Colombia: ¡Ahí vienen las FARC!

Alberto Buitre, tomado de Oficio Rojo

Todo lo que en Colombia sea movilización popular, acto de protesta, manifestación critica de ideas o defensa de derechos humanos, es tela para el escarnio de la prensa y políticos de la burguesía que enseguida salen a rasgarse las vestiduras y gritar echando espuma por la boca: ¡Son las FARC!

El país recibió ayer la edición del periódico El Espectador, un pasquín nacional como los hay de sobra, asociado a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), legitimada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), zánganos del poder público.

Y nada.

Este periódico dedicó su portada a atacar la Cumbre Nacional Agraria y Popular, que se celebra en Bogotá y que agrupa a más de 30 mil campesinos y afrodescendientes, movimientos sociales y políticos colombianos en torno a una agenda de política de oposición y autogestión económica.



Atacar la Cumbre cuando, vamos, el asunto es muy claro.

Nadie nunca de quienes participan en ella ha salido con titubeos a desmentir lo que realmente se quiere. Una Colombia soberana, independiente y libre de explotación capitalista.

Pero lo dicho. Apenas arrancó la Cumbre y la inteligencia (¿dije inteligencia?) del Estado colombiano salió a repicar ¡Son las FARC!, ¡Ahí vienen las FARC!.

Y utilizó para sus fines a El Espectador donde, en una editorial pésimamente argumentada, acusa que esta Cumbre forma parte de “Los planes de las FARC”. Y lo mismo el Paro Nacional Agrario y las protestas de campesinos del Catatumbo del 2013, de las cuales resultaron tres agraristas asesinados por parte de las fuerzas estatales y al menos diez heridos graves.

… “Los planes de las FARC”…

¿En serio? ¿Sólo para eso les alcanza? ¿Para estigmatizar mediocremente?

Aparentemente sí.

Senda acusación que usa como fuente: “… documentación que los altos mandos de las Fuerzas Militares utilizaron para exponerle al presidente sus preocupaciones”

Y así se van casi 230 años de historia de periodismo colombiano.

Pero el asunto no es menor.

Colombia se dirime entre la consecución de una paz definitiva mediante una Mesa de Diálogo sostenida en La Habana entre la guerrlla y el Gobierno nacional, o la continuación de una guerra que ha superado los 50 años de existencia, con más de 200 mil víctimas, la mayoría civiles víctimas del paramilitarismo, y casi 10 mil presos políticos.

Sin embargo, no todos quieren la paz.

Existe un grupo muy específico liderado por el ex presidente Alvaro Uribe Velez, el cual está determinado a hacer fracasar la Mesa de Paz y extender la guerra con el fin de ampliar su poder político y económico.

Un grupo asociado a intereses elevados del imperialismo capitalista que no quiere una América autodeterminada, social. soberana.

Que no quiere o no logra entender que esa América ya camina.

Y para evitarlo, se vale del sistema electoral y de buena parte de la prensa que persigue su linea, hace terrorismo mediático y cobra por ello fuertes cantidades de dinero.

La consigna: Meter todo activismo social a un saco con la etiqueta “FARC”, y lanzársela al pueblo para meterle miedo. Decir que si la guerrilla hace política sin armas, incendiarán al país, se comerán a los bebés y experimentarán genéticamente con las mascotas.

Así de básicos. Bueno, casi.

Sin embargo, esa película ya se la saben las y los colombianos.

Desde hace 20 días, un par de campesinos desplazados por el militarismo mantienen una huelga de hambre a las puertas de la alcaldía de Cartagena. Protestas porque el Gobierno no les ha brindado auxilio humanitario. Y el caso se sabe. Se sabe porque la realidad está ahi, en la calle, sin que mil páginas de periódicos la puedan ocultar.

Hay un pueblo harto, pero que aún debe vencer la apatía y el miedo que por veces ha funcionado. Por eso en las elecciones legislativas de este 9 de mayo, el abstencionismo llegó hasta el 70 por ciento.

Y no es para menos. Violencia, amenazas, corrupción política y paramilitares por todos lados…

Y sin embargo, la Cumbre va. Y este lunes toma las calles de Bogotá para reclamar un país con paz y justicia social. Donde todos y todas puedan hacer política pacíficamente y se respeten los derechos humanos, políticos y económicos de campesinos, afrodescendientes, criollos, activistas. Donde nadie sea ni enemigo y sean señalados los culpables, los verdaderos culpables del terror.

Fuerza a la Cumbre Agraria, Étnica y Popular.