Cómo afectó el triunfo de la contrarrevolución en la Unión Soviética a la juventud

23.Dic.13    Juventud - Opinión
    ()

El próximo 31 de diciembre se cumplirán 22 años desde que la clase obrera internacional sufrió uno de los mayores reveses de su historia: el triunfo de las fuerzas contrarrevolucionarias en la Unión Soviética. Esto no solo supuso un retroceso para los trabajadores/as soviéticos, sino que lo fue también para el resto del proletariado internacional.

Corría el año 1991 cuando en el mes de marzo se celebra un referéndum sobre la pervivencia o no de la URSS dando como resultado más del 90% de votos favorables en algunas repúblicas y alrededor de un 78% de votos a favor del mantenimiento de la URSS en el total del territorio soviético, teniendo en cuenta que los gobiernos de las repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) boicotearon su elección (*).

A pesar de los resultados claramente favorables a la preservación de la URSS, el 8 de diciembre de ese mismo año, en Belovezh, una pequeña localidad bielorrusa, los presidentes Boris Yeltsin, Leonid Kravchuk de Ucrania y Stanislav Shushkévich de Bielorrusia firman un acuerdo por el cual se disuelve la URSS y se establece la llamada Comunidad de Estados Independientes (CEI).


Posteriormente, el día 25 de diciembre, Mijail Gorbachov renuncia a la presidencia de la Unión Soviética. Al día siguiente, el Soviet Supremo de la URSS reconoce la desaparición de ésta y firma su disolución.

A partir de entonces los ataques de la burguesía se han ido recrudeciendo día tras día motivados, entre otras muchas razones, por la falta del contrapeso que suponía la Unión Soviética a las políticas que el enemigo de clase pretendía lanzar sobre la clase obrera.

Para entender por qué los comunistas decimos que el triunfo del capitalismo, momentáneo en términos históricos, en el territorio de la antigua Unión Soviética ha supuesto un retroceso para el resto de la clase obrera, podemos hacer una pequeña comparativa entre la situación de la juventud en dicho estado socialista y en un estado sumido en la crisis estructural del capitalismo como el caso de España.

Así pues observamos cómo siendo el salario mínimo durante los años 80 en la URSS de unos 80 rublos, el coste de los alquileres estaba en torno a los 15 rublos al mes, es decir, suponía un 15 por ciento de dicho salario, lejos del 53 por ciento de media que supone en España. Y eso sin contar con que el salario medio de un trabajador en la Unión Soviética se situaba en torno a los 200 a 400 rublos. También sin contar que los estudiantes solo pagaban 1 rublo al mes de residencia, recibiendo becas de entre 40 y 55 rublos mensuales.

Estas viviendas estaban organizadas en base a minidistritos que contaban con todos los servicios pertinentes para poder cubrir todas las necesidades incluyendo las relativas al ocio de la juventud, muy lejos de la situación a la que el capitalismo somete a la juventud donde numerosos barrios obreros y populares no cuentan con apenas instalaciones culturales o deportivas.

Otro dato que podemos observar es la existencia del pleno empleo en la URSS desde la década de los 30 frente al más de 56 por ciento de paro juvenil con el que cuenta a día de hoy España.

Respecto a la educación, durante los últimos meses hemos visto como se ha intentado eliminar las llamadas becas Erasmus, que se presentaban como la panacea de la movilidad estudiantil, cuando su cuantía da para más bien poco limitando esa movilidad a cada vez menor número de estudiantes. Esto lo podemos confrontar con la experiencia de la Universidad de Amistad de los Pueblos, también conocida como Universidad Patrice Lumumba, llamada así en honor del líder congoleño asesinado por el imperialismo, donde de manera totalmente gratuita y contando con diversas becas, iban a cursar sus estudios millares de estudiantes provenientes de las capas más humildes de distintos países, especialmente de África y de Asia.

Pero la vida de los jóvenes soviéticos no solo consistía en disfrutar de aquellos derechos que el capitalismo nos niega a la juventud en el sistema capitalista, también consistía en la realización de heroicos sacrificios como los que afrontaron los integrantes del Komsomol en la batalla de Stalingrado a los que el teniente general Chuikov que comandaba en aquel momento las tropas del 62 º Ejército dirigió las siguientes palabras:

“Para nuestros descendientes nunca se olvidará la grandeza de espíritu y el corazón fabuloso de los Komsomoles en los muros de Stalingrado, que hizo retroceder y hundió todo el poderío militar de Alemania. Cuando el 62º Ejército flaqueó ante los alemanes, volviéronse a levantar en alto las banderas revolucionarias en Stalingrado, en la mejor calle de la ciudad llamada Komsomolskaya.”

Palabras que a día de hoy deberían resonar en las mentes y corazones de toda la juventud de extracción obrera y popular que, como los Komsomoles en Stalingrado, hará retroceder y hundirá el poderío de su enemigo de clase, volviendo a levantar en alto la bandera revolucionaria, la bandera de la clase obrera, la bandera del socialismo.

Nota:

(*) Repúblicas bálticas donde el 23 de agosto de 1989 se había convocado una cadena humana “contra la ocupación soviética” en un claro intento de manipulación histórica por parte de las fuerzas del nacionalismo burgués que encabezaban el proceso contrarrevolucionario en esos territorios.

No es de extrañar que varias décadas después, tras una fuerte ofensiva ideológica en los términos de situar a la Unión Soviética como unos simples invasores, se celebren homenajes en favor de quienes combatieron dentro de las Waffen SS de la Alemania nazi, mientras se criminaliza por activa y por pasiva a las fuerzas obreras y populares.