Figuras y figurillas

Julio Cota

•El silencio de los inocentes
•El pueblo organizado
•Pocitos de impunidad

Como si fuera una película de terror, la llamada lucha contra la delincuencia organizada ha superado el contenido sangriento de cualquier largometraje del género gore (imágenes de violencia gráfica). Su personaje principal, Felipe Calderón Hinojosa, quien en sus últimas declaraciones desde el Vaticano, dijo no sentir culpa por los casi 40 mil muertos durante su régimen, proyecta la personalidad de un psicópata que sólo puede ser comprendida, como una figurilla más de la barbarie capitalista.



Por su parte, el escritor y poeta Javier Sicilia quien en su legítima exigencia de justicia ante el asesinato de su hijo Juan Francisco, no ha recibido ninguna respuesta favorable por parte de las autoridades. Sin embargo, la denominada Marcha por la Paz, con Justicia y Dignidad, que partió en silencio el pasado 5 de mayo de Cuernavaca, Morelos, rumbo al zócalo de la Ciudad de México, refleja la resurrección de un espectro político llamado “sociedad civil”, la pequeña burguesía ilustrada en la dirección del reclamo popular.

“Estamos hasta la madre”, “No más sangre”, “Replantear la estrategia contra el narco”, son algunos de los planteamientos ambiguos de los convocantes, planteamientos que cada fuerza política ha interpretado a su conveniencia. Para la burguesía y su Estado, continuidad de la militarización, mando único en la policía, reforma de leyes para legitimar la represión. Para los partidos burgueses, posicionamiento electoral. Para los intelectuales de “izquierda”, teorización a cerca de “nuevos sujetos de cambio” como los jóvenes emergentes, para estos últimos, concursos de performance.

Paralelamente y con un método totalmente distinto, los pobladores de la comunidad purépecha de Cherán en Michoacán, cansados de asesinatos y extorciones por parte del crimen organizado –sicarios y gobierno- han decidido enfrentarlos mediante la autodefensa armada. Los conflictos por la tenencia de la tierra que aquejan a esta región desde hace años por tala montes protegidos por el crimen y autoridades de gobierno, han devastado más de 20 mil hectáreas de bosque. Por ello, la solidaridad para esta comunidad, más que una necesidad, es un deber.

En tanto, en la región norte de nuestro país en Sabinas, Coahuila, pasaron los días y salieron los cuerpos sin vida de mineros que trabajaban en los llamados pocitos. Ahora resulta que todo mundo había denunciado las deplorables condiciones laborales en que trabajan los mineros. Ahora resulta que existe la memoria para los 65 mineros de Pasta de Conchos. Mientras tanto, las figurillas: Humberto Moreira, Germán Larrea, Javier Lozano, Juan Torres López, Melchor González Vélez, con su infamia, con su descaro, siguen en la impunidad.

Así pues, no queda más que seguir con nuestro trabajo, que no es pequeño ni tampoco fácil. Dejar que las figurillas hablen, pero no perdonarles nada. En cambio, recuperar los nombres de los rostros de carbón hasta hoy anónimos, pero que en un futuro serán las figuras de un mundo mejor, llamado: comunismo.