ende la lucha por la revolución y el socialismo.

Hoy la “izquierda institucional” camina hacia la convergencia de las viejas posiciones del nacionalismo revolucionario, abandonadas por los propios priistas, pero con agravantes, ya que navega con un atraso político profundo, sin ideología, sin compromisos de clase, a la cola del furgón de la burguesía monopólica, ayudando a reproducir el sistema capitalista, fomentando el interés personal de sus dirigentes y miembros con el afán de obtener cargos, puestos y poder con los privilegios y recursos económicos que ello conlleva.

Es evidente que a esta izquierda no le interesa debatir, ni desarrollar ideas, ni mucho menos luchar en contra de la dominación ideológica dominante. Por el contrario, en su interior la mayoría de sus miembros reproducen al infinito, las formas y los métodos más retrógradas de la cultura priista, es decir de la cultura política de la burguesía. Ahí, no hay nada que hacer, como opción revolucionaria, de organización de clase y de lucha por el socialismo. Es decir, como agrupación de izquierda no existe, podrá converger con el movimiento popular, pero sólo en momentos en que esté en peligro el sistema y lo hará para “mejorarlo”, es decir, salvarlo.

El segundo grupo o nivel, en apariencia ha crecido. En los medios electrónicos, internet, en las llamadas “redes sociales”, etc., han proliferado, en los últimos años, un sinnúmero de grupos, organizaciones, frentes, etc., que se dicen de izquierda, socialistas y/o comunistas. La primera impresión que uno recibe al hacer un recuento, en los medios mencionados, o al leer los documentos de mesas, frentes y eventos, del número de organizaciones es de alegría, de esperanza, de ánimo. Existe un gran número de mexicanos, mujeres y hombres, dispuestos a luchar para crear una organización revolucionaria, bueno, no está uno sólo. Sin embargo, en la realidad el panorama no es tan halagüeño. Al conocer más de cerca a algunos de esta infinidad de grupos, la sonrisa y el ánimo desaparece. El crecimiento sólo es aparente.

La proliferación es ficticia. La división de un grupo da, casi por generación espontánea, el surgimiento de varios. En su mayoría sólo representan a quien firma o a lo sumo a los dos tres que se dividieron, salieron o fueron expulsados (¿?¡!) del grupo original, cuya originalidad consistía en que venía a su vez, de la división, separación o expulsión de otro grupo, que venía a su vez………y así hasta el infinito.La división, separación o en su caso más extremo, expulsión, en los grupos, organizaciones e incluso partidos de la izquierda militante socialista y comunista, se da por razones de tipo ideológico, que devienen, casi siempre, sólo en privilegiar la pureza de los dogmas, la pureza de la lectura, de la palabra, de ser más o menos marxista, leninista, o incluso estalinista, y que convergen, también casi siempre, en desencuentros personales, individuales, no colectivos.

Y es esta individualización, la personalización de las diferencias lo que contribuye a reproducir la ideología dominante. La “cultura” del estoy, voy, me reúno, participo siempre y cuando se lea mi documento, mis posiciones, yo dirija, o mi grupo encabece, etc., permea la cerrazón disfrazada de debate ideológico. La mayoría de las veces “se discute” el marxismo sin que siquiera se hayan leído los textos esenciales de Marx y Engels, vamos en ocasiones ni siquiera los de Lenin.

En realidad pocos aportan elementos, ideas, propuestas que permitan encontrar los caminos de un debate profundo, serio, de los referentes, de los métodos, en fin de las tesis fundamentales de los pensadores que permiten entender con claridad las bases de dominación ideológica vigente, para enfrentarlos y derrotarlos, no como una aspiración personal, individual, sino mediante la construcción de direcciones colectivas de una organización clasista y revolucionaria.

El último nivel o grupo se desprende del segundo, pero tiene sus propios mecanismos, sus propias motivaciones, diría, perdonen el abuso, hasta su propia cultura. Esta esfera la forman mujeres y hombres que se “asomaron” a las organizaciones, a los pequeños grupos socialistas o comunistas y al carecer de una formación política de izquierda, se alejaron de ellos. Otros, llegaron vieron el nivel del “debate” y también se alejaron. Ahora, a nivel individual, forman grupos de opinión, membretes, “círculos” de estudio, pequeñas organizaciones, dedicados a firmar llamamientos, a organizar mesas, a supuesta articular grandes alianzas de “izquierda” (ah, porque también se llaman de izquierda, ¡faltaba más!) para luchar contra el sistema.

Sin embargo, lo que permea a los miembros de estegrupo es una pasión antipartido y antiorganización muy alta. Para la mayoría de sus miembros el movimiento lo es todo. La anarquía, la desorganización, el individualismo, la cerrazón, esta vez, no ideológica, sino simple y obtusa cerrazón, impiden avanzar propuestas, planteamientos, alianzas.

En los dos últimos niveles, sobre todo en el tercero, permea, por encima del debate ideológico, el vituperio, la acusación, la calumnia, la descalificación, el epíteto. La cultura del individualismo, fomentada por la ideología dominante, permea a la izquierda no institucional. Las concesiones a las prácticas pequeñoburguesas son la realidad en ellas. Los liderazgos, el personalismo de las opiniones, la censura, todo construido sólo por espasmos de inferioridad, envidia hacia otros a quienes se ve con mayores capacidades, no son formas proletarias de construir el partido obrero revolucionario.

No se construyen direcciones colectivas, sino grupitos de “poder” (poder pírrico) en torno a una personalidad. Y la burguesía feliz, fomentando a través de sus aparatos de dominación ideológica, la reproducción de las prácticas individualistas. “No aceptamos la unidad porque no estará dirigida por X, Y o Z compañero, o sólo la aceptamos sí tal o cual persona o grupo la encabeza”. ¿Qué tiene que ver esto con el marxismo?, ¿Qué con la construcción de una organización revolucionaria?

Mientras esta izquierda se debate en la miseria ideológica, simulando un mísero debate ideológico, la oligarquía monopólica impone sus ritmos, sus reglas, afianza su dominación. La reducción del Estado, impuesta por el neoliberalismo y con él, la desaparición de los sistemas de seguridad social, educación, seguridad laboral, y toda la red social que el Estado benefactor construyó como una necesidad del desarrollo y la expansión del capitalismo mexicano, es un triunfo inobjetable del sector dirigente de la oligarquía monopólica, que tiene en el modelo neoliberal su principal cara.

La miseria, la pobreza, el hambre sigue siendo la constante para millones de mexicanos. Los golpes a la clase trabajadora siguen mermando sus condiciones de vida. Recientemente, a propuesta del gabinete de Peña Nieto (La Secretaría del Trabajo), la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, acaba de aceptar, por encima de la propia Ley Federal del Trabajo, una nueva reforma de la reforma laboral, que libera a los patrones de obligaciones laborales quitándoles la forma de patrón solidario. Es decir, las empresas podrán construir sus propios outsorcing, contratar en condiciones leoninas a los trabajadores y luego correrlos cuando les convenga, sin que las propias empresas tengan ninguna obligación ni responsabilidad.

¿Qué hace la izquierda socialista y comunista para revertir esta realidad del capitalismo salvaje? Estamos ante una miseria ideológica profunda. La simulación ideológica, la miseria del debate ideológico, la negación a buscar los referentes para avanzar en temas, en caminos que nos permitan la unidad de acción, sólo ayuda a la reproducción del sistema de dominación vigente, no a su extinción.