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Después de las Autodefensas


Alberto Buitre, tomado de Los Ángeles Press :: 21.01.14

La guerra en Michoacán no es de buenos contra malos. Es el origen de un sistema descompuesto basado en la corrupción económica y política. En la exacerbación continua de la miseria. Todo ello ha dado origen a estos grupos que han nacido para combatir al cartel de Los Caballeros Templarios, cuyo nacimiento se asemeja a otro fenómeno de similares formas, patrocinadores y devastadoras consecuencias para un país casi idéntico a México: Colombia. Y más específicamente, a un personaje protagonista de entonces como lo es del presente mexicano, el general colombiano Óscar Naranjo Trujillo, jefe de la policía nacional con Álvaro Uribe Vélez, y hoy asesor en seguridad del presidente Enrique Peña Nieto.

Las Autodefensas Unidas de Colombia nacieron en los años noventas patrocinados por empresarios decididos a frenar los avances de la guerrilla. Pronto, se aliaron al narcotráfico y desde las cúpulas gubernamentales persiguieron y asesinaron a cientos de campesinos y líderes populares. Como las autodefensas mexicanas, las AUC surgieron para preservar –dijeron-, las instituciones y el llamado Estado de derecho. Su relación con el Palacio de Nariño ha sido denunciada a través de los años por activistas y jefes revolucionarios. Que su causa no es precisamente preservación de la legalidad, sino el combate a las insurrecciones anti sistema.


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