Algunos apuntes sobre El ¿Que Hacer?

Martha Aguilar

I.

1903 fue un año muy importante para el movimiento comunista. En este año se suscitaron eventos que derivaron en victorias cuyo término fue la Revolución de Octubre de 1917. En 1903 se celebró el II Congreso del Partido Obrero Social-demócrata de Rusia (POSDR) y es a partir de él que se puede considerar el surgimiento del bolchevismo. Baste recordar que fuertes discusiones antecedieron al congreso y que el término “Bolchevique” se utilizó para designar a esa mayoría, que tenía a Lenin a la cabeza. Otra cuestión importante es que “los principios aceptados en el II Congreso del POSDR constituyen las primeras bases del leninismo”.

Fue en las vísperas de ese congreso que Lenin redacta el ¿Qué hacer? (1902), como una necesidad objetiva de combatir las posiciones erradas que venían adoptándose dentro de la social-democracia rusa y que surgían en el marco del crecimiento del partido y en la antesala de la Revolución democrático-burguesa de 1905, que llevó a la caída del zar y al fin del absolutismo. Al ver esto como un proceso, los aportes del ¿Qué hacer? se vuelven imprescindibles para entender las características de la organización (el Partido) que llevó a la clase obrera al poder y construyó la primera experiencia socialista de la Historia. Lo anterior se debe a que el ¿Qué hacer? brinda los principios organizativos –estratégicos y tácticos- del partido, toda vez que suministró las bases teóricas para el trabajo partidario; demostrando así que sin un programa que dote de la táctica y la estrategia efectivas para luchar por la revolución, el movimiento obrero tenderá al espontaneismo, es decir, a una lucha producto de las condiciones materiales de vida de los obreros, pero desorganizada y sin dirección.



Sumado a lo anterior, la crisis que se vivía a fines del siglo XIX dentro de la II Internacional estaba caracterizada por las tendencias reformistas y oportunistas que eran (y son) un lastre para el movimiento obrero revolucionario; claro que estas posiciones surgen en el seno del movimiento como una expresión más de la lucha de clases. Aunque en ocasiones estas posturas se visten de “novedad”, son tan viejas como la misma lucha entre burgueses y proletarios, en tanto que comparten la base material de que surgen y por lo cual continúan apareciendo, con “nuevos rostros” o “nuevos colores”, pero bajo las mismas consignas:

- El colaboracionismo de clase
- La atenuación de los antagonismos sociales
- La negación de la revolución social (o la búsqueda de “vías al socialismo”
- La negación de la necesidad de la dictadura del proletariado
- El fomento de ideas y elementos burgueses en el movimiento obrero
- Contra el dogmatismo (que es la forma más vulgar que adopta el revisionismo)

Tal era el marco en el que se desarrollaba el movimiento obrero y revolucionario en Rusia a principios del siglo XX, panorama que vimos recrudecerse a partir de la contrarrevolución en la URRSS y la restauración capitalista. Dichas posiciones fueron combatidas por Lenin y los bolcheviques, así como ahora nos hemos planteado la tarea de combatirlas. El ¿Qué hacer? traza elementos estratégicos fundamentales para ello. Con base en lo anterior, a continuación desarrollaré algunos de los puntos trazados en el programa de estudio de la LJC, en relación a dicho texto.

II.

La lucha de clases, decía Marx, es unas veces velada y otras franca y abierta. En ese sentido, en la medida en que esa lucha se va haciendo cada vez más franca y abierta, el carácter irreconciliable de los intereses de cada clase se hace más evidente, aunque no se reconozca. De allí que la tendencia de los obreros sea la lucha por las reivindicaciones económicas inmediatas, la lucha economicista. Esto lo caracteriza Lenin como “elemento espontáneo”, “germen de la lucha de clases”, “embrión de la consciencia de los fines”. Ya en la Instrucción sobre diversos problemas a los delegados del consejo provisional (1), Marx expone el surgimiento de las tradeunions como una forma instintiva de lucha de la clase obrera: “Originalmente, las tradeunions nacieron de los intentos espontáneos que hacían los obreros para suprimir o, al menos, debilitar esta competencia (la competencia entre los obreros), a fin de conseguir unos términos del contrato que les liberasen de la situación de simples esclavos. El objetivo de las tradeunions se limitaba, por eso, a las necesidades cotidianas, a los intentos de detener la incesante ofensiva del capital, en una palabra, a cuestiones de salarios y de duración del tiempo de trabajo”.

Para Lenin esto no representa un problema, en tanto que “La historia de los países demuestra que la clase obrera por sus propias fuerzas, está en condiciones de suscitar pura y exclusivamente una consciencia tradeunionista, esto es, la convicción de la necesidad de agruparse en asociaciones, librar una lucha contra el patrono, exigir del gobierno tal o cual ley necesaria a los trabajadores, etc.” El problema que se plantea es que la social-democracia rusa “En vez de incitar a ir adelante, a fortificar las organizaciones revolucionarias y a ampliar la actividad política, empezóse a dar marcha atrás, a reducirse exclusivamente a la lucha tradeunionista”. Esto quiere decir que en vez de elevar la lucha obrera más allá de las reivindicaciones inmediatas, el POSDR se estaba dejando arrastrar por el movimiento espontáneo, situándose a la cola de él. Lo anterior era un reflejo de que “el despertar del antagonismo entre obreros y patronos” se enfrentaba con una “deficiente preparación de la mayoría de los revolucionarios”. De ello deriva que “a los obreros” todavía les faltaba –y debía aún faltarles- el reconocimiento de la irreconciliable contradicción de sus intereses con todo el régimen político y social existente (…) esto sólo era posible transmitirlo desde afuera”.

Hasta este punto se llega a otra cuestión medular: ¿Cómo aparece, pues, la conciencia en el movimiento obrero, que como producto de la lucha de clases se ve envuelto en una vorágine de espontaneismo, que puede –si se encausa- derivar en la lucha contra la explotación y no sólo por mejoras laborales? En el ¿Qué hacer? Lenin refiere una cita de Kautsky, para explicar este punto: “La consciencia socialista es algo introducido desde afuera, en la lucha de clases del proletariado, no algo congénitamente surgido de ella”, de lo que se concluye que la consciencia de clase no es algo inherente ni al obrero, ni a la clase, ni al movimiento obrero. Es precisamente allí donde está la labor del partido, la labor de los comunistas: ante el “elemento espontáneo” responder con el “elemento consciente”, pasar de la lucha en un plano meramente económico a la lucha política en contra de los patronos, por el poder obrero. Esto no quiere decir que la lucha económica no haya de librarse, sino que habrá de ser una táctica y no la estrategia.

La lucha tradeunionista es una forma de cretinismo político que, si se aisla, entra en contradicción con la labor del partido que es la de hacer crecer las demandas obreras no en el plano de las mejoras laborales, sino en el plano de la lucha de clases, no en la particularidad sino en la generalidad, hacia el derrocamiento de la burguesía y su Estado, hacia el poder obrero y el estado proletario.

El movimiento espontáneo, empero, es una manifestación de la lucha de clases que se caracteriza por sus demandas inmediatas y cortoplacistas, así como por carecer del “elemento consciente”, esto no hace sino fortalecer las influencias de la burguesía al no atacar las causas que generan las diversas expresiones de los antagonismos de clase. Por tanto, el movimiento que surge de manera espontánea entre las masas obreras, frena su desarrollo a razón de que al menguar el papel del “elemento consciente” hay un fortalecimiento de la ideología burguesa, lo cual plantea como tarea “sustraer al movimiento obrero del esfuerzo espontáneo del tradeunionismo por cobijarse bajo las alas de la burguesía, y ganarlo para la social-democracia revolucionaria”.

¿Cómo cumplir esa tarea? Para hacerlo es necesario, plantea Lenin, trabajar en la formación. La preparación de cada elemento partidario es indispensable para poder librar esas batallas allí donde se requiera a favor de nuestra clase y su partido. No basta entonces con la combatividad en el sentido “practicista” o hasta “animoso” de la palabra. Es necesaria la preparación teórica para poder darle dirección a ese combate teniendo en cuenta que la teoría nace de la práctica y es por ello que, a su vez, la teoría es el faro de la práctica. Sin ese faro puede uno perderse fácilmente en ese mar de posiciones que buscan detener el avance del movimiento obrero.

De esa forma, guiando la práctica con la teoría y nutriendo la teoría con la práctica, es que se puede lograr un trabajo ordenado, sistemático, continuado y coherente, que supere las formas rudimentarias de trabajo, formando cuadros capaces de emplear la táctica y la estrategia adecuadas al momento que se vive, desarrollando el estilo bolchevique de trabajo.

1) De los 9 puntos enviados por Marx al I Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores (Ginebra, 1866) sólo se aprobaron 6. El punto de las Tradeunions no fue uno de ellos. Este punto expone brevemente a las Tradeunions “su pasado, su presente y su porvenir”. Aquí referimos específicamente al punto del “pasado” en el que se expone el origen de las tradeunions. En cuanto a lo que fue el “porvenir” de las Tradeunions, Lenin lo explica claramente a lo largo de todo el ¿Qué hacer?.